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Mercados

Con tasa de interés por las nubes y dólar en alza el plan económico sigue en zona de riesgo

El Gobierno convalidó una tasa de interés récord del 75%, encareciendo el crédito y profundizando la recesión en medio de la presión cambiaria.

Por Marcelo López Álvarez

El equipo económico de Luis Caputo convalidó este miércoles una tasa de interés sin precedentes en el actual ciclo económico para renovar los vencimientos de deuda. La decisión, que implica un rendimiento de hasta 75,66% de Tasa Efectiva Anual (TEA), se adoptó en un contexto de presión cambiaria, endurecimiento monetario y caída de la actividad.

El dato refleja el delicado equilibrio que enfrenta la administración de Javier Milei: evitar que los pesos excedentes se vuelquen al dólar a costa de un encarecimiento del crédito y el entierro de la economía real.

La licitación de letras del Tesoro y otros instrumentos mostró un incremento sostenido del costo en relación con las últimas convocatorias. En el caso de las Lecap, las tasas se ubicaron entre 51,6% y 75,7% TEA, lo que representa la cuarta suba consecutiva. A su vez, las Letras vinculadas a los encajes bancarios se adjudicaron con un rendimiento equivalente a 64,13% de TEA, más de 200 puntos básicos por encima del mercado secundario.

La estrategia fue presentada por el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, y celebrada (inexplicablemente) por el propio presidente Milei en redes sociales bajo la consigna “TMAP” (“todo marcha de acuerdo al plan”). Sin embargo, detrás de esa consigna optimista se esconden tensiones que se trasladan tanto al sistema financiero como a los sectores productivos.

Tasa de interés contra el crédito y el consumo

El costo de fondeo del Tesoro funciona como referencia para el resto de las operaciones financieras. De este modo, el salto de las tasas públicas se traslada a las líneas de crédito privadas. Las empresas ya enfrentan costos cercanos al 90% anual en adelantos en cuenta corriente, mientras que los consumidores se topan con tasas de más del 110% en préstamos personales y hasta 150% nominal anual en financiamiento de tarjetas de crédito.

Se trata de valores que superan ampliamente la inflación proyectada y que acentúan el carácter recesivo de la política monetaria. De hecho, los indicadores de actividad económica confirman la desaceleración. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) retrocedió 0,2% en mayo respecto de abril y 0,7% en junio frente al mes previo, alcanzando niveles de finales de 2024. La consultora Ferreres anticipa además una contracción del 1% para julio, lo que prolongaría la caída de la economía durante tres meses consecutivos.

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Javier Milei y Luis Caputo volvieron a convalidar hoy subas de la tasa de interés por arriba del 75%

La presión de los encajes

En paralelo, el Banco Central (BCRA) profundizó la absorción de pesos mediante la suba de los encajes bancarios. Solo en la última semana se inmovilizaron 2,25 billones de pesos adicionales, con lo que el total de fondos congelados ascendió a 21,2 billones. Esa cifra representa casi la mitad de la circulación monetaria y limita de manera significativa la capacidad de crédito al sector privado.

El endurecimiento monetario se complementa con intervenciones en el mercado de futuros de dólar, donde la autoridad monetaria vendió contratos a precios subsidiados para contener expectativas de devaluación. Sin embargo, esas operaciones generaron desde mayo pérdidas por más de 500 mil millones de pesos y abren interrogantes sobre la sostenibilidad de la estrategia.

El frente cambiario

Pese a la suba de tasas y al drenaje de liquidez, la presión sobre el tipo de cambio no se disipó. El dólar oficial se aproximó a valores récord, mientras que las intervenciones apenas lograron moderar la escalada hacia el cierre de las ruedas cambiarias. A ello se suma la salida de depósitos en dólares del sistema financiero, que acumula un retroceso de 752 millones desde fines de julio.

Un fenómeno llamativo es el aumento simultáneo de los préstamos en moneda extranjera a empresas, que al ser liquidados en el mercado oficial contribuyen a sostener la oferta de divisas. No obstante, este proceso implica un impacto diferido en las reservas internacionales, pues los importadores terminan girando esos fondos al exterior en plazos posteriores.

Tensiones en el sistema bancario

El esquema vigente también afecta al sistema bancario, obligado a competir por depósitos con tasas cada vez más altas. Entidades privadas como Banco Macro, CMF o Banco de Tierra del Fuego ofrecen rendimientos superiores al Banco Nación, que tradicionalmente lideraba el mercado. La TAMAR mayorista superó el 60% frente al 35% de un mes atrás, lo que refleja el encarecimiento generalizado del fondeo.

En paralelo, los bancos reorientan su estrategia crediticia. Algunos, como Galicia, reducen su exposición al consumo masivo y se enfocan en pymes y corporativos, mientras el crédito con tarjetas continúa siendo un foco de presión.

Un programa en revisión

Al inicio del gobierno, la política económica era percibida como más clara: el Banco Central utilizaba a las Lefi como referencia de tasas y existían bandas cambiarias que brindaban un ancla nominal. La eliminación de esos instrumentos desarticuló esa lógica y derivó en la volatilidad actual. Un informe de la consultora Adcap subraya que el Tesoro debió recurrir a sucesivas subastas para absorber liquidez y recrear de facto un corredor de tasas de interés.

El resultado es un escenario en el que la política monetaria busca frenar la inflación y la dolarización a costa de una recesión más profunda. La incertidumbre política de cara a las elecciones legislativas añade un condimento adicional que impacta en las valuaciones financieras y mantiene en vilo a los inversores.

En definitiva, el Gobierno celebra haber renovado la deuda y evitado un salto mayor en el dólar. Pero la contracara es un costo financiero creciente que recae sobre empresas, familias y bancos, y que amenaza con prolongar la recesión en la economía argentina.

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