Mendoza sometida a la danza de los buitres, sin alternativas
Cornejo pidió que el Senado apruebe el acuerdo que Macri alcanzó con los acreedores del país. La provincia y los desafíos políticos del gobernador dependen del cierre definitivo de ese frente. Un gobernador que busca con desesperación salir de la asfixiante dependencia de la nación.
Foto: Cristian Lozano
La provincia y la nación bailan al ritmo de la negociación política que se está dando por estas horas en el Parlamento en torno a la aceptación del acuerdo con los fondos buitre o su rechazo liso y llano. Volver al mundo, sobre la base de un doloroso pacto con los acreedores más desalmados que ha tenido el país o cerrarnos al acuerdo, decir que no y prepararse para vivir con lo puesto afrontando un ajuste feroz, con hiperinflación, recesión y cientos de miles de desocupados, públicos y privados, en la calle. Las opciones son claramente dos.
El año, como se preveía no sólo arrancó difícil, sino que se especula que la compleja situación que se padece puede llegar a extenderse a lo largo de todo el 2016, aún si se llega a la aprobación parlamentaria al plan que diseñó el gobierno de Mauricio Macri para cerrar el litigio con los acreedores. Acreedores que ganaron todas y cada una de las instancias judiciales en los tribunales de Nueva York, sometiendo a la nación a aceptar hoy sí o sí estas condiciones que rayan la indignidad nacional cuando en otras épocas, no tan pasadas, durante los años en los que reinaba un nacionalismo mal entendido y autodenominado progresista se estuvo ante la oportunidad de firmar condiciones mucho más beneficiosas que las actuales.
Los días por venir, con el feriado de Semana Santa encima, serán dominados por estas discusiones políticas en el Senado que a buena parte de la sociedad no le suman nada útil más que el recuerdo de la grieta que la partió.
Los gobernadores, como lo hizo el mendocino Alfredo Cornejo, urgidos por necesidades extremas, argumentando a favor de la aprobación del acuerdo, no han hecho otra cosa que inclinarse por un borrón y cuenta nueva de todo lo que se hizo hasta ahora para proponer, aunque no en estos términos, un escenario desde donde se pueda volver a planificar. Un estadio que bien viene a cuento describirlo como fundacional rediseñando un esquema que les permita a las economías regionales levantar cabeza, hacerlas más competitivas luego de incorporar el capital y la tecnología mínima que los mercados a los que no se llega están exigiendo.
En Mendoza, está claro, el gobierno se encuentra con la vista puesta en el Congreso. Todo lo que ha diseñado Cornejo para batallar con la crisis depende en gran medida de lo que allí se resuelva. La colocación del bono internacional de entre 300 y 500 millones de dólares para volver a contar con fondos que le aseguren terminar con las ayudas extraordinarias que le llegan desde la nación está supeditado al acuerdo con los buitre.
Cornejo necesita cerrar ese frente, el de la dependencia extrema que hoy tiene con el gobierno de Macri para comenzar a mover a la provincia bajo sus propias pautas. La independencia económica financiera, en ese sentido, es fundamental para un gobernador que pocos creen tenga como único objetivo encarrilar las cuentas de la provincia, sino que piensa por sobre todo en su proyección política.
Mientras eso sucede, a nivel puramente interno el gobierno se prepara para la batalla final con los gremios por los aumentos salariales. Y en ese sentido, Cornejo ha encontrado apoyo en los empresarios. Un apoyo que se ha plasmado en la justificación de todo lo que ha venido haciendo, pero que encierra además una velada advertencia: la de no sólo controlar el nivel de aumentos que se terminarán aprobando en el ámbito público, sino que una vez superado el momento y especulando con la llegada de los fondos frescos por la colocación de los bonos, ese dinero se vuelque a la infraestructura y al crecimiento y no a los gastos corrientes como ha sucedido en los últimos años.
Los empresarios se lo han dicho con todas las letras en un comunicado que más de veinte cámaras y asociaciones empresariales de primero y segundo grado le reiteraron ayer, ratificando un documento que habían firmado en el 2013 y en el que advertían que el compromiso que asumía el Estado para con sus trabajadores se pagaría con un fuerte y descontrolado endeudamiento a futuro.
Coincidimos con la visión de que ante los empleados públicos, el empleador es el Estado, no el gobierno, por lo cual nos debemos preocupar y ocupar todos los ciudadanos que somos parte del Estado del equilibrio fiscal. Eso nos dará oportunidad de tener una Provincia viable, dijeron ayer el Consejo Empresarios Mendoza, la Federación Económica de Mendoza y la Asociación de Ejecutivos de Mendoza entre otras veinte cámaras.