Alfredo Bufano nació el 21 de agosto de 1895. Rodolfo fue su segundo nombre. Fue el quinto hijo de Leonardo Bufano y Concepción de Cristo, humildes inmigrantes italianos.
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Alfredo Bufano, el poeta que describió a Mendoza
El lugar de su nacimiento es un tema de discusión: él siempre afirmó ser argentino, nacido en Guaymallén; incluso así lo asegura, tanto en una nota autobiográfica aparecida en la revista de la Universidad de Buenos Aires en 1949 como en poemas confesionales. Sin embargo, María Angélica Cichero de Pellegrino -autora de la biografía más completa publicada hasta ahora sobre el poeta- afirma que su nacimiento se produjo en Italia meridional, en la región de las Apulias, entre los Apeninos y el Adriático, y que en pañales cruzó el océano y llegó a tierra argentina.
Ariel Bufano, el hijo menor del poeta, en una entrevista de en noviembre de 1981, confirmó que su padre nació efectivamente, en Italia. Pero Bufano quiso ser argentino.
Sus padres viajaron a la Argentina para instalarse en Guaymallén. En su infancia no pudo terminar la escuela debido a la pobreza. A los dos años, por un accidente doméstico cae sobre un balde cuyo borde le provoca una herida en el rostro y una cicatriz en su cuello. Lo dieron por muerto pero sólo estaba desmayado. Su madre hizo una promesa: si su pequeño se salvaba, por diez años el pequeño Alfredo llevaría el sayal franciscano. Este hecho determinará gran parte de su filosofía de vida, su espiritualidad y su concepción poética.
Desde muy pequeño hasta comenzada su juventud, vivió en Villa Nueva. Concurrió a la escuela Vélez Sársfield pero no pudo terminar sus estudios debido a la necesidad de ayudar económicamente a su familia, trabajando como aprendiz en diversas actividades.
A los 15 años se instaló con su familia en Buenos Aires. Allí conoció a José Ingenieros, escritor que influenció e inspiró su obra al igual que otros autores como Arcipreste de Hita, Francisco de Quevedo, Federico García Lorca, Dante Alighieri, Rubén Darío, Amado Nervo, Leopoldo Lugones, Almafuerte, Enrique Banchs, Baldomero Fernández Moreno y muchos más.
A los 18 años comenzó a trabajar como vendedor en una librería de la calle Carlos Pellegrini. Allí empezaron sus contactos con el medio intelectual, artístico y periodístico de Buenos Aires.
Entre 1915 y 1919 difundió sus primeros poemas en El Correo Musical Sudamericano, y abandonó su empleo para ser redactor de esa revista. Colaboró también en otras publicaciones de gran difusión como Caras y Caretas y Mundo Argentino. Además, en esos años editó sus primeros libros: “El viajero indeciso” y “Canciones de mi casa”.
En 1917 se casó con Ada Giusti, con quien tuvo cinco hijos: Ada, Alfredo Juan Leonardo, Mario Lelián, Rubén Osvaldo y Ariel Darío. En 1920 murió su madre y expresó su pena en “Misa de réquiem”.
En 1922 se trasladó a Adrogué e inspirado en ese pueblo y su paisaje escribió el libro “Poemas de provincia”.
Por ese tiempo comenzó a tener problemas de salud, por lo que en 1923 -casi desahuciado- se trasladó con su familia a San Rafael. Tres años después -por una recomendación de Antonio Sagarna, Ministro de Educación de la Nación- Bufano asume las cátedras de Literatura, Castellano y Geografía en la Escuela Normal de San Rafael, tarea que desarrolla por veinte años.
Cuando había cumplido los 34 años Bufano perdió totalmente la audición. La sordera que padeció desde joven lo agobiaba al igual que sus problemas respiratorios, fruto de su adicción al tabaco y de una niñez pobre que le demandó trabajos no acordes con su edad.
En 1947 quedó cesante de su trabajo educativo, por no tener título habilitante. Ángel Bustelo lo recuerda en un artículo titulado “Paseo cultural por Guaymallén”: “(…) Lo cesantearon de sus cátedras por su conducta democrática antinazi durante la Segunda Guerra Mundial, que le valió el odio zoológico de los cavernícolas del primer gobierno de Perón. Lo acusaron de no tener ‘título habilitante’ para dictar clases de castellano, a uno de los mejores escritores que ha tenido el país, sin reparar en el dicho de Sarmiento de que ‘los títulos no acortan las orejas’”. En efecto, Bufano escribió más de 30 libros, la mayoría poemas.
Cuando lo despidieron debió viajar a Buenos Aires, donde un amigo le consiguió trabajo. Lo emplearon en Amigos del libro, una entidad cultural ubicada en la calle Florida de enorme prestigio. Desde abril hasta noviembre de ese mismo año, organizó en España la Exposición del Libro Argentino, que recorrió las ciudades de Madrid, Barcelona, Granada y Sevilla. Visitó luego otras ciudades españolas, como también lugares de Francia y África. Viajes en los que se inspiró para escribir “Junto a las verdes rías” y “Marruecos”.
El 15 de octubre de 1950 viajó a San Rafael para visitar a su hija, y el 31 de ese mes falleció repentinamente de un ataque al corazón, con sólo 55 años.
Su cuerpo fue trasladado a Buenos Aires, velado en la Casa del Escritor y sepultado en el Cementerio de la Chacarita. Una comisión de honor -integrada por Jorge Luis Borges, Eduardo Mallea, Conrado Nalé Roxlo, Vicente Barbieri y Manuel Mujica Láinez- acompañó los restos del poeta.
El 6 de diciembre de ese mismo año, respondiendo a lo indicado por el propio Bufano, quien había expresado su deseo de que sus restos descansaran en la Villa 25 de Mayo, de San Rafael, su cuerpo fue nuevamente trasladado a Mendoza.
Su obra ha sido dividida en tres etapas: la primera, de iniciación y búsqueda, abarca desde el Viajero Indeciso (1917), hasta el Huerto de los Olivos (1923); la segunda, de madurez, va desde Poemas de Cuyo (1925), hasta Charango (1946) y la tercera se inicia con su viaje a Europa y África. Va desde Junto a las verdes rías (1950) hasta Marruecos (1951) póstumo.
El Centro de Congresos y Exposiciones de San Rafael lleva su nombre.
La descendencia
Alfredo Bufano tuvo una descendencia de artistas. Gabriel Fernández Capello es también conocido como Vicentico y es su nieto e hijo del titiritero Ariel Bufano, dos referentes obligados si se trata de lírica y arte dramático argentino del siglo XX.
La periodista Patricia Rodón entrevistó a Vicentico -solista y cantante de Los Fabulosos Cadillacs- para Diario Uno hace algunos años atrás:
“Vicentico conoce nuestra provincia como la palma de su mano y sentencia con autoridad que “Mendoza me parece la provincia más linda del país. Lejos. Y esto no es un halago gratuito. Primero porque la conozco bien”, dice, y a continuación descuelga inocentemente una afirmación por la que cualquier periodista vernáculo mataría:
“Es que mi abuelo era un poeta de San Rafael bastante conocido. Mi abuelo se llamaba Alfredo Bufano”.
–¿Tu abuelo era Alfredo Bufano? ¿En serio?
–Sí. En serio.
–Contame un poco más. Es uno de los grandes poetas mendocinos y además, uno de los referentes del modernismo en Argentina.
–(Risas) Qué sé yo, no sé. Era mi abuelo (risas). Sí, sí, sé todo eso. Era un genio y un artista impresionante. Un gran poeta. Sé que hay cientos de estudios académicos sobre él.
–¿Vos tuviste vínculo con él?
–No llegué a conocerlo porque falleció por los ’50. Pero recuerdo los viajes a su casa en San Rafael. Bueno, y mi viejo, Ariel Bufano, me contó mucho sobre él. Parece que era todo un personaje. Y mi viejo siguió la tradición artística de la familia. Mi viejo fue un gran titiritero. Otro talentoso enorme. Tengo gran parte de la biblioteca de mi abuelo en casa, primeras ediciones, cartas, libretas.
–Este dato le va a encantar a los profesores de la Facultad de Filosofía y Letras de Mendoza…
–(Risas) Ojalá. Está bueno. El viejo era enorme. Escribió muchísimos libros, ganó importantes premios. Mi viejo me contaba anécdotas. Bueno, y yo he leído algunos de sus libros.
–¿La poesía de tu abuelo influyó en tu escritura?
–No, no mucho. Yo siempre fui un lector curioso pero caprichoso. Leo mucho, pero no soy un lector enfermo. Tuve una formación muy ecléctica. Nunca leí sistemáticamente, ni estudié música, ni estudié una carrera. Yo leo las cosas que me interesan. Vengo de otro lado.
"Hay hombres y mujeres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles" (Bertolt Brecht).
Esta columna fue declarada de interés cultural por el Senado de Mendoza según consta en la resolución 78.208.
Fuentes: diario Página/12, diario Uno de Mendoza, “Estudio preliminar sobre Alfredo Bufano” de Gloria Videla de Rivero y “Alfredo R. Bufano: hombre y poeta”, de María Angélica Cichero de Pellegrino.