La tensión que registra Venezuela por la aguda escasez y el desabastecimiento de alimentos y productos básicos está afectando ya la salud mental de los venezolanos y muchos están angustiados, deprimidos y muy irritables ante la crisis económica que registra el país.
"El venezolano se acuesta y se levanta pensando dónde va a conseguir el alimento, productos y medicinas que necesita para la familia y dependiendo del tipo de familia, si hay niños, adultos o personas enfermas, el stress, la depresión y la frustración es mayor", dijo la psicóloga María del Carmen Álvarez en diálogo con ANSA.
Los venezolanos comenzaron 2015 con grandes filas en los abastos y supermercados a la caza de alimentos y productos de primera necesidad como: leche, harina, azúcar, carne, pollo, desodorante, artículos de limpieza, lavaplatos y pañales que cada vez son más difíciles de conseguir.
Para Álvarez se trata de una situación que genera "no solo incertidumbre y desesperanza por las tantas filas que por varias horas deben hacer sino que además impacta la calidad de vida del venezolano que ha desmejorado en 80%".
"En todo ese tiempo que dedican hacer colas para buscar comida, si es que la consiguen, no pueden compartir con la familia, disfrutar actividades recreativas y eso a la larga va a afectar la vida y la salud del venezolano", expresó.
En este sentido, destacó que "mucha gente ha caído en depresión porque su vida cambió como consecuencia de la crisis que registra el país" "Aquí los ansiolíticos están agotados porque hay una demanda muy grande porque la gente está sufriendo de insomnio, está angustiada, tiene miedo a lo que va a pasar y que las cosas sean peores", indicó. Con una inflación anualizada de 63,6% a noviembre pasado y una contracción de 2,3% en el tercer trimestre de 2014 según el Banco Central, Venezuela enfrenta el desplome de los precios del petróleo, principal fuente que provee 96% de los ingresos en divisas al país.
"Todo esta crisis va a pasar facturar a la salud física del venezolano porque estamos mal alimentados y a la salud mental también, por eso hay que informar a la gente lo que tiene que hacer para que se proteja porque si no corre el riesgo de enfermar ella y su entorno", dijo.
En este orden recomendó "drenar la situación, conversar, tratar de catalizarla con una actitud positiva y buscar espacios que generen bienestar, como hacer ejercicios, reunirse con la familia, con los amigos, visitar los parques, ir a museos, a cines".
"Hay que tratar de alejarse de todo lo que es tóxico y negativo, aunque el venezolano pareciera que se está adaptando a lo que está pasando evidentemente necesita buscar espacios donde no esté en contacto con noticias negativas", agregó la experta.
A su vez, el psicólogo Gilberto Aldana, presidente de la Sociedad Venezolana de Psicología consideró que "la incertidumbre influye en la actitud del venezolano ante el desabastecimiento".
"Hay una percepción de inseguridad a pesar que los voceros del gobierno dicen que hay abastecimiento", dijo Aldana tras destacar que "estamos hablando de necesidades fisiológicas y aquí no hay aspectos políticos".
"En las colas está aumentando los niveles de frustración y la percepción de injusticia que puede ser un caldo de cultivo para generar un fenómeno de violencia que es lo que no queremos", advirtió.
"Esta vida aquí se ha vuelto tan estresante y deprimente que por primera vez me vi obligada, el año pasado, a ir a un psicólogo", confesó Violenta Silva, una publicista de 42 años en conversación con ANSA.
La mujer explicó que, en menos de un año, su vida cambió. "Mi esposo perdió el empleo, mi padre se enfermó y hasta me robaron mi carro", se lamentó.
"Aquí hay que hacer cola para todo, yo vivo con miedo porque no se en que va parar todo esto, es lamentable que un país que lo tiene todo esté pasando esta situación. Da dolor porque aquí ya no se vive se sobrevive como si estuviéramos en guerra", concluyó desolada. Fuente: ANSA