10 de abril de 2026
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columna política

Con la prepotencia intacta

La inflación hacía años que venía haciendo estragos en los sectores más vulnerables. El país hacía años que ya no crecía como lo hizo en los primeros años del proceso que encabezó Néstor Kirchner. En las arcas del Estado ya no había más plata para sostener los subsidios.

El “¿Cómo te está yendo?”, con el que la ex presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, arengó a la multitud de militantes que la acompañó en su presentación ante el juez Claudio Bonadío –quien la mantiene imputada por la causa de la venta de dólar a futuro que ordenó en el 2015–, encierra una enorme trampa: la trampa de esconder la génesis del por qué se llegó a la actual situación de aprietos por la que atraviesa la economía argentina y la de cada uno de los argentinos.

Cristina, en su derecho absoluto que le asiste de defenderse de las acusaciones que le ha hecho la Justicia –a la de dólar futuro es probable que la ex presidenta sume tener que responder por otra investigación judicial mucho más compleja y comprometedora para ella y la de toda su familia, como la causa Hotesur–, agitó a una militancia que tiene todavía las heridas abiertas por la derrota electoral ante Mauricio Macri.

Y lo ha hecho –se insiste en su derecho–, casi rozando los límites de la responsabilidad que le asiste como ex jefa de Estado, por lo que representa para muchos argentinos dispuestos a cualquier cosa no sólo por seguirla a pie juntillas en cualquier manifestación sin preguntarse siquiera si los casos de la corrupción K que se ventilan tienen, al menos, algo de veracidad; sino también convencidos de conducir hacia el abismo la institucionalidad del país. Porque defenderse con el apoyo de una parte del pueblo –enardecido y ciego– que no le permite a la Justicia investigar es, cuando menos, un gesto de rebeldía inconsciente y de inocultable e inconfundible levantamiento contra uno de los pilares de la república: su Poder Judicial.

La chicana de fuerte voltaje político de Cristina, “¿Cómo te está yendo?”, alude de manera inequívoca a las épocas del jubileo organizado desde el mismo Estado, donde partiendo desde el populismo más acabado se escondieron maniobras que hoy la Justicia comienza a investigar cuando debió hacerlo mucho antes, cuando los hoy apuntados estaban en el poder. Hoy hay muy pocos políticos argentinos, de todos los signos y colores partidarios, que no admiten que tras el fin del gobierno de Cristina, y para mantener con viabilidad lógica al país, se debían tomar medidas duras y drásticas que impactarían de lleno en toda la población. Hasta quien fuera el candidato del gobierno en el 2015, Daniel Scioli, lo decía en la campaña. Y hoy lo repiten voceros del propio peronismo. Esa realidad se ve con claridad en el principal partido de la oposición con la profunda división que se ha evidenciado entre sus filas parlamentarias.

La inflación hacía años que venía haciendo estragos en los sectores más vulnerables. El país hacía años que ya no crecía como lo hizo en los primeros años del proceso que encabezó Néstor Kirchner. En las arcas del Estado ya no había más plata para sostener los subsidios a los servicios públicos concentrados en los territorios más ricos y con mayores espaldas, como la Ciudad de Buenos Aires. Los recursos para importar energía se acabaron y el déficit fiscal con el que entregó la administración Cristina llegó a los niveles más altos conocidos históricamente.

Cualquier candidato a la presidencia con intenciones de suceder a Cristina y que compitieron por el triunfo a lo largo de todo el 2015 se hubiese encontrando con las bombas de retardo que se fueron sembrando durante el tiempo en que hubo dinero de las reservas para gastar, sin contar siquiera con un plan para mitigar lo que vendría luego teniendo como objeto el menor sufrimiento de los ciudadanos.

Cuando se le dio transparencia a la calamitosa situación del Estado argentino con que se terminó el 2015, a la vista de todos quedó un plan perverso de que lo único que se perseguía era la salvación propia de quienes detentaban el poder, incluyendo esto la salvación patrimonial de sus principales espadas de acuerdo con lo que está bajo investigación judicial, y un sálvese quién pueda general, para todos, excluyendo a la autora de la frase “¿A vos cómo te está yendo?” quien quizás se pensó a sí misma en el estadio previsto para los pocos, escasísimos prohombres de la historia argentina.

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