12 de agosto de 2026
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Tarjeta de crédito

Tarjeta de crédito: el uso cayó casi 20% por refinanciaciones y menores límites

Las refinanciaciones, los menores límites y la morosidad desploman el uso de tarjeta de crédito, golpean el consumo y complican a comercios y familias.

Por Marcelo López Álvarez

El mercado de medios de pago en la Argentina atraviesa una fuerte contracción en el uso de la tarjeta de crédito. Durante los últimos treinta días, el stock de préstamos al sector privado canalizado a través de los plásticos cayó de un máximo de 16 billones de pesos a cerca de 13 billones. Esta retracción de 3 billones equivale a una baja cercana al 20%, mientras que la caída de los consumos se ubica en torno al 15%. El desplome encendió las alarmas tanto en las entidades financieras como en los comercios de cercanía.

El fenómeno responde a una doble presión: la proliferación de planes de refinanciación que implican la inhabilitación de la tarjeta y las políticas preventivas de reducción de límites aplicadas a clientes que registran demoras en otras entidades del sistema bancario.

Los pagos con tarjeta cayeron 20 puntos y complica fuertemente el consumo por la falta de financiamiento

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Refinanciar la deuda y perder la tarjeta

La primera explicación de este repliegue se encuentra en la adhesión masiva a los programas de refinanciación de deudas. El Banco Nación ya instrumentó más de 60.000 planes, mientras que el Banco Provincia de Buenos Aires superó los 90.000 casos asistidos.

Para los deudores, las condiciones ofrecidas por estas entidades públicas parecen, a primera vista, muy ventajosas frente a las tasas ordinarias del mercado. La tasa nominal anual de las tarjetas de crédito se ubica en el 85%, pero el Costo Financiero Total real que afronta un usuario al financiar su saldo de manera convencional asciende al 170%. Frente a ese costo, la posibilidad de acceder a planes especiales con una tasa de interés del 30% representa un alivio relativo para el bolsillo.

Esa salida de emergencia tiene una contrapartida: la suspensión inmediata de la tarjeta. La lógica de las entidades financieras es estricta. Una vez iniciado el proceso de refinanciación, el banco interrumpe la posibilidad de continuar prestando dinero por esa vía. “No te puedo seguir prestando si salgo a refinanciarte hasta tanto vos me cumplas”, explican desde el sector. La tarjeta queda inhabilitada y el acceso al crédito se bloquea por completo. Solo cuando el cliente cancela la deuda refinanciada, el banco rehabilita el plástico y devuelve el “oxígeno” financiero a la cuenta.

La tarjeta como recurso de subsistencia

Esta exclusión temporal colocó a una gran cantidad de usuarios ante una encrucijada. Frente a la posibilidad de reestructurar sus pasivos al 30% a cambio de perder el uso de la tarjeta, un amplio sector de consumidores prefiere rechazar el beneficio. La razón es de subsistencia. La tarjeta de crédito dejó de ser un instrumento destinado a la compra de bienes durables y se convirtió en un recurso indispensable para financiar la canasta básica familiar, una fuente de “oxígeno” para afrontar las compras en el supermercado. Sin el plástico activo, muchas familias perderían de inmediato su capacidad para adquirir alimentos de primera necesidad.

Los bancos reducen los límites de compra

A este cuadro se suma una segunda vía de restricción crediticia, de carácter preventivo y defensivo: la reducción selectiva de los límites de compra. Para protegerse ante una eventual suba de la morosidad, los bancos están recortando los límites de crédito de aquellos clientes que presentan algún grado de mora o demora en los pagos con otras entidades. Se trata de un cruce de datos sobre el comportamiento de los deudores que las propias entidades financieras han solicitado formalmente al Banco Central de la República Argentina.

Bajo esta modalidad, cuando un usuario incurre en un atraso en un banco, otra entidad del sistema activa de inmediato un mecanismo preventivo y reduce su capacidad de compra con la tarjeta. La consigna interna de los bancos es tajante: por si acaso, se baja el límite.

El impacto sobre los comercios y las familias

El impacto combinado de ambas medidas se siente con crudeza en los comercios minoristas, donde las operaciones rechazadas por falta de límite o por tarjetas inhabilitadas tras una refinanciación se volvieron una constante.

Entre los deudores que debieron dejar de utilizar su tarjeta para refinanciar la deuda al 30% y los clientes que sufren recortes en sus límites por incumplimientos en otras cuentas, el flujo de dinero plástico se reduce a un ritmo acelerado. Lo que antes funcionaba como un motor del consumo de la clase media opera hoy bajo un severo esquema de control de daños. Los bancos buscan resguardar su liquidez, mientras los usuarios se debaten entre la asfixia del pago mínimo y la pérdida de su principal sostén financiero.

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