18 de septiembre de 2026
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Chile

La región de Chile que busca conquistar a los mendocinos con vino, cocina rural y sabores del Pacífico

Sitio Andino recorrió una región chilena donde el vino es apenas el comienzo: pequeños productores, cocina local y sabores que cambian a medida que el paisaje se acerca al Pacífico.

Por Erika Soledad García

Una copa de vino en Curicó, una mermelada artesanal entre cerezos de Romeral y, algunos días después, algas y mariscos recolectados frente al océano Pacífico. Los productos cambian, el paisaje también, pero todo ocurre dentro de una misma región de Chile: el Maule.

Hay algo inevitable para un mendocino cuando llega a una región vitivinícola: buscar semejanzas. Mirar los viñedos, preguntar por las variedades, entrar a una bodega, probar sus vinos y comparar. Durante cinco días recorrí parte del norte del Maule y descubrí que quizás lo más interesante era justamente, conocer las diferencias con Mendoza

El viaje se realizó en el marco del FAM Press Internacional Maule 2026, organizado por SERNATUR Maule. El recorrido fue pensado bajo una idea concreta: mostrar que vino, ruralidad, cordillera, naturaleza y costa no son experiencias aisladas, sino distintas caras de un mismo territorio.

Para esta primera parte del viaje hay un hilo conductor particularmente claro: lo que produce la tierra —y después también el mar— termina contando parte de la historia del Maule en la mesa.

Miguel Torres Chile

Miguel Torres Chile

El vino, la primera puerta de entrada al Maule

Hablar de vino en esta región no es un detalle menor. Según el Catastro Vitícola 2024 del Servicio Agrícola y Ganadero de Chile, el Maule concentra alrededor del 42% de la superficie vitícola plantada del país, la mayor participación entre las regiones chilenas. Para una periodista mendocina, entonces, empezar el recorrido en una bodega tenía bastante sentido.

La primera parada fue Viña Miguel Torres, en Curicó. El vino fue planteado desde el comienzo del viaje como una puerta de entrada para comprender el paisaje, la gastronomía, la innovación y la identidad de la región.

La experiencia permite recorrer los viñedos y las instalaciones productivas, conocer los procesos de elaboración y terminar, como no podía ser de otra manera, alrededor de una mesa.

Carolina Márquez, encargada de Comunicaciones y Hospitality de Miguel Torres Chile, explicó que quienes visitan la bodega pueden conocer no solamente el proceso de vinificación, sino también la elaboración de espumantes y complementar el recorrido con una propuesta gastronómica basada en productos de la zona. “Qué mejor que el vino acompañarlo de una buena gastronomía. Tenemos una embajada culinaria para disfrutar de la gastronomía local y productos autóctonos en compañía de nuestros vinos”.

La relación con el territorio aparece también en la elección de las materias primas. Márquez destacó el trabajo con productos locales y la certificación 100K de su propuesta gastronómica, que busca privilegiar ingredientes provenientes de un radio cercano.

Así, el vino deja de ser el único protagonista. Pescados y mariscos de la extensa costa del Maule, carnes y otros productos regionales forman parte de una cocina que intenta mostrar qué se produce alrededor de la bodega.

Y hay una particularidad que se empieza a entender cuando se vuelve a la ruta: las distancias permiten que el paisaje —y con él sus productos— vaya cambiando.

El viñedo es apenas el comienzo.

Miguel Torres Chile

Miguel Torres Chile

¿Qué puede encontrar un mendocino del otro lado de la cordillera?

La comparación con Mendoza surge inevitablemente. De un lado y del otro de los Andes hay una cultura fuertemente atravesada por el vino, pero con historias, variedades, suelos y maneras diferentes de interpretarlo.

Por eso, quizás la experiencia más interesante para un mendocino no sea viajar para encontrar algo conocido, sino para descubrir cómo otro territorio vitivinícola construyó su propia identidad. “Nos separa solo la Cordillera de los Andes”, resumió Márquez.

Y completó: “Invitamos a los mendocinos a conocer nuestro país, maravillarse de nuestros paisajes. Aquí podrán encontrar tradición y cultura similares a la cultura trasandina, pero con sus toques de diferencia”. Visitá sus redes aquí.

A medida que avanzó el viaje, esa diferencia empezó a aparecer con mayor claridad. Porque después de las grandes instalaciones de una bodega, el recorrido cambió completamente de escala.

Miguel Torres Chile

Miguel Torres Chile

De una gran bodega a la producción familiar de Romeral

En Romeral, Sandra Norambuena y su marido llevan adelante Deleite Rural, un emprendimiento familiar dedicado a elaborar mermeladas, conservas, salsas de ají y licores artesanales.

La experiencia comienza entre árboles frutales y continúa entre frascos, botellas, recetas y un alambique. La cereza tiene una fuerte presencia en esta zona y el proyecto muestra cómo una producción agrícola puede adquirir valor a partir de su transformación artesanal. El propio recorrido del FAM Press proponía leer la experiencia desde esa perspectiva: la agricultura familiar convirtiendo la fruta local en identidad, memoria y valor territorial.

Durante nuestra visita todavía era invierno. Los cerezos estaban a punto de florecer y algunos empezaban tímidamente a mostrar sus primeras flores. Mientras recorríamos el lugar, fuimos conociendo también aquello que ocurre después de la cosecha: frutas convertidas en mermeladas, conservas y licores que mantienen una producción a pequeña escala.

Deleite Rural

Deleite Rural

Pero hay otra transformación que resulta todavía más interesante: una actividad productiva terminó convirtiéndose también en una experiencia turística.

Sandra lo explica de una manera mucho más sencilla.

“Nos fuimos encontrando con que la gente necesitaba vivir experiencias, que la gente quería que le contaran historias”. “Nos fuimos encontrando con que la gente necesitaba vivir experiencias, que la gente quería que le contaran historias”.

No se trata solamente de comprar una mermelada o probar un licor. Es entrar al lugar donde una familia trabaja todos los días, conocer sus frutales, ver cómo producen y escuchar cómo comenzó un proyecto que fue creciendo con el tiempo.

“Es muy bonito contar tu historia y decir cómo empezaste y cómo has logrado llegar hasta donde estás”, sostuvo Norambuena. Y esa frase termina excediendo a Deleite Rural. Porque detrás de una botella, un frasco o un plato aparece constantemente alguien dispuesto a explicar de dónde salió, cómo se produce y por qué ese producto pertenece a ese lugar.

Deleite Rural, Chile.

Deleite Rural, Chile.

Cuando los sabores llegan hasta el océano Pacífico

Después de viñedos, campos y cordillera, el recorrido volvió a cambiar. Esta vez, frente al mar.

La costa completa una imagen del Maule que para el visitante mendocino puede resultar menos evidente. El territorio combina cordillera, valle central y litoral, y esa diversidad geográfica también se refleja en sus productos y en su gastronomía.

En Iloca, esa relación aparece con claridad en Bordemar, restaurante del chef y propietario Nicolás Márquez. Su propuesta parte de la comida típica chilena, pero incorpora nuevas técnicas y presentaciones sin desprenderse de los ingredientes de la zona.

“Son sabores típicos chilenos, pero elevados a otro nivel, utilizando productos locales y técnicas ancestrales”. “Son sabores típicos chilenos, pero elevados a otro nivel, utilizando productos locales y técnicas ancestrales”.

Durante nuestra visita, el menú comenzó con un causeo de orilla, preparado con algas y mariscos recolectados en la costa frente al restaurante. Después llegó una merluza confitada sobre puré de camote y, para cerrar, una selección de postres tradicionales: turrón de vino, leche asada y crema catalana.

Bordemar, Iloca.

Bordemar, Iloca.

De la copa de vino con la que había comenzado el viaje unos días antes habíamos llegado a una mesa marcada por el Pacífico.

Y ahí apareció otro dato que hizo todavía más interesante la experiencia: parte de los productos que utiliza Bordemar son recolectados por el propio equipo del restaurante.

Cocinar también es aprender los tiempos del mar

Trabajar de esa manera obligó a Nicolás y a su equipo a entender algo que difícilmente aparezca escrito en una carta: los productos tienen sus propios tiempos. Márquez contó que diseñar platos con ingredientes recolectados en la zona significó aprender cuáles son sus temporadas, cuándo es el mejor momento para obtenerlos y cómo conservarlos durante meses manteniendo sabor, aroma y color.

Uno de los ejemplos que mencionó fue la frutilla de mar, cuya disponibilidad estacional los llevó a buscar formas de conservación que permitieran continuar utilizándola en la cocina.

La carta, de hecho, puede modificarse dos o hasta tres veces durante el año dependiendo de la disponibilidad y de sus proveedores. Y la recolección no es una tarea reservada únicamente al chef.

Turrón de Vino, Bordemar

Turrón de Vino, Bordemar

“Los chicos acá se ponen la camiseta”, contó Márquez al hablar de su equipo. Cuando toca salir a buscar determinados productos, explicó, algunos llegan antes de su horario habitual para sumarse a la tarea.

Hay una escena sencilla detrás de esa historia que termina explicando mucho: antes de que un producto llegue al plato, alguien tuvo que conocer el lugar del que proviene. La gastronomía deja entonces de ser solamente el resultado final del recorrido. Se convierte también en una forma de interpretar el paisaje.

Una identidad que cambia entre el valle y el mar

Para Alejandra Casanova, directora regional de SERNATUR Maule, esa variedad de experiencias forma parte de la identidad que la región busca poner en valor.

“El Maule tiene experiencias, productos y servicios auténticos, que muestran la identidad del mundo campesino y rural, el turismo de naturaleza, de aventura, los vinos en todos sus valles y, por supuesto, la gastronomía y la costa”, explicó. “El Maule tiene experiencias, productos y servicios auténticos, que muestran la identidad del mundo campesino y rural, el turismo de naturaleza, de aventura, los vinos en todos sus valles y, por supuesto, la gastronomía y la costa”, explicó.

La mirada coincide con el concepto que atravesó el viaje: no pensar la bodega, el pequeño productor o el restaurante costero como postales independientes, sino como expresiones diferentes de un territorio que cambia en pocos kilómetros.

Y existe otro factor que explica por qué Chile mira con atención al visitante argentino. Durante 2025, Argentina volvió a ubicarse ampliamente como el principal mercado emisor de turistas extranjeros hacia Chile, de acuerdo con las estadísticas oficiales del país. Para regiones relativamente próximas a los pasos cordilleranos, ese movimiento representa una oportunidad concreta para ampliar sus propuestas hacia viajeros que muchas veces ya conocen otros destinos chilenos.

Alejandra Casanova, directora regional de SERNATUR Maule

Alejandra Casanova, directora regional de SERNATUR Maule

El Maule, durante todo el año

Casanova sostiene además que el desafío es que el turismo no quede asociado únicamente a los meses de verano.El Maule se vive todo el año. Tiene un clima mediterráneo, estaciones marcadas, pero distintas alternativas en el valle, en la cordillera y también en la costa”.

Recorrerlo durante los últimos días del invierno permitió comprobar, al menos desde la experiencia, parte de esa transformación. Hubo viñedos todavía esperando la primavera, cerezos comenzando a florecer, montaña con nieve y una costa que mostraba otra cara del Pacífico, bastante alejada de la imagen típicamente veraniega con la que muchas veces los argentinos asociamos a Chile.

Desde Mendoza solemos pensar un viaje al país vecino alrededor de algunos destinos conocidos. El Maule invita a detenerse en otra parte del mapa.

Hay grandes bodegas y pequeños productores. Cocina contemporánea y recetas heredadas. Viñedos, frutas, productos recolectados frente al océano y personas que encontraron en sus propios oficios una manera de recibir y contarles su territorio a quienes llegan de visita.

En esta primera parte del viaje, al menos, la conclusión fue bastante simple: al Maule también se lo puede recorrer sentándose a la mesa.

Pero la mesa cuenta solamente una parte de la historia. Porque entre una degustación y otra también hubo que ponerse un traje de neoprene, remar por un río de montaña, caminar entre bosques y cascadas, recorrer un parque nacional y llegar hasta la desembocadura de un río frente al Pacífico.

Ese será el próximo capítulo de este recorrido de Sitio Andino por la Región del Maule: las experiencias, la naturaleza y el turismo aventura que permiten conocer el territorio desde otro lugar.

Porque si esta primera historia comenzó entre viñedos y terminó frente al mar, la segunda empieza justamente cuando nos levantamos de la mesa.

Gastronomía en la Región del Maule

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