“Canillita por oficio y obligación”, dice Rodrigo en una dedicatoria a su madre en uno de los temas más populares del país: Amor clasificado. Cada 7 de noviembre se celebra en Argentina el Día del Canillita, una fecha que reconoce a un oficio que se transformó a lo largo de los años, principalmente en esta etapa atravesada por la creciente digitalización.
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Las historias de canillitas de Mendoza y la transformación de un oficio con décadas de trayectoria
La digitalización cambió la venta de diarios y revistas, pero los puestos siguen en las calles. Canillitas mendocinos cuentan cómo se transformó su trabajo.
Diarios, revistas y libros hoy tienen su versión digital. La sobreinformación y la inmediatez fueron desplazando parte de aquel trabajo que se completaba con la labor del canillita: repartir diarios y revistas en las casas o convertirse en un punto de encuentro para decenas de personas que se acercaban cada día a buscar el periódico.
Sin embargo, se trata de un oficio que sobrevive y se adapta a los cambios tecnológicos. Hoy, por ejemplo, en Mendoza es posible encontrar en los puestos una oferta diversa que va desde colecciones de libros y juegos para niños hasta figuritas. También hay revistas de distintas temáticas y algunos diarios nacionales que todavía conservan sus ediciones impresas.
En esta línea, la Municipalidad de la Ciudad amplió recientemente los rubros habilitados para estos puestos de venta. De hecho, Soledad, que trabaja en un puesto ubicado sobre calle Godoy Cruz, entre Mitre y Patricias Mendocinas, reconoció que la medida los “ayuda bastante”, aunque observó que su implementación se demoró “porque en otros municipios ya lo habían implementado”.
Alfredo, que tiene su puesto sobre calle Godoy Cruz, casi esquina San Martín, coincidió con esa mirada.
Tanto Alfredo como Soledad tienen una historia de larga data con el oficio, al que ambos le tienen un profundo cariño.
Un oficio que se transmite de generación en generación
En diálogo con Sitio Andino, Soledad contó que el trabajo en el puesto “es algo de familia”. Desde chica tiene el recuerdo de acompañar a sus papás en el oficio. Su papá compró el negocio cuando ella tenía ocho años y recordó que, al salir de la escuela, iba directamente hasta allí. “Hace 21 años que estoy acá. Desde que tengo uso de razón, estoy acá”.
También contó que los fines de semana trabaja en un salón de eventos, ya que los ingresos del kiosco no alcanzan para cubrir por sí solos los gastos cotidianos. En este contexto económico, sostener la actividad requiere buscar otras alternativas. Aun así, reconoció que, aunque es un trabajo sacrificado, “es lindo” y que le “cuesta muchísimo soltar”.
De repartir cientos de diarios a buscar nuevas alternativas
Alfredo también tiene una larga historia como canillita: hace 30 años que se dedica a esta actividad. A lo largo de ese tiempo fue testigo de profundas transformaciones. “Antes contábamos con una plata ganada de entrada por los diarios que vendíamos fijos. Ahora empezás de cero”, explicó.
En ese escenario, las colecciones y los libros se convirtieron en una alternativa para sostener las ventas. “Nos ayudan los libros y todo lo que sea colecciones que vienen de Buenos Aires”, agregó.
Soledad también puso en palabras la dimensión de ese cambio: “De tener un reparto de 500 diarios por domingo, hoy no vendés diarios”. La comparación refleja cuánto se redujo la circulación de ejemplares impresos en Mendoza, donde cada vez son menos las opciones disponibles y los diarios nacionales no siempre llegan a todos los puestos.
La canillita recordó cómo eran aquellos domingos de reparto junto a su familia:
Quiénes se acercan hoy a los puestos de diarios y revistas
Estos cambios también están asociados a las transformaciones en los hábitos de lectura y de consumo cultural. Si bien hoy se lee -y quizás más que antes si consideramos el contacto permanente con las redes sociales y la circulación de información-, lo cierto es que buena parte de esos contenidos se consume de manera más fragmentada, dispersa y breve.
No obstante, personas de distintas edades todavía se acercan a los puestos en busca de libros y revistas. En el de Soledad, por ejemplo, hay colecciones de Gabriel García Márquez, entre otras propuestas. En el de Alfredo se pueden encontrar títulos de la colección Maestros del Fantástico, con clásicos como Frankenstein o Drácula.
Los libros y las colecciones a precios accesibles forman parte de esa oferta que permite ampliar las opciones de venta. También hay productos que mantienen un público fiel: Soledad mencionó las sopas de letras y los crucigramas, que suelen buscar especialmente los adultos mayores.
Un oficio que se transforma, pero que resiste y continúa en las calles
De esta manera, los puestos de diarios y revistas resisten los cambios tecnológicos y económicos, y encuentran nuevas formas de sostenerse como espacios de difusión cultural y de encuentro con la comunidad.
Los puestos de Soledad y Alfredo dan cuenta de esa transformación, pero también del compromiso y el cariño de quienes mantienen vivo un oficio con décadas de historia en el país y que cada 7 de noviembre tiene su reconocimiento en todo el territorio nacional.
