La política argentina vive un momento de tensión singular. No es común que un presidente en ejercicio y su antecesor estén con sendos pedidos de investigación por supuesto delitos que no tienen la misma carátula pero indudablemente son conexos.
La política argentina entró definitivamente en una zona de turbulencias. La resonante aparición de los #PanamaPapers que dejó en off side al Presidente argentino y su posterior pedido de investigación. La detención del empresario Lázaro Báez y el requerimiento fiscal de investigar a Cristina Fernández de Kirchner terminaron de dar por tierra cualquier intención de cierre de la famosa grieta.
La llamativa frase de Mauricio Macri en Córdoba, apenas horas después de que se conociera la decisión judicial en su contra (poco reflejada por los grandes medios), Si cae uno caemos los dos, dicen los bomberos no pasa desapercibida a esta hora, por más que la haya expresado entremezclada en sus clásicas reflexiones de corto alcance.
Es imposible no pensar en el fenómeno químico de acción y reacción trasvasado a la política después de esta semana intensa. Se podría decir que los fiscales hacen su trabajo, pero no es menos cierto que en la Argentina pensar una Justicia desvinculada de la política, es imposible. No es sano que la Justicia, de muchos años a esta parte, se haya transformado en un actor político de envergadura y la verdad es que los representantes terrenales de la majestuosa señora de los ojos vendados hacen poco por que no sea así.
No se trata de Baez, Macri o Cristina, se trata de los ciudadanos. Cualquiera de nosotros puede por algún motivo, en los laberintos de esta Justicia contaminada, permeable, poco transparente y hasta en algunos casos de escasa capacidad de comprensión. Hoy son políticos y empresarios, pero también pueden ser habitantes de barrios humildes a los que un fiscal como Campagnoli tenía foteados sin autorización ni que ellos supieran. Esas fotos después las usaba el fiscal para mostrárselas a víctimas de delitos tratando de inducirlos a que reconocieran a alguno y así mostrar detenciones y esclarecimiento de delitos.
Es la misma liviandad con la que otros miembros de la Justica se manejan en causas pequeñas o trascendentes, lo mismo da. Por ejemplo llama la atención que en la causa Báez, mientras uno de los imputados- transformado de repente en oráculo de la verdad- todavía no terminaba de declarar bajo secreto de sumario y los zócalos de los canales de televisión y algunos portales ya publicaban frases textuales suyas supuestamente expresadas ante el Juez en una audiencia que todavía no terminaba. Un verdadero hallazgo de anticipación periodística.
Esto nos lleva a otra notable arista de esta Justicia: los expedientes mediáticos. Una especie de expedientes paralelos donde los testigos e imputados declaran exactamente lo que conviene al medio, a la línea editorial o al político denunciante de turno.
Después, cuándo el secreto de sumario se levanta y algún periodista serio accede al expediente resulta que en ningún párrafo de la declaración dice lo que se había adelantado en exclusiva en los medios. Pero ya es tarde, los tiempos de la Justicia no son los de los medios, la noticia pasó y el daño ya fue hecho.
La política y uno de sus aliados circunstanciales pero cada vez más permanentes, los grandes medios de comunicación, también fueron cómplices de esta peligrosa degradación de la administración de Justicia; presiones cruzadas, nombramientos negociados entre los actores y varios etcéteras apuntalaron la decadencia.
Hoy ellos mismos y la ciudadanía en conjunto son los que sufren el mal de un poder que se desvendó los ojos hace tiempo y decidió también sumarse a los beneficios cortoplacistas del entuerto.
Ahora el camino de salida no es fácil y en esa ruta los riesgos son demasiados. La Justicia al servicio de intereses económicos o políticos se puede llevar puesta la República. La catarata de decisiones tomadas en esta semana más fundadas en necesidades políticas o mediáticas que en derecho lejos estuvieron de ser justas y solo han reavivado la movilización y profundizado las diferencias. Jueces presionados por los acontecimientos y las necesidades de negocios mediáticos no parecen ser lo más efectivo.
El próximo hito de esta historia (si no hay una sorpresa más algo que está a la orden del día) será el miércoles cuando llegue el turno de la declaración de la ex presidenta. El rumor adelantado hace una semana en Con Estilo Andina que Eugenio Zaffaroni podría ser el abogado de Cristina Fernández de Kirchner sigue tomando fuerza, aunque existe la posibilidad- reforzada en las últimas horas a partir de los hechos - que sea un equipo de abogados reconocidos con el ex supremo como figura el que se haga cargo de la tarea judicial pero que también tendrá mucho de político y mediático.
La otra arista estará en la calle. Ni el más tenaz anti k emocional niega que la movilización convocada para el miércoles será verdaderamente multitudinaria, hasta se llegó a especular en las últimas horas con un cambio repentino por parte del juez Bonadio de la fecha de la audiencia cosa que hasta ahora no ocurrió pero la posibilidad sigue abierta.
La política argentina vive un momento de tensión singular. No es común que un presidente en ejercicio y su antecesor estén con sendos pedidos de investigación por supuesto delitos que no tienen la misma carátula pero indudablemente son conexos.
El problema es como ya dijimos que los tiempos de la Justicia no son los de la sociedad o los medios y la verdad lamentablemente suele llegar tarde.-