21 de agosto de 2026
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RIGI

Super RIGI, universidades, ajuste y el bosque incendiado de la ciencia argentina

El debate sobre el Súper RIGI expuso la tensión entre los incentivos a inversiones foráneas y el futuro de la ciencia, la tecnología y el sector nuclear.

Por Marcelo López Álvarez

La discusión en las comisiones de la Cámara de Diputados sobre el proyecto del Súper RIGI, diseñado para otorgar ventajas fiscales y arancelarias a grandes inversiones en tecnología y data centers, reabrió un debate de fondo sobre el modelo de desarrollo nacional. Detrás de los incentivos para captar capitales extranjeros, sobrevive la tensión política y económica del modelo que propone el Gobierno: la decisión oficial de recortar el presupuesto de la ciencia local y preparar el terreno para la privatización de sectores estratégicos, entre ellos las centrales nucleares.

En este escenario de alta temperatura política, esta semana la Comisión de Economía de Diputados, con la ausencia del oficialismo, que vació la reunión donde se iba a tratar el Súper RIGI y la situación del sector nuclear argentino, se transformó en una potente caja de resonancia de lo que piensan los verdaderos actores del sector energético y científico argentino.

Entre las voces de los expositores se destacó una voz joven eminentemente técnica e independiente de la militancia partidaria. Julieta Romero, ingeniera nuclear graduada en la Universidad Nacional de Cuyo, en el Instituto Balseiro, expuso ante la Comisión una defensa pragmática y libre de consignas sobre la importancia de sostener las universidades públicas y la inversión pública en ciencia y tecnología.

La ciencia como política de Estado

“Yo soy ingeniera nuclear y por ahí no me conocen porque no soy una persona pública en este ámbito, pero mi historia es literalmente el resultado de una política de Estado”, comenzó Romero (vía Zoom), quien se desempeñó durante diez años en Nucleoeléctrica Argentina antes de radicarse en París para trabajar en la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO), donde hoy representa al país.

La profesional detalló cómo el acceso a la universidad pública y el respaldo de una beca de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) le permitieron formarse en una disciplina de altísima especificidad. “El Estado invirtió en mí y esa inversión volvió multiplicada en una profesional formada acá”, sostuvo. El núcleo de su planteo se enfocó en la naturaleza acumulativa de la capacidad científica. Romero advirtió que un profesional de frontera no se consolida únicamente en las aulas, sino en el traspaso de saberes cotidianos de generación en generación en centrales, reactores y laboratorios; saberes empíricos que resultan imposibles de codificar en manuales técnicos.

En el debate del Super RIGI se coló la situación del sector nuclear y científico argentino, Julieta Romero expuso desde París

En el debate del Super RIGI se coló la situación del sector nuclear y científico argentino, Julieta Romero expuso desde París

El peligro del “bosque incendiado”

Su diagnóstico sobre las consecuencias del desfinanciamiento de las universidades, del Balseiro, la CNEA y Nucleoeléctrica fue directo: “Cuando una persona con años de formación se va porque en Argentina no le alcanza para ayudar a su familia o porque las oportunidades no son económicamente viables, se corta algo más que una línea de un presupuesto. Se corta una cadena de valor. Se va alguien que ya no va a formar a la próxima generación”.

Para describir el impacto irreversible de esta sangría de talentos y la pérdida de experiencia acumulada, Romero recurrió a una cruda metáfora forestal: “Esa experiencia cuando se pierde es como un bosque incendiado. Van a pasar años hasta verlo reverdecer”. El riesgo inmediato es la parálisis de proyectos estratégicos o la necesidad de contratar en el exterior tareas especializadas que el país ya dominaba, consolidando un esquema de dependencia.

La hazaña local en Atucha II

Para traducir el valor de la autonomía tecnológica a términos macroeconómicos, Romero relató un hito técnico reciente que permanecía fuera del radar de la opinión pública general. En octubre de 2022, una inspección de rutina en la central Atucha II detectó el desprendimiento de un componente interno del reactor a 14 metros de profundidad, bajo condiciones de alta radiactividad y en un entorno hostil. Los diseñadores originales de la central, en Alemania, estimaron que la única solución viable requería desarmar por completo el reactor, lo que habría demandado una parada de operaciones de más de cuatro años.

La científica destacó con énfasis que “frente al diagnóstico extranjero, un equipo de ingenieros, técnicos y pymes proveedoras nacionales decidió ensayar un camino alternativo. Diseñaron herramientas de precisión a medida, construyeron brazos telescópicos y cámaras resistentes a la radiación, entrenaron al personal, desarrollaron procedimientos de intervención inéditos y los licenciaron ante la Autoridad Regulatoria Nuclear”.

La resolución de la industria local fue un éxito rotundo: en agosto de 2023, apenas diez meses después del incidente, Atucha II volvió a entregar energía de forma estable y segura sin necesidad de desmantelar el reactor. “El ahorro estimado en energía no suministrada fue de más de 1.000 millones de dólares”, subrayó la ingeniera. La ganancia no fue únicamente financiera; las pymes locales que participaron adquirieron un saber hacer que antes no poseían, y el país consolidó patentes y propiedad intelectual exportable. “Ese conocimiento se generó, se patentó y se puede exportar, tiene valor”, enfatizó.

El proceso de reparación de Atucha generado por científicos argentinos un gran ejemplo de la capacidad que se quiere ajustar

El proceso de reparación de Atucha generado por científicos argentinos un gran ejemplo de la capacidad que se quiere ajustar

El retorno invisible del largo plazo

El caso de Atucha II funciona como la mejor fotografía de una discusión presupuestaria que suele plantearse con la estrechez de miradas financieras de corto plazo. Romero fue clara al respecto: “Esa es la traducción económica de invertir en formación científica y tecnológica. No se ve en el momento en el que se paga la beca, se ve 10, 15, 20 años después, cuando ese conocimiento evita una importación, una parada de años, una dependencia”.

Mientras el Congreso avanza en debates que, según el Gobierno, buscan dinamizar la economía mediante esquemas de incentivos al capital privado internacional, la realidad de la infraestructura nuclear de vanguardia recuerda que el verdadero valor de un país no radica únicamente en los beneficios que otorga, sino en lo que es capaz de producir por sí mismo. “Argentina demuestra todos los días que se puede generar experticia nuclear de nivel mundial. Lo que tenemos que defender ahora es poder seguir haciéndola”, concluyó Romero, dejando flotando en el recinto de comisiones la advertencia sobre el costo irreversible del desmantelamiento científico.

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