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Para tener en cuenta

La vieja y tentadora costumbre de masticar chicle

Desde tiempos remotos la gente ha disfrutado de la goma de mascar.
Por Sección Sociedad

Desde tiempos remotos la gente ha disfrutado de la goma de mascar. Los antiguos griegos mascaban la resina del lentisco; los aztecas el tzictli, que obtenían del chicozapote y los amerindios de Nueva Inglaterra les enseñaron a los colonizadores a masticar la resina de la picea.

De hecho, los trozos de resina de picea se convirtieron, a principios del siglo XIX, en la primera goma de mascar
comercializada de Estados Unidos.

Más tarde se hizo común masticar parafina endulzada. Apareció en los diccionarios en el año 1899, pero el mascar lleva entre las personas desde tiempos inmemorables.

La palabra chicle proviene de la voz nahuati tzictli en referencia al látex que se obtiene del tronco del árbol de dicho nombre: el zapote.

Al parecer los aztecas consideraban peyorativo el hecho de mascar sonoramente el chicle y a nivel social se asimilaba a un gesto muy utilizado por las prostitutas de entonces.

De hecho, el rechazo social llegó a tal extremo que se recomendaba a las embarazadas no mascar chicle porque el bebé, aún en el vientre de la madre, carecería en un futuro de encías sanas, además que no podría mamar.

A pesar de todo ello, y como bien se sabe, el chicle aguantó no sólo el paso del tiempo, sino también ha conseguido ser un producto que ofrece pingues beneficios.

Es posible que la extensión de su consumo tenga que ver con el uso de la resina de picea, en Norteamérica, por parte de los indios.

Estos la utilizaban para calmar el hambre y pronto, probablemente por esta razón, comenzó a ser mascada por todos los territorios del Norte.

Adams y el chicle comercial Fue en el año 1871, cuando Thomas Adams comenzó a comercializar al precio de un penique, unas pequeñas bolitas de chicle. Había visto al general Antonio López de Santa Ana, exiliado desde México en Sant Island, Nueva York, que tenía la costumbre de mascar la goma del A Sapita.

El invento fue todo un éxito y fue mejorando y se dio cuenta de las posibilidades que tendría el producto si se le añadían edulcorantes y saborizantes y lo importó a Estados Unidos para elaborar goma de mascar.

En tanto, 15 años después fue a la zaga William J. White, quien añadió al chicle el sabor a menta. Adams, por su parte, contraatacó instalando expendedoras de chicles en los andenes del metro neoyorquino, el chicle se llamaba chewing gum.

En realidad el chicle es el jugo lechoso del chicozapote, árbol de hoja perenne llamado árbol del chicle, autóctono de Gran Peten.

Esta región, que abarca el Norte de Guatemala, parte de Belice y de la península de Yucatán, en México, es una selva tropical que en algunos sitios concentra 175 árboles por hectárea.

Durante la temporada de lluvias, los recolectores de chicle, conocidos como chicleros, hacen incisiones en zigzag en el tronco del chicozapote silvestre y dejan que el látex fluya lentamente, hasta una vasija colocada en la parte inferior del tronco.

La sustancia se recoge más tarde, se cuece hasta lograr la consistencia deseada y se moldea en barras pequeñas para su venta.

Cuando el teléfono se convirtiO en el mejor marketing. El chicle sigue utilizándose para confeccionar la goma de
mascar, sobre la que se anuncia como natural, sin embargo, en Estados Unidos, desde 1940 ha sido sustituido por productos sintéticos.

Un tercer competidor entró a tallar: William Wrigley, quien creó dos marcas nuevas: Wrigley’s Spearmint y Wrigley’s Juice Fruit.

Su estrategia pasó en el envío gratuito de un chicle, a través del listado de teléfonos, un millón y medio de personas. Empleó el slogan: "A todo el mundo le agrada que le regalen algo a cambio de nada", rotundo éxito. Años después, repitió la campaña, el listado de teléfonos superaba los siete millones.

Todos a mascar,por qué se define como producto "omnipresente". En el chicle lo que predomina es una base masticable plástica e insoluble en agua, que puede ser natural o sintética, y a la que se añaden azúcares, diversos aditivos que le dan su aspecto definitivo y, en ocasiones, algún otro producto natural.

Aunque hay goma de mascar sin azúcar, esto es que tiene otro tipo de endulzante. La cantidad de azúcar utilizada en los chicles normales es mínima, y su valor alimenticio es nulo.

El chicle se ha convertido en un producto casi omnipresente. Su más de un siglo de historia, no debe hacer olvidar que la humanidad siempre ha tenido la costumbre de masticar cosas diferentes de los alimentos.

En los países tropicales fueron las resinas de los árboles de la jungla o las nueces de cola: En las regiones árticas la grasa de ballena o los cartílagos de la foca y en la región mediterránea, las semillas de algarrobo.

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