Por Fernando Galante, director y economista Jefe de Chimpay SA*
Por Fernando Galante, director y economista Jefe de Chimpay SA*
Simon Kuznets, Nobel de Economía, hizo conocida entre los economistas una frase que dice que existen cuatro clases de países: los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y Argentina. Esto graficaba por aquel entonces el enigma que despertaba un país que parecía llamado a ocupar un lugar central en el mundo, pero que constantemente parecía chocar contra una pared. La realidad es que Argentina no es un enigma tan grande, y que cuando nos detenemos a analizar las grandes crisis aparece un común denominador entre las causas que las generan: el gasto público.
Podemos viajar en el tiempo, visitar cada una de las grandes crisis argentinas y encontrar que siempre el crecimiento descontrolado del gasto público y el consecuente déficit fiscal han sido el disparador. Lo que cambia es cómo el Gobierno ha financiado ese gasto. Para simplificar, el Estado se puede financiar con impuestos, con deuda o con emisión monetaria. Cuando el Estado alcanza un nivel insostenible los impuestos terminan creciendo tanto que ahogan al sector privado impactando en el empleo y la inversión, cuando se financia con deuda pueden derivar en un default y todo el sufrimiento que ya conocemos, y cuando se financia con emisión termina en un proceso inflacionario que destruye a la economía impactando sobre todo en los que menos tienen.
Sin ir demasiado lejos en nuestra historia, el gobierno de Alfonsín financió su descontrol fiscal con emisión y nos regaló una hiperinflación. Menem lo financió con deuda y derivamos en el famoso default. Pero si seguimos viajando hacia atrás podemos encontrar el fin de la tablita de Martinez de Hoz y muchas más. El problema es que el descalabro fiscal que enfrentamos hoy, y luego de años de irresponsabilidad en el manejo del gasto público, es mucho mayor que en otros momentos de la historia.
Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner recibieron una caja con superávit fiscal, pero el Estado no sólo siguió llevándose todo por delante sino que aceleró su ritmo de crecimiento. Algo común en los gobiernos de corte populista. Así fue como se dilapidó el superávit y se entró en una carrera descontrolada por ver cómo financiar el déficit fiscal. Primero una creciente presión impositiva que nos llevó a seguir conviviendo, al día de hoy, con un entramado impositivo heredado de una Ley de Emergencia Económica. Esta presión tributaria tuvo su punto de quiebre con la famosa 125, el levantamiento del campo y el voto no positivo de Julio Cobos. Pero la necesidad de caja seguía viva, fue así que apareció la figura de un ignoto Amado Boudou con una idea para seguir financiado el descontrolado gasto: estatizar las AFJP. Esto último derivó en la apropiación de una gran caja y en la dilapidación de los fondos que debían ser destinados a pagar jubilaciones.
Luego llegó la gran tentación de todo gobierno: la máquina de imprimir pesos, el Banco Central. Esto derivó en la salida de Martín Redrado por negarse a entregarlo y un crecimiento de la expansión monetaria a niveles de 40% anual para financiar al Estado. Hasta surgió la tentación de ir por la colocación de deuda en el exterior, cuando se arregló a cualquier precio con el Ciadi y el Club de París, pero un juez en Estados Unidos pinchó la ilusión de dar rienda suelta a un nuevo proceso de endeudamiento.
El actual Gobierno destrabó este conflicto y abrió nuevamente las colocaciones en el exterior. A priori es positivo en el aspecto de cambiar el financiamiento monetario por esta colocación de deuda. Es positivo porque ayuda a atacar el problema más urgente que enfrenta hoy la Argentina, la inflación. Pero es positivo, si y sólo si, es sólo una transición para atacar la madre de todos los problemas: el gasto público.
Si la apertura de la posibilidad de colocar deuda termina en un festival de endeudamiento de la Nación y las provincias para seguir financiando déficits presupuestarios insostenibles en el tiempo, ya sabemos cómo terminará. Una vez más se abre una oportunidad para Argentina, y una vez más nos toca decir espero que no la desaprovechemos.
*Chimpay S.A. es Agente Productor del Mercado de Capitales bajo el número de registro 535 de la C.N.V.
