No eran días buenos: el Zonda nos tuvo a maltraer por muchas horas; hubo incendios, miedo y preocupación; no hubo nafta; y tenemos un balotaje presidencial por delante. Ante este panorama, poder disfrutar de un concierto llevado adelante por Felipe Staiti y la Orquesta Filarmónica de Mendoza fue un bálsamo reparador y el Teatro Independencia se transformó en un templo sagrado donde quedó demostrado que la música puede mucho más que las palabras.
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Felipe Staiti y la Filarmónica, un concierto exquisito y potente
No hizo falta nada más que sonidos concatenados de manera exquisita para que la noche del lunes se transformara. Y para que eso ocurriera hubo varios partícipes necesarios, a saber:
-Felipe Staiti: el guitarrista -y uno de los creadores de Los Enanitos Verdes- es un virtuoso con su instrumento y al acoplarse a una formación como la Filarmónica el sonido de las seis cuerdas tomó otra dimensión: fue mágica, atrapante, sorprendente, cautivante. Para que eso ocurriera fue vital la selección de canciones a interpretar, de buen gusto y exquisitez sonora. Ese combo resultó ser perfecto y la hora y media de concierto pasó como un soplo que nos llenó de arte.
-La Orquesta Filarmónica de Mendoza: dirigida de manera acertadísima por el maestro Pablo Herrero Pondal, la agrupación sacó a relucir toda su potencia. Muchas de las canciones que sonaron en la noche venían del palo del rock y esa bravura fue más que necesaria para arroparlas de manera exquisita. Una ovación coronó la actuación.
-Mario Galván: el talentoso pianista fue quien tuvo a cargo los arreglos musicales y su tarea fue acertada. Las canciones tuvieron su brillo, su potencia y su delicadeza en el momento necesario; y no hubo ni un acorde de más. Un trabajo ajustado y efectivo.
Los músicos que acompañaron a Felipe Staiti estuvieron a la altura del evento: Gerardo Lucero en el bajo, Natalio Staiti en la batería, Mario Galván en teclados y los invitados especiales Walter Anselmi -en bandondeón- y Juan Pablo Staiti -en guitarra-.
El final llegó con el público -que colmó el teatro- de pie ovacionando la propuesta y la virtuosidad y agradeciendo que la música sirve para alegrarnos la vida… y mucho más un lunes por la noche.