10 de abril de 2026
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Una ley que fue la chispa de la implosión del PJ

La disputa por la sufrida Ley de Financiamiento que votó la Legislatura provincial durante la semana y que autorizó un endeudamiento del Estado del orden de los 5.800 millones de pesos resultó ser, en buena medida, la chispa que ha encendido un ardoroso debate interno que revoluciona por estas horas al gobierno y al partido del gobierno, el peronismo, movimiento que se prepara para dejar el poder en diciembre próximo, cuando se produzca el traspaso.

La tormenta perfecta puso en evidencia que el estilo, las formas y el resultado por sobre todo de la gestión de gobierno que condujo Francisco Pérez desde el 2011 a esta parte, fueron siempre cuestionadas por las líneas internas en el peronismo. Y hoy, esas líneas, golpeadas y carentes de líderes, han decidido pasarle una cara factura el gobernador aunque éste ya se encuentre como aquellos boxeadores que han recibido una dura paliza y se desploman sobre la lona sin posibilidad de ponerse de pie hasta que suene la campanilla.

Pero es indudable que el partido del gobierno ya no contiene la revolución interna que ha estallado. Aunque algunos de sus dirigentes, como el intendente sanrafaelino Emir Félix ensayó, tras la aprobación del discutido financiamiento para las cuentas oficiales, que el nuevo gobernador Alfredo Cornejo condujo el debate de manera maliciosa, inyectando miedo en la sociedad y presionando con exageraciones la situación real de las finanzas para lograr la mentada ley, otros, como Rubén Miranda, que deja en diciembre el departamento de Las Heras, optaron por apuntar a las malas decisiones que se tomaron desde el Ejecutivo explicando el por qué del desastre, tanto de las cuentas como el político que se ha producido en el partido que gobernó Mendoza durante los últimos 8 años.

Es cierto también, lo que es un grave pero esperado problema más para el PJ, que pocos tienen hoy dentro del movimiento un grado de autoridad inobjetable desde donde repartir cuestionamientos. Pero pocos, también es cierto, han hablado con la contundencia de Miranda. El intendente, y candidato a diputado nacional en primer término por el FPV para las elecciones de octubre, no se ha privado de nada para señalar culpas. Pérez y los “pibes” de La Cámpora, y en menor medida el sector Azul del peronismo que tras la muerte del viejo líder Juan Carlos Mazzón se quedó huérfano y prácticamente sin intérprete han dado cuerpo al menú de los padres de la debacle.

“Cuando apareció Pérez como candidato para convertirse en gobernador, nosotros mirábamos para otro lado sin darnos cuenta”, ha resumido Miranda lo que muchos hoy piensan en el peronismo y pocos dicen. Para el intendente, que viene machucado tras los golpes que recibió en el departamento que condujo durante doce años y que lo perdiera en manos del radicalismo, el gobierno de Pérez se movió como un autista sin atender las advertencias que le fueron apareciendo.

Y, además, que se tomaron decisiones erróneas aún cuando la lógica indicaba que debía irse por otro lado producto de la pésima situación económica de la provincia. Allí se enumeran obras como la construcción de la villa deportiva que ha demandado más de 400 millones de pesos y hasta la remodelación la vieja Mansión Stoppel, ubicada en Emilio Civit al 300 del sector más coqueto de la ciudad de Mendoza.

El peronismo puede que siga en la senda de los últimos días por un tiempo más, con una fuerte implosión interna, pero deberá atender el último examen electoral y en el que muchos tienen puestas sus mayores esperanzas, porque del resultado electoral en Mendoza dependen sus futuros políticos y, por supuesto laborales.

Mientras, la provincia ya comienza a navegar al ritmo de Alfredo Cornejo. La atención comienza a desplazarse hacia los movimientos de quien gobernará la provincia de diciembre con todas las urgencias golpeando ya a su puerta.

El futuro provincial, además, no sólo estará supeditado a todo lo que decida y defina Cornejo de aquí en más, sino también enganchado al resultado electoral de octubre. Con Macri se sabe que el godoycruceño tiene más que aceitada la relación, pero mucho más la tiene con Scioli.

Aunque no lo diga, a Cornejo poco le importa quién se imponga a nivel nacional. Sabe que con cualquiera de los dos sentado en la Rosada deberá pactar nuevas condiciones de Estado a Estado haciendo valer que será, de no mediar algunas sorpresa electoral fuerte, el gobernador radical más importante del país. Claro, de una provincia que navega como siempre se ha dicho entre las más pobres de las ricas y la más ricas de las pobres. Su desafío, más allá de ordenarla financieramente, será volver a ubicar a Mendoza entre los territorios más importantes, sino el que más, del Oeste argentino.

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