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Vino

El vino argentino despide a Pedro Rosell, el maestro de los espumantes

Murió a los 90 años Pedro Rosell, referente de los vinos espumosos argentinos, docente, enólogo y fundador de Cruzat. Mendoza despide a uno de sus maestros.

Por Marcelo López Álvarez

La vitivinicultura mendocina despide a uno de sus grandes maestros. Pedro Federico Rosell, el “Sr. Espumante”, falleció anoche a los 90 años después de una vida dedicada al vino, la docencia y, muy especialmente, a las burbujas, que terminaron convirtiéndose en su especialidad y en una parte indisociable de su nombre.

En una actividad atravesada por cambios tecnológicos, nuevas modas y sucesivas generaciones que transformaron profundamente la manera de producir y consumir vino, Rosell recorrió más de medio siglo de profesión sosteniendo una convicción: un gran espumoso requiere conocimiento, precisión y, sobre todo, tiempo.

Esa filosofía encontró su expresión más acabada en Cruzat, la bodega que fundó en 2004 junto con un grupo de empresarios chilenos para elaborar exclusivamente espumosos de alta gama mediante el método tradicional de segunda fermentación en botella. Pero la historia había comenzado mucho antes.

De las aulas de Mendoza a Burdeos

Nacido en Mendoza en 1936, en el seno de una familia ligada a la actividad vitivinícola, Rosell se formó primero como enólogo en el Liceo Agrícola y Enológico Domingo Faustino Sarmiento. Más tarde se graduó como ingeniero agrónomo en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo.

Su relación con esa casa de estudios trascendió ampliamente su etapa como alumno. Muy joven inició una carrera docente vinculada con las cátedras de Química y Microbiología y mantuvo durante décadas un contacto estrecho con la enseñanza. La docencia terminaría convirtiéndose en la otra gran vertiente de su vida profesional: no sólo elaboraba vinos, también transmitía una manera de pensarlos y de hacerlos.

Una beca del gobierno francés amplió de manera decisiva su horizonte profesional. Rosell viajó al Instituto de Enología de Burdeos, donde completó su formación y tuvo como maestro a Émile Peynaud, una de las figuras que transformaron la enología contemporánea durante el siglo XX. Distintos registros sobre su trayectoria señalan que Peynaud reconoció tempranamente sus condiciones y mantuvo con él una relación profesional incluso después de su regreso a la Argentina.

Aquella experiencia francesa marcaría su forma de trabajar durante el resto de su carrera: rigurosidad técnica, atención casi obsesiva a los detalles y respeto por los tiempos naturales del vino.

Pedro Rosell, el Sr Espumante del Vino Argentino en la bodega Cruzat de la cual fuera cofundador.

Cuando las burbujas se convirtieron en una especialidad

A fines de la década de 1970, Rosell ingresó en Navarro Correas, donde impulsó uno de los proyectos fundamentales de su trayectoria.

Allí comenzó a experimentar con distintas variedades para determinar cuáles ofrecían mejores resultados en los espumosos argentinos. Con el tiempo, su apuesta por Pinot Noir y Chardonnay, las variedades clásicamente asociadas con Champagne, se transformaría también en una constante de su trabajo.

El propio Rosell recordaría años más tarde que en Navarro Correas realizaron ensayos durante 1977 y 1978 y que los mejores resultados surgieron precisamente de esas dos uvas. La experiencia desembocó en los primeros espumosos de la casa elaborados mediante el método tradicional y consolidó a Rosell como uno de los especialistas más respetados del país.

Su carrera continuó luego como asesor y protagonista de distintos emprendimientos. Salentein, Lagarde y Rosell Boher figuran entre los proyectos en los que volcó sus conocimientos antes de encarar la etapa que marcaría sus últimas décadas profesionales.

Cruzat, la obra de madurez

En 2004, Rosell inició junto con empresarios chilenos Bodega Cruzat, en Luján de Cuyo. El proyecto tenía una definición extraordinariamente precisa: elaborar en Mendoza espumosos de alta gama exclusivamente mediante el método tradicional, con segunda fermentación en botella. No se trataba simplemente de incorporar una línea de espumantes a una bodega de vinos tranquilos. Cruzat nació alrededor de esa única especialidad.

La búsqueda del lugar adecuado, la selección de viñedos de altura, los suelos con buen drenaje, las temperaturas apropiadas, el trabajo con Pinot Noir y Chardonnay y los largos períodos sobre levaduras fueron construyendo una identidad que llevaba impresa la concepción enológica de Rosell.

Allí encontró también un espacio desde el cual seguir enseñando. Durante años dictó cursos sobre elaboración de espumosos y compartió conocimientos adquiridos a lo largo de una trayectoria que combinó universidad, investigación y bodega.

Cruzat fue, en buena medida, la obra de madurez de Pedro Rosell.

Un maestro para varias generaciones

La dimensión de su trayectoria excede las etiquetas que llevan o llevaron su firma. Rosell formó parte de una generación que contribuyó a modificar sustancialmente la calidad de los espumosos argentinos y a consolidar una categoría que, durante buena parte del siglo pasado, tenía una presencia mucho más limitada.

También fue autor de trabajos científicos vinculados con los espumantes y llegó a desempeñarse como presidente honorario de la Comisión de Espumantes de Bodegas de Argentina, otra señal del reconocimiento que alcanzó dentro del sector.

Su legado, de todos modos, aparece tanto en las bodegas como en quienes pasaron por sus aulas y trabajaron a su lado.

El reconocimiento de Cruzat y la UNCuyo

Tras conocerse su muerte, Bodega Cruzat lo despidió como maestro y referente y destacó que su conocimiento, rigurosidad y respeto por los tiempos y los detalles quedaron incorporados desde la primera botella a la filosofía de la empresa. La bodega recordó que Rosell no fue solamente uno de sus fundadores, sino también uno de los responsables de construir la concepción enológica que continúa orientando su producción.

La Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo también expresó sus condolencias a familiares, colegas y discípulos, en reconocimiento a quien mantuvo durante décadas un estrecho vínculo con la institución en la que se había formado.

Un legado que excede las botellas

Pedro Rosell perteneció a esa clase de profesionales cuya influencia resulta difícil medir únicamente en años, cargos o botellas. Su aporte estuvo en haber acumulado conocimiento, haberlo aplicado y, fundamentalmente, haberlo transmitido.

Durante décadas sostuvo que detrás de un gran espumoso no había atajos. Había uvas elegidas con precisión, técnica, paciencia y respeto por cada etapa de elaboración.

Quizás allí se encuentre también la mejor síntesis de su trayectoria.

Pedro Rosell hizo de las burbujas una especialidad, pero de la enseñanza dejó un legado. Y buena parte de los grandes espumosos argentinos actuales llevan, de una manera u otra, alguna huella de aquel maestro mendocino.



Un recuerdo en primera persona

Aquí puedes ver una de sus últimas entrevistas en una producción homenaje que le realizo en Fondo Vitivinícola de Mendoza el año pasado.

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