OPINION

Mirando para otro lado

La aparición formal de Argentina en la Alianza del Pacífico, la aprobación del blanqueo disfrazado de reparación histórica y la nueva ley que permite a los extranjeros la tenencia de tierras, son preocupantes muestras de la idea de país que tiene el Gobierno.

Por Marcelo López Álvarez

En la Argentina de hoy conviven dos agendas que marcan la realidad política y mediática. Nadie duda que las dos sean importantes. El problema, que una tapa a la otra y la que tapa deja sin aire ni luz.

Más allá de las discusiones de la agenda judicial mediática y la preocupante situación económica que atraviesa la Argentina, quedó explicíto esta semana cuál es la verdadera idea de gobierno y país del Ejecutivo Nacional. Claro que las movidas políticas que definen esas líneas trascendentales ocupan poco espacio o son presentadas, sin ningún prurito ni reparo, como grandes avances.

La aparición formal de Argentina como observadora de la Alianza del Pacífico, la aprobación del blanqueo disfrazado de reparación histórica a un minoritario grupo de pasivos y la modificación por decreto de una ley del Congreso Nacional que ponía tope a la tenencia de tierras en manos de extranjeros, son grandes y preocupantes muestras de ello.

La llegada de Mauricio Macri a Puerto Varas, revolucionó la prensa chilena y los asistentes a la Cumbre. Su discurso, sus conversaciones, sonaron como una sinfonía exquisita en oídos que deseaban escuchar este tipo de definiciones de algún miembro del Mercosur, desde hace mucho tiempo.

Quienes hoy integran la Alianza del Pacífico fueron de los actores más dolidos junto, con Estados Unidos, en aquellas frías jornadas marplatenses de 2005, cuando la fortaleza política de tres líderes: Lula, Chavez y Kirchner sepultaron la idea del acuerdo de Libre Comercio en la región, incluyendo a Estados Unidos, lo que era el final anunciado de los aparatos productivos e industriales de la Argentina y Brasil y el fin de la propiedad de su reservas petroleras de los venezolanos.

A partir de aquella experiencia, Estados Unidos y los gigantes asiáticos. Pero sobre todo el primero, no cejaron en la idea y partieron el bloque cerrando el acuerdo con los países que tienen salida al Pacífico. Pero la realidad no es que este pacto se concrete porque tienen un puerto mirando a Asia, sino que sus características profundizan su matriz de exclusivos exportadores de commodities, materias primas sin desarrollo industrial, que dependen en su mayoría de manufacturas importadas y mantienen sus economías internas a base de servicios con sociedades muy desiguales.

Algunos números fríos alcanzan para explicar los riesgos del paso que da la Argentina. El intercambio comercial interbloque de los integrantes de la Alianza del Pacífico apenas ronda el 3 % y el 51 % de su comercio lo realizan con Estados Unidos, en todos los casos con beneficio notable de balanza a favor del Imperio. El comercio intra Mercosur trepa al 15% y la cantidad de países con los cuales mantiene intercambio comercial es notablemente superior.

Para tener idea de lo que puede significar un avance de la importación sin control en acuerdos de libre comercio, el desarrollo industrial de los países de la Alianza del Pacífico está entre el 7% y el 9% de su PBI según las fuentes y bases de cálculo. En cambio en los países del Mercosur entre el 19% y el 22% del producto bruto, también según las fuente y matriz de cálculo.

Estos simples números explican el riesgo: el Gobierno Nacional -con su presidente a la cabeza-tiene la misma idea que muchos economistas vernáculos de poco anclaje en la realidad, más cercanos a la categoría de econochantas, que son masificados por los comunicadores de siempre.

En general sostienen que esos países están mejor que la Argentina, aunque sería bueno que alguna vez expliquen en qué parámetros se basan para afirmar tal cosa, pero además y sin ponerse colorados, creen que Argentina puede aplicar las mismas políticas comerciales con el mundo que las que aplican los supuestos ejemplos.

La sola mención de las incidencias industriales en los productos internos de ambos bloques debería desbaratar cualquier idea febril. Entrar en libre comercio con Estados Unidos, Europa o Asia pulverizaría los desarrollos industriales y expulsaría al borde de la pobreza a millones de argentinos y brasileños con la consiguiente destrucción del poder adquisitivo y el mercado interno.

Hay sin embargo una oportunidad, pero - se debe ser sincero- más cercana a la magia que a la realidad, sería que esos países se comprometan a comprar a la Argentina productos elaborados y no las materias primas, utilizando el mismo ejemplo de la semana pasada: zapatos y no cuero de vaca. Soñar no cuesta nada pero la política parte de sueños para chocarse con realidades.

Hoy la realidad es que hay políticas e ideas concretas de gobierno que se disfrazan o se ocultan, como expresó el Presidente ante los empresarios cristianos previo a su viaje a Chile; “Si hubiera dicho lo que iba a hacer, ustedes hubieran votado en masa por mandarme al manicomio”.

La nueva utilización de un decreto para voltear una ley del Congreso de la Nación debería despertar el más enérgico repudio de los legisladores que siguen cuidando sus quintas más que el país. La decisión de un presidente de habilitar que los extranjeros puedan tener el 51% de las sociedades que adquieran tierras en la Argentina es preocupante, sobre todo cuando venimos bregando desde hace años por el cuidado y propiedad de los fabulosos recursos naturales de nuestro país. Pero, si además, el presidente que firma ese decreto descansa en estancias patagónicas paradisíacas y vuela en helicópteros de magnates foráneos, todo hace más ruido aún.

No todo es eterno, el comienzo del segundo semestre se transformó en un boomerang comunicacional para el Gobierno, debió pasar mucho tiempo dando explicaciones de sus torpezas políticas, mientras el Justicialismo pareció esta semana recobrar la iniciativa en la Cámara de Diputados creando por primera vez con firmeza cierta agenda. El retorno de Cristina Fernández de Kirchner a la Capital Federal en el momento que estamos cerrando esta columna vuelve a cambiar el eje político de la semana, mientras el Presidente recorre Europa días antes de celebrar los 200 años de nuestra Independencia.

Todavía queda mucho camino por recorrer para un gobierno que no termina de hacer pie y transita apoyado en muletas peligrosas, la de poderes económicos que no tienen corazón y los medios concentrados que no solo no tienen corazón, sino tampoco piedad.

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