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Malbec

Del destierro francés a la gloria eterna: las razones de por qué el Malbec es el emblema de Mendoza

El Malbec es el gran emblema de la provincia de Mendoza. Clima, altitud y suelos únicos transformaron a este vino en una marca registrada global.

Por Analía Martín

El Malbec es el emblema indiscutido de la provincia de Mendoza porque encontró en su clima de montaña y suelos pedregosos el hábitat perfecto para expresar su máxima calidad, superando con creces su desempeño en su Francia natal. Esta adaptación, sumada a su rica historia, convirtió a la provincia en la capital mundial de este afamado vino.

Del sudoeste francés a la cordillera de los Andes

Aunque hoy es la uva insignia de nuestra tierra, el Malbec es originario de la región de Cahors, en el sudoeste de Francia, donde se lo conocía con el nombre de Côt. Su historia en suelo argentino comenzó formalmente el 17 de abril de 1853, una fecha clave impulsada por Domingo Faustino Sarmiento y materializada por el ingeniero agrónomo francés Michel Aimé Pouget, quien trajo las primeras plantas para fundar la Quinta Normal de Agricultura. En conmemoración a este hito, cada año se celebra en todo el planeta el Día Mundial del Malbec.

En su país de origen, el varietal solía ser sumamente sensible a las heladas y a las plagas, lo que limitaba notablemente su desarrollo. Al llegar a Mendoza, la cepa experimentó una transformación única debido al "terroir" de la región. La gran altitud de los viñedos, ubicados entre los 900 y 1.500 metros sobre el nivel del mar, garantiza una alta exposición solar. Esto se complementa con una amplitud térmica que supera los 15 °C entre el día y la noche, permitiendo que la uva madure lentamente, desarrolle una piel más gruesa y acumule colores intensos y aromas concentrados.

¿Cómo evolucionó la cepa y cuáles son sus números actuales?

La geografía mendocina redefinió por completo el carácter de este varietal, convirtiéndolo en un producto refinado y sumamente competitivo:

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La combinación de factores naturales y el incansable trabajo de los enólogos locales transformaron un cultivo modesto en un verdadero símbolo de identidad cultural. El Malbec no es solo una bebida; es la expresión líquida de una geografía indomable y el motor de una industria que lleva con orgullo el nombre de Mendoza a las mesas más exclusivas del mundo.

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