Viernes, tres postmeridiano, reza la primera línea de la nueva novela de Julián Urman, y en ese alarde de exactitud hay toda una declaración de principios programáticos: lo que se va a narrar aquí, parece decirnos, sucedió en un punto fechado de la Buenos Aires contemporánea, en un lugar y un tiempo precisos que el narrador se encargará de reponer. En ese sentido, No te mates en mi verde cultivo es lo que el mexicano Salvador Elizondo quiso hacer en su novela Farabuef : la crónica de un instante. Texto breve, relojito que jamás atrasa ni adelanta, la de Julián Urman es, tal vez, la novela de una escena.
¿Y cuál es esa escena? Contarla sería arruinar un poco la intriga y la emoción de la lectura. Pero va un mínimo resumen para que sepamos de qué estamos hablando. El narrador es un hombre en sus treinta y pico de años, que vive con su mujer en una casa del barrio de Villa Crespo. Todo va bien: ella se va de viaje un par de días, él aprovecha para dedicarse de lleno a un puñado de placeres hedonistas. En el patio interno de la casa está su pequeño tesoro, una plantación privada de marihuana levantada con el amor y la entrega que le dedicamos a los objetos de nuestro culto personal. Todo va bien, entonces, en esa especie de paraíso del tiempo libre en que el narrador había convertido su tarde, cuando escucha un ruido. Minutos después mira por la ventana y en la puerta de su casa está la policía y un grupo de vecinos, que tratan de mirar, entre aterrados y extasiados, hacia el interior de su casa. Lo que pasó, entonces, es lo que va a contar esta novela.
No te mates en mi verde cultivo pivotea entre dos registros; una literatura delirante o de imaginación, por un lado, y un registro netamente testimonial, por el otro. Lo que sucede en realidad es que la historia, aquello que acontece después del ruido que oye el personaje esa tarde apacible, es tan increíble y rompe con tanta fuerza la normalidad y la quietud de la vida que podríamos pensar que estamos frente a la materialización de una imaginación desbocada y encendida. Sin embargo, Urman exhibe sus armas y nos muestra siempre que está jugando con materia vivencial, que algo del orden de lo real riega las arterias de su historia. Los inserts de Manual de cultivo indoor, clases breves de cultivo canábico para interiores que dividen los capítulos, son el golpe de gracia que reviste al libro de su carácter testimonial, porque lo que podríamos leer como un relato salido de una imaginación pura se corta todo el tiempo con estos fragmentos de una suerte de manual, que le aportan al conjunto un cable a tierra. Por lo demás, la prosa de Urman es irrefutable, y acompaña la historia como un padre que lleva a su hijo de la mano.
No te mates en mi verde cultivoes un libro agridulce y finalmente entrañable.