10 de septiembre de 2026
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Pruebas PISA

Faltar a clases y trabajar a los 15: la otra cara de las PISA que preocupa

Argentina retrocedió en las tres áreas de PISA. El 75,8% no alcanza el nivel básico en Matemática y persisten brechas sociales, ausentismo y trabajo adolescente

Por Marcelo López Álvarez

Argentina volvió a retroceder en la prueba PISA, esta vez en las tres áreas evaluadas. El país obtuvo 367 puntos en Matemática, 389 en Lectura y 393 en Ciencias, entre 11 y 13 puntos menos que en 2022. Es la primera caída simultánea en la historia de la evaluación para la Argentina. En Matemática, el resultado es el más bajo de la serie comparable, que abarca veinte años. Así lo muestra un análisis del IERAL de la Fundación Mediterránea que, junto con los puntajes, examina un aspecto menos explorado de la evaluación: las condiciones de vida y las trayectorias escolares con las que los adolescentes llegan a los 15 años.

El deterioro no es un fenómeno exclusivamente local. Tras las mejoras observadas hasta 2012, buena parte de los países evaluados por la OCDE registra resultados en baja. La diferencia es que, en el caso argentino, la caída profundiza un desempeño que ya era bajo.

PISA no evalúa lo que los alumnos memorizaron, sino lo que pueden hacer con lo que aprendieron: comprender un texto, razonar con números e interpretar un fenómeno científico. Por eso funciona como una fotografía de las herramientas con las que los adolescentes llegan al final de la escolaridad obligatoria. Y esa fotografía, en 2025, es incómoda.

Tres de cada cuatro, por debajo del piso básico

El informe, elaborado por Laura Caullo y Guadalupe Galíndez, responsables de la sección Sociolaboral del IERAL, advierte que los promedios generales solo muestran una parte del problema. La prueba clasifica a los estudiantes por niveles de desempeño, y el Nivel 2 marca el umbral de las competencias consideradas básicas. Por debajo de esa línea, un chico tiene dificultades para aplicar lo que sabe a un problema que exige razonar.

En la Argentina, el 75,8% de los estudiantes quedó por debajo de ese nivel en Matemática; el 59,6%, en Lectura, y el 59,3%, en Ciencias. Dicho de otro modo: tres de cada cuatro adolescentes de 15 años no alcanzan las competencias matemáticas básicas, y seis de cada diez tampoco lo logran en Lectura ni en Ciencias.

La serie histórica agrava el diagnóstico. En 2006, el 64,1% de los alumnos estaba por debajo del nivel básico en Matemática; en 2009, el 63,6%. Desde entonces, la proporción no dejó de crecer: 66,5% en 2012, 69,1% en 2018, 72,9% en 2022 y 75,8% ahora. En poco más de quince años, la Argentina pasó de tener algo menos de dos tercios de sus adolescentes en los tramos más bajos a tener tres de cada cuatro. No es un salto aislado, sino una tendencia que se mantiene desde hace más de una década.

Lejos de Uruguay y Chile

El promedio regional en Matemática es de 370 puntos, apenas por encima de los 367 argentinos. La proporción de estudiantes en los niveles más bajos, del 75,8%, coincide exactamente con la de América Latina. El contraste aparece al mirar a los vecinos con mejor desempeño: en Uruguay, el 57,9% de los alumnos queda en el Nivel 1 o por debajo; en Chile, el 59,2%. La distancia con la Argentina es de entre 16 y 18 puntos porcentuales.

La brecha también se observa en los niveles superiores. Solo el 8,4% de los estudiantes argentinos alcanza el Nivel 3 o superior en Matemática, frente al 15,2% de Chile y al 18,8% de Uruguay. El problema argentino no se limita a la cantidad de chicos que quedan rezagados: también es reducida la proporción que logra destacarse en el otro extremo.

Los datos sociales que arrojan las pruebas PISA son tan preocupantes como los educativos

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Faltar a clases, repetir y trabajar

El informe del IERAL señala que la información que PISA releva junto con los puntajes permite conocer las trayectorias escolares, aunque no establecer relaciones de causa y efecto. Un primer dato es la repitencia: el 17,7% de los adolescentes había repetido al menos una vez en primaria o secundaria, con una brecha marcada según el nivel socioeconómico. Entre los estudiantes más pobres, la cifra trepa al 28,7%; entre los más ricos, baja al 6%.

El ausentismo es otro capítulo. El 27,8% de los chicos declaró haber faltado a clases al menos una vez en las dos semanas previas a la evaluación, más de uno de cada cuatro. El fenómeno tiene, otra vez, un componente socioeconómico: la proporción alcanza el 33,8% entre los más vulnerables. Pero también faltó el 19,2% de los estudiantes del cuartil de mayores recursos, casi uno de cada cinco.

Lo llamativo aparece al cruzar asistencia y resultados. Quienes faltaron obtuvieron, en promedio, 31 puntos menos en Matemática, 36 menos en Lectura y 39 menos en Ciencias que quienes asistieron. Esa brecha no se explica solo por el nivel socioeconómico: persiste al comparar estudiantes de un mismo cuartil e incluso se amplía en el sector más acomodado. Allí llega a 37 puntos en Matemática, 43 en Lectura y 45 en Ciencias, muy por encima de la diferencia de entre 18 y 20 puntos que se observa en los tres cuartiles inferiores.

PISA muestra asociaciones, no causas: detrás de una falta puede haber una enfermedad, un conflicto familiar, dificultades escolares o la necesidad de salir a trabajar. Lo que sí queda claro es que estar inscripto en el sistema educativo no garantiza transitarlo de la misma manera. Esa diferencia se refleja en los puntajes incluso entre quienes no tienen problemas económicos.

El trabajo adolescente completa el cuadro. El 27,6% de los estudiantes dijo haber trabajado a cambio de una remuneración en las dos semanas previas a la prueba, una proporción que sube al 33,9% entre los de menores recursos.

Un problema que excede a la escuela

El origen socioeconómico sigue siendo la variable que más pesa: los alumnos del cuartil más bajo promediaron 342 puntos en Matemática, frente a los 421 del cuartil más alto, una diferencia de 79 puntos. Pero PISA 2025 ofrece algo más que un ranking: describe una generación que llega a los 15 años con trayectorias escolares interrumpidas, ausencias frecuentes y, en muchos casos, ya inserta en el mercado laboral.

Esos adolescentes serán la fuerza de trabajo de las próximas décadas. La estabilidad macroeconómica y las reglas de juego claras son condiciones necesarias para crecer, pero no alcanzan. Hace falta capital humano, y ese capital se construye en las aulas, con plazos que no coinciden con el calendario electoral que ya empezó a correr. Lo que pase hoy en la escuela argentina se sentirá mucho después de la próxima elección.

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