columna política

El evangelio político del momento, según Cornejo

El gobierno deja trascender con molestia los reclamos que comienzan a hacérsele para pensar un desarrollo de Mendoza a largo plazo. “No tienen memoria; ya no recuerdan desde donde venimos”, dicen en tono casi indignado ante la demanda. Cornejo, en tanto, se sigue concentrando en las reformas y en el objetivo de normalización total. Ahora va por la Justicia aprovechando la salida del procurador de la Corte.

El de Alfredo Cornejo, es el gobierno de las cirugías. Algunas mayores, como la que viene implementando en el área de las cuentas y la situación fiscal desde el arranque de la gestión, y otras que parecen menores, como una suerte de microcirugías, pero que todas juntas dan la pauta de una intervención profunda en etapas a la administración de Justicia y al funcionamiento del sistema de seguridad. A estas últimas, dadas a conocer en las proyectadas modificaciones a varios artículos del Código Procesal Penal que están dejando trascender desde el mismo gobierno, tienen ocupado al Poder Ejecutivo, y mucho más desde que a comienzos de semana anunciara su renuncia al cargo el procurador general de la Corte, Rodolfo González, el jefe de los fiscales que llevan adelante la investigación de los delitos y de quienes dependen, en gran medida, la marcha y la resolución de las innumerables causas que se amontonan en el Poder Judicial.

La normalización del Estado es el único y verdadero norte y primordial objetivo que obsesiona y mantiene activo al gobierno. Cuando se destaca esta particularidad que viene demostrando la gestión de Cornejo, no son pocos del grupo de funcionarios que lo secunda, que ponen el grito en el cielo molestos por entender que se les exige demás a tan poco tiempo de haber asumido el control de la provincia.

“Ahora parece que nadie tiene memoria y vienen a reclamarnos más acción o bien que conduzcamos todo el esfuerzo y energía de la gestión a impulsar proyectos de crecimiento y desarrollo económico de la provincia, con obra pública, con una lluvia de dólares o por medio de los incentivos para que los que privados pongan en marcha sus proyectos y creen empleos por miles. Estábamos en un desastre y porque regularizamos el pago de los sueldos a los estatales y se encauzaron los pagos a las deudas que se tenían con los proveedores, nos vienen a correr con que tenemos una mirada corta y pequeña de la provincia”, comentó un colaborador clave del gobierno, en tono quejoso y molesto, cuando se le advirtió de las nuevas demandas que empiezan a aparecer de manera incipiente sobre la agenda de los más espinosos temas públicos.

En verdad, Cornejo no se ha movido un centímetro de lo que dijo que intentaría hacer en plena campaña electoral. Su perfil de eficiente y prolijo gerente lo lleva a gastar su tiempo en la búsqueda de aquellos bolsones improductivos y eficientes de los que está plagado el funcionamiento del Estado. Sobre las cuentas, consiguió que uno de sus ministros más activos y cien por ciento alineado con su pensamiento alcanzara en poco tiempo los objetivos que se habían propuesto. En verdad, lo que consiguió Martín Kerchner, con el auxilio de la nación, fue salir de las urgencias más apremiantes y a la vez idear un mecanismo de administración, una suerte de protocolo a seguir sin ningún tipo de desviaciones, que garantice cómo se tienen que usar los fondos públicos, con qué criterios y con qué fin. El control sobre esto es al día. Una costumbre que también tenía el ex gobernador Francisco Pérez, aunque la diferencia con el método actual y el que usaba el antecesor de Cornejo se asemeja a la magnitud de un océano arrancando por la veracidad de los datos se analizan. Unos son reales, los otros ficticios.

Cornejo se ha propuesto dejar en funcionamiento no sólo un nuevo estilo de administración. Sino una nueva administración, un nuevo orden de las cosas en todo sentido. Por eso es que busca y busca esos bolsones de ineficiencia, incluso por fuera del Poder Ejecutivo, y con eso evita también poner a funcionar una mirada más amplia de la provincia que es lo que comienza a reclamársele.

El nuevo objetivo está puesto en el Poder Judicial. El parate en el Judicial por la feria que arranca la semana que viene tendrá, como contrapartida, una actividad frenética en el Ejecutivo concentrado en el armado de un proyecto de ley en el que se incluirán las modificaciones al Código Procesal Penal para agilizar los procesos y las causas. Esa nueva propuesta de Cornejo para inmiscuirse en la administración de la Justicia llegará a la Legislatura en unos quince días, al regreso de las vacaciones. Este tiempo será aprovechado, además, para avanzar en una reforma al funcionamiento de la Procuración General de la Corte, el cuarto poder, el Ministerio Público Fiscal.

Cornejo pretende que el próximo jefe de los fiscales tenga un rol más protagónico y decidido en la lucha contra el delito. Su idea se dirige a crear fiscales especialistas en tipos de delitos y que el jefe, el procurador, esté más presente y arriba de la tarea de estos nuevos funcionarios judiciales. Propondrá ampliar el número de fiscalías especiales, dos para homicidios, una para delitos económicos e informáticos y una para las cuestiones de género de acuerdo con lo que confesó este jueves. Dos ministros, Gianni Venier, el de Seguridad y Dalmiro Garay, el de Gobierno, llevan adelante el encargo del gobernador. En el proyecto de reforma que tiene como foco la tarea de la Procuración, Venier está empeñado en que se creen fiscalías distritales para que su injerencia o campo de acción coincida con el que tienen hoy los jefes de policía departamentales. En el Ejecutivo quieren que ambos funcionarios operen en el terreno juntos para acorralar a la actividad criminal.

De forma paralela a estos objetivos a los que el gobierno les da el carácter de urgente e imprescindibles, caminan otros. Pero esos otros, aquellos que reúnen en sí mismos una planificación del desarrollo futuro de Mendoza, se maceran a fuego lento. En el Ejecutivo intentan callar aquellas voces que aseveran que una visión de Mendoza a largo plazo no está en la agenda del actual gobierno. Pero sí es cierto que es el propio gobierno el que le baja el perfil a las expectativas que se crean una vez ordenado y encaminado el Estado y su administración.

Enrique Vaquié, el ministro de Infraestructura, Economía y Energía, aparece como el funcionario del gabinete a quien le caerá tal misión al promediar la gestión de Cornejo. Pero Vaquié sigue a pie juntillas la estrategia diseñada por Cornejo: esto es no generar expectativas más allá de lo que se pueda ir haciendo con las señales que se largan desde la nación. En Mendoza, al menos durante este período de regularización que encara Cornejo, la premisa será no levantar olas que terminen condicionado la propia marcha del gobierno. Se ha bajado la línea de evitar promesas y de cualquier tipo de un supuesto estado de bonanza a mediano plazo cuyo incumplimiento coloque al gobierno en una situación de la que no se pueda volver.

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