Mendoza no está exenta del fenómeno nacional creciente que preocupa: el aumento del uso del crédito como herramienta indispensable para la supervivencia de miles de hogares. No se trata únicamente de financiar bienes durables o inversiones significativas: hoy, incluso la compra de alimentos y productos básicos se sustenta con dinero tomado a préstamo, aumentando sustancialmente el endeudamiento de las familias.
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La vida a crédito: radiografía del endeudamiento mendocino
Más del 90% de los mendocinos recurrió a créditos para cubrir gastos básicos. Un estudio revela el creciente endeudamiento como forma de vida cotidiana.
Así lo demuestra un reciente estudio realizado por el observatorio Demokratía, que revela que más del 92% de los encuestados en la zona metropolitana mendocina recurrió a algún tipo de crédito en el último tiempo.
Crédito: un recurso cotidiano
La investigación, basada en entrevistas presenciales en los seis departamentos del Gran Mendoza, expone con claridad una tendencia que trasciende edades y géneros: vivir endeudado es hoy una constante. El crédito, en sus múltiples formas, se ha incorporado plenamente al esquema de administración familiar.
Mientras que antaño endeudarse implicaba decisiones familiares meditadas y requisitos de acceso rigurosos, la actualidad ofrece crédito instantáneo, sin mayor análisis de capacidad de pago. Esta disponibilidad irrestricta genera un nuevo problema: la distorsión en la percepción del poder adquisitivo. Como señala el director del estudio, Nicolás González Perejamo, “nos hemos habituado a vivir de prestado”, lo que lleva a preguntarse si existe una real formación en finanzas personales que permita gestionar esta abundancia de opciones sin caer en un desorden financiero crónico.
¿Quiénes acceden y cómo?
La encuesta revela que las tarjetas de crédito son el instrumento más utilizado, con un 50,2% de menciones. Le siguen el crédito bancario con el 41,5% y, en crecimiento sostenido, las billeteras virtuales con el 31,2%. También se registran operaciones con entidades financieras (12,5%) y mecanismos informales como el pago diario o semanal (10,7%), este último más frecuente entre mujeres. Poco más del 3% recurre a familiares y conocidos y más de un 30% registra también deudas de otro tipo no especificadas.
Los porcentajes demuestran que la enorme mayoría de los encuestados registra deudas de diversos tipos y apenas un 7% de la población no acudió a algún tipo de financiamiento.
Endeudamiento para vivir
Lejos de destinarse mayoritariamente a inversiones o mejoras patrimoniales, el dinero prestado va en gran parte a gastos cotidianos, ya que el 45,6% lo usó para la compra de almacén, supermercados y gastos de primera necesidad.
En cuanto a inversiones, apenas el 3,8% destinó su crédito a emprendimientos comerciales o inversiones.
Los datos reflejan una utilización defensiva del financiamiento, más enfocada en sostener el consumo que en generar capacidad de repago futura.
El informe también señala diferencias entre varones y mujeres. Si bien ambos grupos acceden al crédito en proporciones similares, los hombres tienden más al uso de tarjetas y billeteras virtuales, mientras que las mujeres se inclinan en mayor proporción hacia el crédito bancario. En términos de destino, ellas privilegian el consumo básico y el pago de servicios, y ellos registran una mayor propensión a saldar deudas previas o incursionar en inversiones.
Aquí Mendoza parece diferenciarse del resto del país, donde el uso del crédito fácil de las billeteras virtuales se dispara entre las mujeres.
Modelo en tensión
El relevamiento confirma que nuestro país y Mendoza viran fuertemente (por necesidad) hacia una forma de vida estructurada sobre bases inestables. Endeudarse para pagar lo esencial confirma que los ingresos mensuales no alcanzan para cubrir los gastos mínimos, y que la rueda del crédito se vuelve una trampa si no hay ingresos futuros suficientes para cancelar compromisos pasados.
Demokratía se pregunta: ¿estamos lo suficientemente preparados para administrar el acceso masivo al financiamiento? ¿Contamos con las herramientas cognitivas, emocionales y formativas necesarias para tomar decisiones informadas sobre nuestro dinero?
Sin embargo, más allá de las reflexiones, queda claro que los ingresos no alcanzan y que la deuda, lejos de ser excepcional, es hoy la norma, poniendo en marcha una bomba de tiempo que nadie sabe cómo termina.