Las señales que vuelven como fantasmas y hacen despertar de un sueño
Analizado desde afuera del microclima en el que suelen estar inmersos los equipos de gobierno, la semana política para la administración de Alfredo Cornejo se cubrió de nubarrones oscuros, tantos como los del tiempo desapacible que se ha ensañado con el territorio provincial desde más de dos semanas.
Fotomontaje
Pudo haber sido una semana redonda y soñada. Feliz. Y hasta quizás, puertas adentro del amplio despacho del gobernador, en el cuarto piso de la Casa de Gobierno único reducto vedado por vidrios y persianas metálicas para los habituales transeúntes que circulan por el palacio de ocho pisos del Barrio Cívico puede que se haya descorchado algún espumante para festejar lo que ha sido el principal logro de la provincia en años, luego de haberse estampado la firma al acuerdo de pago de la deuda que contrajo la nación con Mendoza, por más de veinte años, por aquel descuento del 15 por ciento de la coparticipación que se le retrajo para financiar la Anses.
Pero en verdad, visto y analizado desde afuera del microclima en el que suelen estar inmersos los equipos de gobierno, la semana política para la administración de Alfredo Cornejo se cubrió de nubarrones oscuros, tantos como los del tiempo desapacible que se ha ensañado con el territorio provincial desde más de dos semanas.
El avance del oficialismo sobre la que era la conformación de la Inspección General de Seguridad, achicando el número de sus miembros y dejando en manos del gobierno el control absoluto del accionar de los policías con escasa participación de la oposición; las decenas de muertes de animales casi sin solución de continuidad en el zoológico de la provincia agudizadas durante la última semana sin que estas provocaran una reacción oficial de parte de su conducción para frenar la escalada y la desafortunada broma del subsecretario de Trabajo de la provincia, Alejandro Jofré, quien usó su cuenta personal en Twitter para mofarse y ridiculizar una marcha de antorchas del frente de gremios estatales que protestó por los despidos de personal público, el aumento de los precios de los productos de la canasta básica y para manifestar su descontento por cómo se dio el cierre de las paritarias, han mellado en parte la imagen y la confianza de una administración llamada a corregir el rumbo, el estilo y los desaguisados del pasado reciente.
La modificación de la conformación de la Inspección General de Seguridad (IGS), ha sido cuestionada desde el costado que más ha importado al radicalismo: desde los principios republicanos que ha levantado como bandera y que lo han transformado en su garante, no sólo en el país sino también en Mendoza. La imposición del número legislativo para modificar el número de miembros sin atender alternativas que le dieran a la oposición representación real conforme a los pilares que le dieron vida a ese organismo en la reforma al sistema de seguridad de 1998, causaron tal sorpresa que hasta desde el interior mismo de la coalición gobernante se levantaron voces advirtiendo tal desviación. Una desviación más acorde con las prácticas prepotentes del pasado reciente, que las del nuevo escenario que Cornejo y sus socios políticos aseguraron dar a luz con el recambio de conducción política de la provincia.
El escándalo doloroso en el que se ha transformado la realidad del zoológico mendocino no escapa a la necesidad de realizar algunas observaciones. Está claro y dicho que el peronismo que gobernó la provincia no dio en la tecla para mejorar el paseo y por sobre todo la calidad de vida de los animales que allí se exhiben. Objetó la idea del Ecoparque con la que los ambientalistas lo hostigaron para cambiar las cosas allí y se fue por la puerta de atrás sin encarrilar el desorden imperante, además de vencido por las fuerzas hostiles con las que tuvo que lidiar provenientes de los propios empleados y profesionales que claramente, como está sucediendo hoy, parecen estar más ocupados en llevar adelante movimientos políticos que responden a intereses propios más que de ocuparse en el objeto de su trabajo mismo. Los ambientalistas y ecologistas que nombró Cornejo para llevar adelante su idea integral de orden y control de la administración del Estado, mientras desarrollan el viraje del actual paseo a uno moderno sin animales exóticos y con un fin más útil, padecen, en ese mientras tanto, de la misma enfermedad que contrajeron a quienes criticaban. Que la herencia, que los empleados, que la lluvia y el frío, que el hacinamiento, que los alimentos balanceados, que la falta de transporte, de infraestructura, de acueductos sanitariamente aptos, todas explicaciones que esconden su propia inoperancia para evitar las muertes a mansalva de los ejemplares pésimamente exhibidos allí. Los mismos pedidos de renuncia que quienes hoy conducen el zoológico reclamaban a voz en cuello para aquellos a quienes cuestionaban durante las administraciones anteriores, hoy se les han vuelto en contra. Y el asunto de fondo es que los interesados en que aquello funcione como corresponde, entiéndase como alguna parte de la sociedad, mira atónita y desencantada que lo de ahora, con otras caras, es lo mismo de ayer.
El caso del subsecretario de Trabajo, Alejandro Jofré, que dejó salir sin atenuantes a todo el público su visión de militante político más que de un funcionario profesional al frente de un organismo que arbitra, que media, en las siempre complejas relaciones entre empleado y gobierno, cuando menos, ha provocado perplejidad y hasta vergüenza ajena. Jofré, divertido ante la manifestación de las antorchas de los estatales por las calles de la ciudad, el miércoles por la noche, posteó una foto de aquella escena de la serie Los Simpson en la que se ve al pueblo de Springfield en la calle, en plena protesta, con antorchas, al igual que los estatales locales. Viendo los Simpson , escribió el mediador de las disputas entre gremios y Estado. Ese posteo sacó a relucir que Jofré también posee algunas dotes literarias que despliega en un blog personal. Uno de sus escritos, cuentos cortos, describe un momento de esparcimiento entre él y un tal Roberto que todos han identificado como Roberto Macho, el líder de ATE. Jofré cuenta que se junta a comer con un tal Roberto que se muestra insatisfecho con la carta que le ofrecen en el local de comidas al que acuden. Y que al final termina pasando hambre e indignado por no haberse conformado con una pizza y una gaseosa sin azúcar por considerarlo insuficiente.
Desde ya que a Jofré, como a la conducción del zoológico, los gremios salieron a pedirle la renuncia. Como también suele suceder siempre que no hay respuestas coherentes que justifiquen un accionar de esas características, Jofré se llamó a silencio y desde el Ministerio de Gobierno intentaron bajarle el tono a la chambonada aduciendo de que se trataba de una broma. Extraña la forma de divertirse de algunos de los colaboradores que tiene la administración.
Cornejo, aunque su entorno minimice estos acontecimientos y mire con desdén lo que publican los medios con las repercusiones de semejantes disparates, debe tomar nota de estas cosas. Por la simple razón de que son cuestiones anómalas, desde ya, pero por sobre todo porque fue él mismo el que colocó la vara a una altura que lo expuso de tal manera. Cuando alcanzaba con afirmar, sin estridencias, que este tipo de actitudes, de formas, de estilos intentaría cambiar.