El informe, elaborado por Guido Zack, Nicolás Sidicaro y Daniel Schteingart, muestra las profundas diferencias entre los sectores de la economía. Algunos productos y servicios siguen siendo considerablemente más caros que en los países vecinos; otros conservan precios relativamente bajos.
Desde enero de 2021, Argentina se encareció 74,4% en dólares. Desde noviembre de 2023, cuando todavía no había asumido Javier Milei, el aumento relativo fue de apenas 2,3%.
Los números ordenan una discusión que atraviesa a la economía argentina: cuánto cuesta producir, vender y consumir en el país, y qué efectos tiene esa estructura de precios sobre la competitividad y el poder adquisitivo de la población.
La gastronomia en la Argentina también lidera la tabla de las mas caras de la región
La ropa y los restaurantes, los grandes extremos
De los once grandes rubros de consumo analizados por Fundar, cinco tienen precios superiores al promedio latinoamericano: indumentaria, restaurantes, comunicaciones, recreación y equipamiento del hogar.
Dos sobresalen. Argentina es el país más caro de la región para comprar ropa y para comer en restaurantes, algo llamativo en una economía donde los salarios medidos en dólares no necesariamente acompañan el nivel de precios.
La indumentaria devuelve al centro del debate la estructura productiva y comercial del sector textil. Durante años, la protección comercial, los costos internos, los impuestos, la escala de producción y las condiciones de competencia sostuvieron diferencias importantes con los precios internacionales. La apertura de importaciones que impulsa el Gobierno busca cambiar ese escenario con más competencia externa. El estudio muestra que, pese al abaratamiento relativo reciente, la ropa sigue siendo más cara que en cualquier otro país latinoamericano.
En los restaurantes, los precios argentinos superan a los del resto de la región aunque varios de los alimentos que se usan como insumos cuesten comparativamente menos. El precio final de una comida no depende solo de las materias primas: pesan también los alquileres, los servicios, los impuestos, los salarios, los costos financieros y los márgenes comerciales.
Para una provincia como Mendoza, donde la gastronomía está estrechamente ligada al turismo y al vino, el dato plantea interrogantes sobre la competitividad del destino frente a otros mercados internacionales.
Los alimentos son más baratos, pero no accesibles
En el extremo opuesto hay cinco categorías con precios inferiores al promedio regional: alimentos, educación, vivienda y servicios, salud, y alcohol y tabaco. El transporte queda prácticamente en el promedio latinoamericano.
Que los alimentos sean relativamente baratos importa, sobre todo en un país que figura entre los grandes productores y exportadores agroindustriales del mundo. Pero el indicador tiene un límite para entender las condiciones de vida: compara precios en dólares y no mide cuánto pueden comprar los hogares con sus ingresos. Un producto puede ser barato frente a su equivalente brasileño, chileno o uruguayo y, al mismo tiempo, representar un esfuerzo considerable para una familia argentina.
El abaratamiento relativo de ciertos bienes, entonces, no equivale a una mejora automática del poder adquisitivo. La capacidad de consumo depende de cómo evolucionen los salarios, las jubilaciones y otros ingresos frente al conjunto de gastos cotidianos, una dimensión que el índice de Fundar no contempla directamente.
Qué cambió desde la llegada de Milei
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es la evolución de los precios desde noviembre de 2023. Aunque el nivel general argentino se encareció apenas 2,3% respecto del promedio regional, el comportamiento varió mucho según el sector. Vivienda y servicios, comunicaciones, educación y transporte se encarecieron frente a América Latina; los demás rubros se abarataron en términos relativos.
El cambio se vincula con uno de los objetivos explícitos del programa económico de Milei: corregir los precios relativos que habían quedado distorsionados en los años anteriores. La reducción de subsidios y la recomposición tarifaria empujaron fuertes aumentos en varios servicios. Los sectores más expuestos a la competencia externa, en cambio, empezaron a operar en condiciones distintas.
El resultado es una economía donde ganaron peso los gastos difíciles de evitar y se abarataron otros productos. Eso repercute en el ingreso disponible de las familias: lo que se destina a vivienda, servicios, transporte o comunicaciones condiciona cuánto queda para indumentaria, recreación, gastronomía y otros consumos. También afecta a las empresas, que enfrentan aumentos en ciertos costos y tienen dificultades para trasladarlos a sus precios finales.
El dólar y una economía que cambia de precio constantemente
El informe muestra también cómo inciden la inflación y el tipo de cambio en los precios medidos en dólares. En julio, último mes analizado, la inflación argentina fue de 2,1% y el dólar oficial subió 2,4%. Los precios internos se abarataron así alrededor de 0,3% en dólares. Como el promedio latinoamericano se encareció 0,6%, Argentina registró un abaratamiento relativo de 0,9%. En los últimos doce meses considerados, en cambio, el país casi no modificó su posición frente a la región: se encareció apenas 0,6%.
Estos movimientos revelan cuán sensibles son los precios argentinos a la evolución del tipo de cambio. Cuando el dólar sube por debajo de la inflación, los bienes y servicios nacionales tienden a encarecerse medidos en moneda estadounidense; cuando ocurre lo contrario, pueden abaratarse. Pero una economía más barata en dólares no es necesariamente más competitiva. La competitividad depende también de la productividad, los costos logísticos, la presión impositiva, la infraestructura, el financiamiento y las condiciones de producción.
El problema no es solamente cuánto cuestan las cosas
La investigación de Fundar aporta una mirada necesaria al debate económico argentino. El país no muestra un encarecimiento homogéneo frente a América Latina, sino una estructura de precios muy desigual. Y el proceso de corrección de precios relativos está lejos de dar resultados equilibrados: algunos sectores se acercaron a los valores internacionales, otros siguen liderando los precios regionales y, mientras ciertos bienes se abaratan en dólares, los servicios esenciales aumentaron su costo relativo desde noviembre de 2023.
La discusión, en definitiva, no puede limitarse a si Argentina es cara o barata en dólares. La pregunta de fondo es cómo se relacionan esos precios con la capacidad de compra de los argentinos y con las posibilidades de producir y competir de las empresas nacionales. Porque un país puede ser relativamente barato frente a sus vecinos y, al mismo tiempo, seguir siendo demasiado caro para buena parte de sus habitantes.