Riesgo país: las razones que alejan a Argentina del crédito internacional
El superávit fiscal no basta para recuperar el crédito: las bajas reservas, la deuda y la incertidumbre mantienen al riesgo país argentino en niveles altos.
El riesgo país vuelve a trepar, las razones detrás de la desconfianza
Los avances en las cuentas públicas no lograron despejar la desconfianza financiera. La escasez de reservas, el nivel de endeudamiento, los controles cambiarios y el historial de incumplimientos mantienen a la Argentina lejos del crédito internacional, con un riesgo país en ascenso y lejos de los valores de la región.
Argentina llegó a julio de 2026 con un riesgo país de 434 puntos básicos y en los primeros quince días de agosto supero los 500 puntos cerrando el martes en 511. El indicador descendió de manera considerable desde diciembre de 2023, impulsado por la mejora de las principales variables macroeconómicas, pero todavía no consigue perforar de forma sostenida el piso de los 400 puntos, una barrera cuya superación acercaría al país a los mercados internacionales de crédito.
El informe del IERAL de la Fundación Mediterránea expone de esta manera una paradoja. La Argentina presenta una situación fiscal más ordenada que la mayoría de las economías de la región, aunque continúa pagando una prima de riesgo muy superior. El nivel registrado en julio fue similar al de Ecuador y Bolivia, más del doble que los de México y Colombia, cerca de cuatro veces los valores de Brasil y Perú, casi cinco veces el de Chile y poco más de seis veces el de Uruguay.
Una excepción en el mapa fiscal
La comparación regional muestra que el resultado de las cuentas públicas no alcanza, por sí solo, para explicar el costo del financiamiento argentino. En general, los países con mayores déficits primarios registran también un riesgo más elevado. Sin embargo, la Argentina se aparta con claridad de esa tendencia: en diciembre de 2025 exhibía un riesgo país demasiado alto para el superávit fiscal que había conseguido.
Ese año, la Argentina y México encabezaron el ranking regional de resultado primario a nivel de gobierno general, que comprende a todas las jurisdicciones. México alcanzó un excedente equivalente al 1,2% del producto interno bruto, mientras que el resultado argentino se ubicó entre el 0,9%, según el Fondo Monetario Internacional, y el 1,3%, de acuerdo con la estimación del IERAL. Paraguay completó el grupo de países con superávit, con un 0,2% del PIB.
El contraste con el resto de la región fue marcado. Brasil cerró 2025 con un déficit primario de 0,4% del producto; Perú, de 0,9%; Uruguay, de 1,1%; Ecuador, de 1,7%; Chile, de 2%; Colombia, de 3,5%, y Bolivia, de 9%. El promedio de América Latina y el Caribe fue negativo en 0,3% del PIB.
La ventaja argentina se mantiene al considerar el resultado financiero, es decir, después del pago de los intereses de la deuda. El déficit fue equivalente al 0,4% del producto, frente a un promedio regional de 5,1%. Incluso con la reestimación del FMI, que incorpora los intereses de las letras capitalizables y eleva el rojo al 1,4% del PIB, la Argentina continúa mostrando el menor déficit financiero entre los países analizados.
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El ajuste y el peso de la deuda
La Fundación Mediterránea destacó que el ordenamiento fiscal fue acompañado por una fuerte reducción del gasto público. Desde 2016, el recorte acumulado superó los diez puntos del PIB y más de la mitad de esa contracción se concentró en 2024 y 2025. Como resultado, el gasto consolidado quedó en torno del 32% del producto, un nivel similar al de Colombia, Bolivia y Uruguay.
La comparación regional, sin embargo, cambia cuando se observa la deuda pública bruta. En 2025, las obligaciones argentinas equivalían al 80,3% del PIB. Solo Brasil, con 93,3%, y Bolivia, con 84,8%, presentaban proporciones mayores. Al descontar la deuda entre organismos del propio sector público, la posición mejora: el pasivo se reduce a alrededor del 48% del producto y queda por debajo de los niveles de Bolivia, Brasil, Uruguay, México y Colombia.
Las reservas, el principal punto débil
La mayor desventaja argentina aparece en el Banco Central. En diciembre de 2025, las reservas internacionales brutas representaban apenas el 6% del PIB, el porcentaje más bajo entre las economías relevadas. Ecuador alcanzaba el 8,2%; México, el 14%; Brasil, el 15,7%; Chile, el 18%, y Perú, el 26,3%. Las reservas netas argentinas, además, eran prácticamente nulas.
Durante 2026, el Banco Central compró alrededor de 13.500 millones de dólares, aunque las reservas brutas crecieron en 7.739 millones desde diciembre. Su valor actual equivale al 7,8% del PIB, todavía reducido frente a los parámetros regionales.
La escasez de divisas limita la capacidad para atender compromisos externos y mantiene elevada la percepción de riesgo. A la vez, se configura un círculo difícil de romper: el regreso al crédito internacional contribuiría a reforzar las reservas, pero para acceder a esos mercados el riesgo país debería acercarse a los 300 puntos básicos.
La memoria de las crisis
Para el IERAL, las variables fiscales y monetarias tampoco explican todo. La permanencia de restricciones sobre los movimientos internacionales de capitales, incluido el cepo parcial para las empresas, y el historial argentino de incumplimientos de deuda agregan una prima adicional.
La comparación con Brasil resulta ilustrativa. La Argentina mostraba en 2025 mejores resultados en materia de equilibrio primario, gasto y deuda pública ajustada. Brasil, en cambio, contaba con una amplia ventaja en reservas internacionales y registraba un riesgo país sensiblemente menor.
A esos factores se suma la incertidumbre política. Los cambios drásticos de orientación económica asociados con cada elección presidencial de las últimas dos décadas y media continúan pesando sobre las decisiones financieras. La elección de 2027 mantiene vigente ese interrogante y anticipa, además, un período de mayor dolarización de los ahorros.
La Fundación Mediterránea advierte que el desafío consiste en consolidar el equilibrio financiero nacional, mejorar su calidad mediante una recuperación de la inversión pública y ordenar las cuentas provinciales, al mismo tiempo que se reduce la presión tributaria. Pero el frente más inmediato estará en las reservas. Fortalecerlas y diseñar una estrategia para atravesar el próximo año electoral serán condiciones necesarias para que la mejora fiscal termine reflejándose, finalmente, en un menor riesgo país.