10 de abril de 2026
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Atento Macri, las luces de alarma se han encendido

La minoría con la que cuenta en las cámaras legislativas, obliga al gobierno de Mauricio Macri a desplegar en varios frentes su capacidad de negociación política. Así lo dispuso la misma sociedad que votó como votó en las presidenciales del año pasado, depositando al ingeniero porteño en lo más alto de la Magistratura nacional.

En medio del aturdimiento en el que se encontraba la oposición política a su gobierno, en las primeras semanas de gestión, Macri logró triunfos resonantes arrinconando al kirchnerismo más duro, aislándolo a lo que se creyó en su momento –y aún algunos creen todavía– a una mínima expresión política, ajena a los nuevos tiempos que corren en donde la búsqueda de consenso y de una mirada integradora sobre los problemas de la Argentina parece imponerse por sobre todos los grandes asuntos.

Macri, en aquellas primeras semanas, pareció moverse como pez en el agua sorprendiendo a propios y extraños, incluso a sus socios radicales dentro de Cambiemos que son los más inquietos e interesados en hacerle ver al presidente que la acción política apuntada, como está obligado el gobierno, a buscar acuerdos por su extrema debilidad parlamentaria en la que se encuentra, supone muchas veces retroceder varios pasos, ceder en ciertos y determinados terrenos, para ganar en otros, en especial en aquellos que representan para el nuevo elenco que administra el país escenarios vitales para que prospere su proyecto de reinserción del país en el mundo, de la reactivación de la economía y el crecimiento y desarrollo equitativo de todas sus regiones con las promesas de inversión de las que se hablaron durante la campaña.

Las sorpresas aparecieron cuando se quebró el poderoso FPV entre los sectores más dialoguistas de los más reaccionarios y duros y el oficialismo logró la aprobación de los polémicos DNU firmados al arranque de la gestión y, desde ya, cuando el parlamento aprobó el esquema de negociación para resolver el sempiterno problema con los fondos buitre.

Pero las semanas han transcurrido y con ellas se han multiplicado las consecuencias negativas del ajuste, necesario, pero ajuste al fin que hace mella día a día en las castigadas clases media y media baja del país, mientras los resultados reparadores del esfuerzo colectivo, de esas clases especialmente, demoran y demoran en llegar. Lo que ha causado el crecimiento de un clima frustrante y en algunos casos de profunda desolación y angustia porque, aún creyendo que votó como su conciencia se lo dictaba buscando un cambio de aire y un freno, por sobre todo, al autoritarismo y a la necedad, debe seguir apoyando y creyendo en aquello sin tener nada, absolutamente nada, en la realidad en la que vive, que le permita conseguir el mínimo de oxígeno necesario para seguir alimentando la esperanza.

El peligro más preocupante para Macri y el oficialismo que lo rodea, es la unificación en su contra de la oposición. En el seno del macrismo hay quienes todavía se alinean con la visión del presidente de moverse de acuerdo con lo que le dictan sus instintos. Así no le fue nada mal, suelen acicatear los macristas más macristas a quienes, desde el mismo gobierno, le sugieren tender puentes de negociación con aquellos peronistas que le sean más confiables para apuntalar la gobernabilidad. Pero cuando el instinto parece no alcanzar, o da señales de que no es suficiente, aparecen los desafíos más problemáticos para el jefe de Estado.

Macri, ni mucho menos sus legisladores incluyendo los no macristas de Cambiemos, lograron frenar la unión opositora para ir detrás del proyecto que prohíbe los despidos por seis meses e instaura la doble indemnización, como si esa medida, ya probada algunos años atrás, hubiese dado tantos buenos resultados como para volver a confiar en ella cuando se transita una crisis y un momento de aprietos varios. La muñeca del presidente no pudo con los gobernadores opositores y sus senadores votaron a favor del proyecto dándole la meda sanción de la semana pasada. Ahora, los diputados están a punto de transformarlo en ley si el FPV vota unido, como todo parece que puede suceder, y Macri se verá ante el dilema de vetar la ley o aplicarla, lo que supondrá, en cualquiera de los casos por los que opte un fuerte costo político.

Ni siquiera el sector del peronismo federal, el que conduce Sergio Massa, que supo acompañar a Macri en las primeras semanas, está dispuesto a acompañar al oficialismo para frenar al FPV. Ayer Massa se reunió con el rionegrino Pichetto. El senador del FPV le aclaró que el proyecto en Diputados sale tal como lo votó el Senado. Massa busca impulsar su propio proyecto de defensa del empleo pero con beneficios para las Pymes. Esa iniciativa, si es apoyada, puede que salga como un proyecto de ley aparte del impulsado por el resto del peronismo unido, con lo que Massa de igual manera conseguiría lo que busca, que no es precisamente darle una mano a quien acompaña esporádicamente en el Congreso, como es el caso del presidente y de todo su ejército oficialista en minoría.

Macri, entonces, debe prestarle atención al nuevo escenario que se va gestando y escuchar con más atención a los políticos de su gobierno, a quienes hoy subestima. Al malestar social hay que atenderlo y no dejar que pase el tiempo aguardando lo que, según dice el presidente, llegará como parte del despegue recién en el segundo semestre del año. Porque así como las demoras se siguen agudizando, de la misma manera se acerca, indefectiblemente, el tiempo de las campañas para las elecciones de medio término. Y si pretende que su proyecto llegue fuerte y sano al 2019 y extenderlo más allá de ese tiempo, está obligado a pensar en los que lo votaron y le dieron el respaldo para alcanzar la presidencia en el 2015. Son aquellos sectores no atendidos en los primeros meses de su gestión. Y todas las luces de alarma se le han encendido.


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