El deterioro del poder adquisitivo y la suba del costo de vida convirtieron al pluriempleo en una necesidad. Ante esto, las mujeres sufren el mayor impacto: según un informe del Centro de Investigaciones en Economía Crítica (CIEC), casi dos de cada diez mendocinas ocupadas (18,7%) tienen más de un empleo para llegar a fin de mes, frente al 10,8% de los hombres.
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Casi el 20% de las mujeres de Mendoza tiene un segundo empleo para llegar a fin de mes
El bajo sueldo y la jornada reducida de su empleo principal obligan a las mujeres a buscar una segunda opción laboral para alcanzar una subsistencia digna.
El escenario local resulta sensiblemente más complejo que la media nacional, donde el pluriempleo afecta al 14,1% de las mujeres y al 8,7% de los varones, consolidando a la provincia de Mendoza como una de las regiones con mayor presión laboral sobre las trabajadoras.
Empleo: jornadas parciales e ingresos golpeados
Detrás de la decisión de buscar un segundo o tercer empleo operan factores estructurales propios del mercado de trabajo.
Belén Paz, coordinadora del área de Economía y Género del CIEC, explicó a Sitio Andino que las mendocinas enfrentan mayores barreras para acceder a puestos de jornada completa o con mejores condiciones de contratación.
"En el Gran Mendoza, los hombres promediaron 39 horas semanales de trabajo en su ocupación principal, mientras que las mujeres registraron un promedio de 28 horas. Esta menor carga horaria suele estar asociada a la inserción en empleos de tiempo parcial o en sectores feminizados como la Educación, la Salud y el servicio doméstico", explicó la especialista.
Esta diferencia impacta de forma directa en los ingresos promedio percibidos en la provincia:
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Ingreso promedio de los varones en Mendoza: $1.015.189
Ingreso promedio de las mujeres en Mendoza: $693.909
Brecha salarial de género local: alcanza el 31,6%, ubicándose por encima del promedio nacional (29,6%).
Desfase provincial: los ingresos medios en Mendoza son un 18% inferiores a la media del país. Por cada $1.000 que percibe en promedio un trabajador en Argentina, en la provincia se reciben cerca de $820.
"Si en la ocupación principal las mujeres están destinando menos horas porque consiguen empleos de tiempo parcial, en contextos socioeconómicos de deterioro de ingresos aparece la necesidad urgente de buscar ocupaciones extras. Por eso casi el 19% de las mujeres en Mendoza se ve obligada a tener más de una ocupación", destacó Paz.
De la doble a la "triple jornada" de trabajo
A las horas dedicadas al mercado laboral remunerado se le suma una carga histórica e invisible: el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en los hogares.
Cifras de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo presentadas por el economista José Vargas dejan en evidencia la marcada disparidad de género en la distribución de las tareas cotidianas:
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Participación activa: mientras que el 92,2% de las mujeres realiza diariamente tareas domésticas y de cuidado en el hogar, en los hombres ese porcentaje asciende al 75%.
Tiempo dedicado: las mujeres destinan, en promedio, 6 horas y 37 minutos al día a estas labores invisibles, casi el doble del tiempo que aportan los hombres, quienes dedican 3 horas y 26 minutos diarios.
"Las mendocinas dedican casi el doble de tiempo diario que los hombres al cuidado de hijos, adultos mayores y tareas del hogar, responsabilidades que no quedan registradas en las cuentas del PBI pero sostienen el funcionamiento de la sociedad", manifestó Vargas.
En este marco, Paz advirtió que la crisis económica ha profundizado las exigencias físicas y emocionales sobre las trabajadoras: "Ya no hablamos solo de la tradicional doble jornada por el empleo remunerado y el no remunerado. Hoy presenciamos una triple jornada laboral, donde deben cumplir con dos o más trabajos remunerados para sumar ingresos y además asumir el peso del cuidado en el hogar".
Impacto macroeconómico: cuatro efectos en la economía mendocina
Las desigualdades de género en el mercado laboral no solo afectan el bienestar personal y familiar de las trabajadoras, sino que también generan consecuencias directas en la productividad global de la provincia.
Frente a esto, José Vargas sintetizó cuatro efectos clave desde la perspectiva macroeconómica:
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Menor productividad laboral: la extensión excesiva de la jornada diaria a través de múltiples empleos incrementa el agotamiento físico y mental, reduciendo el rendimiento laboral.
Menor inversión en capital humano: la falta de tiempo disponible limita el acceso a la formación profesional, capacitaciones y educación continua.
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Restricción a la movilidad laboral: la sobrecarga de responsabilidades de cuidado restringe la posibilidad de buscar mejores puestos o asumir cargos de mayor jerarquía.
Freno al crecimiento económico: la subutilización de las capacidades del capital humano femenino representa una pérdida neta de eficiencia y competitividad para las empresas y para la economía provincial en su conjunto.