El auge del Cabernet Franc marca un quiebre fascinante en la vitivinicultura argentina al consolidarse como la alternativa de alta gama más sofisticada frente al reinado tradicional del Malbec. Con un perfil que combina frescura vibrante, taninos elegantes y una notable expresión herbal, este cepaje conquista copas en la provincia de Mendoza y proyecta un vino con identidad propia.
¿Qué características sensoriales distinguen al Cabernet Franc en la copa?
Para el consumidor habituado a la untuosidad y las notas de frutas negras típicas de otras variedades, el Cabernet Franc propone un camino sensorial completamente distinto. En la nariz, su sello indiscutido es la presencia de pimiento rojo dulce —muchas veces con recuerdos a pimiento asado o calahorra—, acompañado por capas de hierbas silvestres, especias y, en terruños más fríos, sutiles trazos de eucalipto o pimiento verde.
En boca, la experiencia sobresale por su frescura natural y dinamismo:
Acidez marcada y vivacidad: Presenta una tensión ácida superior a la del Malbec, lo que evita cualquier sensación de pesadez en el paladar y aporta fluidez.
Textura mineral y taninos firmes: Sus taninos son finos y envolventes. En los viñedos plantados sobre suelos con carbonato de calcio suele regalar esa clásica sensación de tiza o grafito.
Cuerpo estilizado: A diferencia de la potencia tánica y la musculatura pesada del Cabernet Sauvignon, esta cepa se muestra vertical, filosa y dotada de una gran elegancia lineal.
¿Por qué la provincia de Mendoza lidera el crecimiento de esta variedad?
Si bien históricamente se utilizaba en porcentajes menores dentro de vinos de corte para sumar complejidad aromática, su despegue como varietal puro refleja una evolución técnica formidable. De acuerdo con los relevamientos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), aunque todavía ocupa cerca del 2% de la superficie tinta nacional con algo más de 1.600 hectáreas, figura entre las uvas con mayor tasa porcentual de expansión en la última década.
El Valle de Uco es el epicentro indiscutido de esta revolución. Microterruños de altura como Gualtallary, Paraje Altamira y Vista Flores ofrecen la amplitud térmica y la radiación solar justa para madurar sus pirazinas sin perder acidez. Por fuera del territorio mendocino, la cepa también entrega exponentes memorables con impronta especiada en el Valle de Pedernal en San Juan, madurez envolvente en Cafayate y un nervio salino ultra fresco en los viñedos marítimos de Chapadmalal.
¿Cómo maridar un Cabernet Franc con la gastronomía tradicional?
En la mesa familiar y en los restaurantes de primer nivel, la variedad demostró ser el contrapunto ideal para el ritual del asado. Su filo ácido cumple la función clave de limpiar la grasa de cortes intensos como el ojo de bife, la entraña o las achuras condimentadas, superando la tendencia pesada de tintos más alcohólicos. Asimismo, acompaña con armonía platos de carne de caza, guisos tradicionales y pastas caseras servidas con salsas rojas complejas.
El Cabernet Franc dejó de ser un secreto para conocedores y se consolidó como una de las elecciones más atractivas para descubrir nuevas expresiones de nuestra tierra. Entender sus descriptores y animarse a servirlo a la temperatura correcta transforma cualquier encuentro alrededor de la mesa en una experiencia memorable que enaltece el trabajo de nuestros productores.