Durante el período de la pos-convertibilidad o los más de 12 años en los que gobernó el Kirchnerismo en la Argentina, el mapa productivo cambió y se produjo un cambio en el bloque de poder en el ámbito empresarial a nivel país. Pero cuál es el balance. ¿Quiénes son los ganadores y perdedores en este proceso? Y cuáles son las condiciones que hereda el nuevo gobierno.
Un estudio de los economistas Carlos Belloni y Eduardo Fracchia del IAE de la Universidad Austral analiza este período histórico y arroja importantes conclusiones.
En primer lugar, la burguesía industrial se impuso por sobre el resto de las facciones por su capacidad para determinar los lineamientos generales de la política-económica adoptada por el Estado y, de esta manera, lograr que su interés particular se constituya en interés general, alcanzando el mayor nivel de ingresos sobre el resto. A diferencia de su situación durante la convertibilidad, mejoró su escenario a partir del nuevo tipo de cambio y las ventajas comparativas frente a las otras fracciones (no sufrieron retenciones y lograron diferenciales respecto a los precios relativos de los bienes no transables) logrando destacarse del resto principalmente por su rentabilidad, la evolución de sus ventas y las ventas al exterior.
En segundo lugar, el otro grupo ganador fueron las empresas vinculadas al sector agrario debido a su rol exportador y a los beneficios obtenidos por la devaluación. Sin embargo, a diferencia del primer grupo, el sector agropecuario enfrentó limitaciones por parte del Estado manifestadas mediante la política de retenciones y las pujas político-ideológicas que jugaron en su contra. A pesar de ello, tanto la fracción industrial como la agropecuaria mejoraron su situación a partir de la devaluación, la variación de precios relativos a su favor, y el crecimiento de la demanda externa producto de las mejoras en su competitividad.
Por otro lado, la cúpula empresarial perteneciente a los sectores financieros y de servicios, son marcadas como las perdedoras producto de la aplicación de las nuevas políticas-económicas signadas por la devaluación. El sector financiero recuperó su rentabilidad recién en el 2005, a partir del crecimiento económico y la renegociación de la deuda; mientras que su caída empezó en el 2001 y en el 2003 llegó tener una rentabilidad negativa del 30%, producto de la pesificación asimétrica y los efectos de la devaluación.
Los grandes grupos económicos pertenecientes al sector servicios fue un sector que pasó de ser hegemónico durante la convertibilidad a ser uno de los perdedores a partir de las reestructuraciones que se dieron antes y después de la post-convertibilidad. En particular, las empresas privatizadas del sector servicios se vieron desfavorecidas a partir del cambio de los precios relativos respecto de los bienes transables y los no transables. Sus ventas cayeron a la mitad luego de la devaluación -2002-, no pudiendo recuperar su nivel anterior; y tuvieron pérdidas de flujo y de stock.
En cuanto al comportamiento específico de los distintos grupos económicos locales durante la pos-convertibilidad, existió un importante grado de rotación dentro la elite empresarial. En ese sentido se pueden distinguir grupos ganadores y perdedores de acuerdo con la evolución del peso relativo de las ventas en relación al total facturado por la cúpula empresarial. El grupo de los perdedores está integrado por aquellos holdings que salieron del panel de firmas líderes y los que redujeron su participación en los montos globales de facturación.
Con respecto al primer subgrupo de perdedores, catorce grupos económicos dejaron de tener presencia en la elite entre 2001 y 2012. En la mitad de los casos la salida se produjo porque estas organizaciones o sus empresas más importantes fueron vendidas a capitales foráneos, consolidando el proceso de extranjerización. Esto sucedió con los grupos Fortabat, Bemberg, Acevedo, Peñaflor, Rohm y Garovaglio y Zorraquín. En el resto de los casos la salida se debió a la pérdida de posiciones de las firmas de su propiedad en el ámbito doméstico. Este segundo grupo está integrado por los holdings Macri, Cirigliano, Barracas, La Nación, Williner, Backchellián, Agrocomy Gualtieri.
Por otro lado, los grupos que lograron permanecer en la elite empresarial pero perdieron importancia relativa fueron: Pérez Companc, Eurnekián, Sancor, Temis Lostaló y Roemmers. En los casos más relevantes este proceso también estuvo vinculado con la venta de firmas al capital extranjero, aunque las operaciones no implicaron la enajenación total del grupo en cuestión sino sólo una reducción de su tamaño (Pérez Companc constituye el ejemplo más relevante).
En cuanto a los ganadores durante el período kirchnerista, se agrupan a las organizaciones que lograron mantener su participación en las ventas totales, las que la aumentaron y las que lograron ingresar a la cúpula.
El primer subgrupo lo integran tres conglomerados centrales del poder económico de la Argentina (Techint, Clarín y Madanes) que en 2012 explicaron, de conjunto, el 3,5% de la facturación agregada de la cúpula y el 17% de las ventas de los grupos locales que la integran. Cabe señalar que Techint entra en este agrupamiento debido a que las ventas que figuran en los rankings empresarios utilizados para construir la base corresponden sólo a las empresas locales y no al total de las firmas que el holding posee a nivel internacional. Esto es importante porque la expansión del conglomerado en la última década se produjo, en buena medida, más allá de las fronteras nacionales.
El segundo subgrupo de ganadores se trata de doce conglomerados con una base fundamentalmente agroindustrial especializados en la producción de aceites y harinas (Urquía, Vicentín y Navilli), del sector lácteo (Mastellone), el azucarero y rubros derivados (Ledesma) y golosinas y otros alimentos (Arcor). También aparece un actor vinculado a la construcción y los servicios públicos (Roggio), un fabricante de electrodomésticos (BGH), uno que presta servicios de medicina prepaga (Osde), uno centrado en actividades comerciales (Braun), un productor de cueros (Sadesa) y uno especializado en maquinarias y grandes obras de infraestructura (Pescarmona), aunque esta última empresa, de origen mendocino, entró en una profunda crisis debido a incumplimiento de contratos en Brasil y Venezuela y falta de obras en el mercado interno que llevaron a un default y a tener que vender cerca del 40% de sus acciones a sus acreedores (la mayoría bancos) para poder sobrevivir.
El Top10
Por último, los grupos que pasaron a formar parte de la cúpula empresarial entre 2001 y 2012 son los diez principales ganadores de la década. Entre ellos sobresalen los vinculados a la construcción y los servicios públicos (fundamentalmente a la producción y distribución de energía). Los conglomerados ODS (Calcaterra), Caputo, José Cartellone e IRSA son actores destacados en el rubro de la construcción (privada y pública). Por su parte, Pampa Holding, Electroingeniería e Indalo (Cristóbal López) lograron expandirse gracias a la política de argentinización del sector energético que propició el Gobierno nacional y, en los dos últimos casos, a instancias de ciertos nichos de acumulación de privilegio que se concedieron en los últimos años desde el sector público (grandes obras, concesiones, medios de comunicación, juegos de azar).
El grupo Petroquímica Comodoro Rivadavia fue otro de los grupos ganadores cuya actividad principal se vincula tanto al sector construcción como al energético, junto con actividades de logística. Además figuran dos grupos del rubro farmacéutico. El primero, Bagó, es un actor relevante en el sector y ha tenido una presencia intermitente en la cúpula empresarial en las últimas décadas, mientras que el segundo, Insud, ha experimentado un crecimiento importante en la pos-convertibilidad.
En 2012 todos estos conglomerados controlaban 13 compañías dentro de la cúpula, las cuales explicaron, de conjunto, aproximadamente el 4% de la facturación global.
El porcentaje promedio de participación de la elite empresarial en el PIB pasó del 14,3% durante el periodo de 1993-2001 al 21,5% en la etapa 2002-2012.
De acuerdo con la evidencia disponible, algunos de los factores que explican la consolidación del proceso de concentración económica durante el período de la pos-convertibilidad fueron el incremento de la tasa de explotación (relación salario/producto); la acelerada centralización de capitales; la captación de excedentes de manera diferencial por parte de muchas empresas líderes; la integración de muchas compañías de tipo holdings; los beneficios diferenciales que recibieron muchas empresas de la elite vinculados con la promoción de inversiones, regímenes preferenciales, beneficios promocionales y subvenciones estatales; la falta de control estatal en torno al control de fusiones y adquisiciones; la inserción de numerosas firmas líderes en los sectores de actividad más favorecidos por el fin de la convertibilidad; y la importante inserción exportadora de muchas de las grandes compañías.