Este martes 24 de marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, el Gobierno Nacional exhibirá un video que busca mostrar "la historia completa". Una de las protagonistas es la mendocina Miriam Fernández, la nieta 127, quien reivindica su historia: hija de desaparecidos y criada por un ex policía detenido, defiende su identidad elegida.
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Día de la Memoria: el testimonio de Miriam Fernández, la nieta mendocina que reivindica su historia
En el marco del Día Nacional de la Memoria por la verdad y la Justicia, la nieta 127 invita a los argentinos a conocer la historia "sin mentiras".
“Mi nombre es Miriam Fernández, soy nieta restituida, la número 127. Recuperé mi identidad en el 2017”, comienza diciendo Miriam en el adelanto del video titulado “Por la Justicia y la Verdad completa”. El mismo se exhibirá completo a las 9, por YouTube.
Su testimonio, cargado de una honestidad cruda, se aleja de la narrativa habitual para proponer una mirada integradora: “Para sanar en este país y para sanar como ciudadano tenemos que contar la historia verdadera”, asegura en el video.
Día de la Memoria: estar de los "dos lados"
La historia de Miriam es, quizás, el ejemplo más complejo de las heridas que dejó la dictadura. Es hija de María del Carmen “Pichona” Moyano y Carlos Poblete, militantes montoneros secuestrados en 1977. Pero, al mismo tiempo, es hija de Armando Fernández, un ex policía detenido por delitos de lesa humanidad, y de Iris Yolanda Luffi.
Esta dualidad es la que la impulsa a hablar hoy. “La sociedad creyó un relato que no fue real, que no fue completo. Creo que la historia me puso en un camino en el que estuve de un lado y del otro, conocí una historia y la otra y ahora mi intención es que se conozca la historia completa”, argumenta en el video que se proyectará completo este marte a las 9, en YouTube.
Una identidad que no se negocia
Lejos de victimizarse, Miriam Fernández se define como una mujer "rebelde". Su proceso de restitución en 2017 no fue el fin de una búsqueda, sino el inicio de una defensa de su propia biografía. Se opuso a los moldes de los organismos de Derechos Humanos e incluso ganó un juicio a las Madres de Plaza de Mayo para impedir que le cambiaran el apellido.
Aunque reconoce a sus padres biológicos y les agradece "la genética", su lealtad emocional permanece inalterable: “Nací así, fui criada así y moriré siendo así”, asegura, reafirmando que su identidad no es solo una prueba de ADN, sino la vida que construyó junto a sus cinco hermanos y sus padres de crianza.
El camino hacia la verdad
Las dudas de Miriam sobre su verdadera identidad comenzaron en la adolescencia, cuando el tabú de los desaparecidos empezó a romperse en las aulas. Tras rumores de terceros, decidió enfrentar la verdad con su familia. La reacción fue dispar: su padre de crianza se mostró dispuesto a acompañarla, mientras que su madre (ya fallecida), tras una negación inicial, admitió entre lágrimas que "lo hizo por amor y lo volvería a hacer".
Luego de una denuncia anónima y el posterior resultado del 99,99% de compatibilidad genética, su vida cambió legalmente, pero no en sus afectos. De hecho, Miriam recuerda con cierta distancia el vínculo con su familia biológica: “Ellos sólo estuvieron cuando Abuelas anunció mi caso, para la foto, pero luego no tuvimos mucho contacto”.
Un mensaje para el presente
A medio siglo del inicio de la dictadura, el testimonio de Miriam Fernández se presenta como una pieza incómoda, pero necesaria en el rompecabezas de la memoria argentina. Su participación en el material gubernamental no solo relata su origen en la ESMA, sino que pone sobre la mesa el reclamo de una generación que busca reconciliarse con el pasado sin omitir ninguna de sus partes.