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Nuevo ciclo

La vitivinicultura en jaque: bajo consumo, nuevas tendencias y falta de actualización

Ante la caída de la demanda mundial, la industria se ve obligada a pensar estrategias novedosas para atraer al público. El panorama de la vitivinicultura.

Por Sofía Pons

Después de trabajar, el momento más esperado era relajarse acompañado de una copa de un buen vino; una opción para regalar era una botella de malbec, y al pensar una cena romántica no podía faltar un tinto. Sin embargo, las costumbres cambiaron, las tendencias se imponen y el mercado exige otros productos. La industria de la vitivinicultura se enfrenta al desafío de mantener las tradiciones o buscar alternativas para adaptarse al consumidor.

El historiador Pablo Lacoste dirige la Revista Iberoamericana de Viticultura, Agroindustria y Ruralidad (Rivar) y por su trabajo está en contacto con especialistas de todo el mundo. Ante el flujo de información que recibe, alerta a la industria de la vitivinicultura sobre la situación internacional, a la cual Mendoza no es ajena.

"El consumo dio un giro enorme, porque teníamos 70 litros per cápita en el año 70, de ahí fue bajando. Eso hizo que se arrancaran 180.000 hectáreas de viñedos en Argentina en la década del 80. Luego en los 90 empezamos a mirar al mercado internacional y Mendoza se preparó para exportar", explicó.

Además, agregó: "Fue la época dorada del enoturismo, era emocionante ir a ver las bodegas con los tanques acero inoxidable, con la barrica de roble francés y americano, el discurso tecnocrático de los enólogos era muy interesante, había una demostración de poder con grandes estructuras arquitectónicas impactantes, mostrando riqueza y poderío. Todo eso funcionó".

Sin embargo, nada es para siempre, y en los últimos veinte años las tendencias cambiaron de la mano del crecimiento de las comunidades. "Hay un cambio generacional, los boomers van quedando atrás, son sustituidos todos los días por los millennials. Eso marca un estilo de vida distinto, una forma de hacer turismo diferente, pautas de consumo completamente alejadas de lo que eran las anteriores y a ese cambio generacional muchos actores de la industria no lo han percibido y no se han adaptado. Les cuesta mucho", alertó.

Nuevas tendencias, ¿cambia la industria?

El sector vitivinícola está alarmado por la baja demanda de vinos. El pasado 5 de noviembre, los gobiernos de España, Italia y Francia estuvieron reunidos para acordar acciones para reforzar la colaboración por la incertidumbre a la que se enfrenta el mercado.

Estos tres países europeos suman el 85% de la producción de la Unión Europea y buscan alternativas para ofrecer a los consumidores. "Con el fin de reaccionar ante el cambio climático y responder a las nuevas preferencias de los consumidores, el sector productor ha solicitado la aplicación de las recomendaciones del Grupo de Alto Nivel para dar cabida normativa a nuevos productos como los vinos desalcoholizados o las producciones sostenibles de vinos de baja graduación alcohólica obtenidos de forma natural a partir de variedades de uvas autóctonas y procesos de fermentación específicos", detalló el gobierno español tras el encuentro.

Según Lacoste, el tradicional vino de Burdeos marcó a la generación boomer, pero no llegó a atrapar a los millennials. "Se interesan más por vinos livianos, espumantes, los rosados y los naranjos. Además, tienen otro tipo de percepción, ya no le emociona el discurso tecnocrático, es un explorador, está buscando cosas, quiere sorprenderse, correr las fronteras, es movedizo, impredecible y muy dinámico", describió.

Ante estos cambios generacionales, la industria de la vitivinicultura no logró adaptarse en su totalidad. "Este gigantesco aparato industrial que tenemos montado para elaborar vino está quedando como una estructura sobredimensionada para la actual demanda", indicó.

Ni la industria, ni las autoridades del gobierno han sido capaces de entregar la información a tiempo para que estos viticultores puedan prepararse para una conversión, para buscar otro tipo de estrategia. Ni la industria, ni las autoridades del gobierno han sido capaces de entregar la información a tiempo para que estos viticultores puedan prepararse para una conversión, para buscar otro tipo de estrategia.

Además, agregó: "Tenemos una gran capacidad de producción y grandes viñedos que están generando vino que no se consume. Tenemos más de una cosecha completa sin vender porque cayeron las exportaciones y el consumo interno".

oler el vino, cata

El enoturismo también tendrá que adaptarse a las tendencias de las nuevas generaciones.

Turismo y vino, una fórmula que se mantiene vigente

Para un impulso del enoturismo, Lacoste opinó que es necesario que la inflación llegue a cero. "Tenemos que tener en cuenta que por seis meses más Javier Milei tiene que seguir teniendo el dólar artificialmente barato para contenerla. Si cumple lo que él prometió, es decir que a partir de julio la inflación empieza con cero, ahí podrá soltar y dejar de tener el dólar tan barato, que se nivele, alcance un valor más realista y eso va a ayudar a salir del problema de hoy. El tipo de cambio actual promueve y estimula el turismo emisivo y desincentiva el receptivo", explicó.

El desafío de la vitivinicultura es pensar una propuesta turística que le atraiga a la generación Z y los millennials, "porque no le conmueve ir a ver un monocultivo donde hay cientos de hectáreas iguales, todo simétrico, que son clones de la misma planta, lleno de agroquímicos e industrializado".

Ahora se habla de turismo ecocultural, que el viñedo no sea una demostración de poder industrial, sino que haya una diversidad vegetal que alterne las plantas de la vid con olivos, cerezos, duraznos, algunas plantas típicas y nativas. Ahora se habla de turismo ecocultural, que el viñedo no sea una demostración de poder industrial, sino que haya una diversidad vegetal que alterne las plantas de la vid con olivos, cerezos, duraznos, algunas plantas típicas y nativas.

De acuerdo a Lacoste, las propuestas gastronómicas de las bodegas tendrán que ir en la misma línea, apostando por lo autóctono. "Se trata del orgullo por nuestra identidad, articular y que sea de abajo para arriba. Hay que volver a lo nuestro, al turismo rural, al horno de barro, el asado, las conservas, a lo que nos hizo grandes", expresó.

El historiador recordó la actitud de los migrantes que eligieron a Mendoza para forjar la industria e impulsarla. "Ahora vamos a tener que volver a sacar fuerza de ese legado de los vitimigrantes, tenemos que invocar a nuestros mayores y retomar esa fuerza. Lucharon, levantaron Mendoza y la hicieron la principal provincia vitivinícola de América Latina, esa es la actitud que tenemos que impulsar, hay que recuperar ese espíritu", reflexionó.

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