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Trabajo

Así es el trabajo en las cárceles de Mendoza: 2.300 presos reciben capacitaciones laborales

El Servicio Penitenciario de Mendoza capacita a miles de las personas privadas de libertad. Las actividades buscan enseñar hábitos y oficios laborales.

Por Celeste Funes

En el Servicio Penitenciario de Mendoza, las personas privadas de libertad pueden acceder a distintas capacitaciones laborales, educativas y actividades que buscan brindarles herramientas para desenvolverse en la sociedad una vez recuperada la libertad. Aunque habitualmente se habla de “trabajo en las cárceles”, desde el organismo remarcan que se trata principalmente de formación y de un proceso destinado a fortalecer la futura reinserción social.

Actualmente, en toda la provincia hay alrededor de 7.600 personas privadas de libertad y unas 2.300 participan de actividades consideradas dentro de las modalidades de capacitación laboral, lo que representa aproximadamente el 31% de la población penitenciaria. Al abrir esta cifra, encontramos que son casi 300 las mujeres que conforman ese universo, un número considerablemente menor respecto de los hombres, explicaron desde el sistema penitenciario a SITIO ANDINO.

El objetivo de las iniciativas es que las personas incorporen progresivamente hábitos, conocimientos y responsabilidades vinculados con el mundo laboral.

Qué aprenden las personas privadas de libertad en Mendoza

La capacitación no se limita a aprender un oficio. Parte del proceso consiste en incorporar hábitos que para muchas personas pueden resultar básicos, pero que no necesariamente formaron parte de sus experiencias anteriores. Entre ellos aparecen el cumplimiento de horarios, la responsabilidad, el respeto por las normas, la puntualidad y el trabajo en equipo.

Las prendas confeccionadas por los presos de Mendoza para Iscamen,

“Hay que enseñarle cuestiones que tienen que ver con presentarse temprano y horario, que tienen que cumplir una serie de normas que exige el lugar, el ámbito laboral, trabajar en equipo y demás”, señaló la autoridad penitenciaria.

Dentro de las propuestas existen talleres de carpintería y herrería, además de actividades vinculadas con la producción de distintos elementos, como indumentaria o calzado. También hay personas que realizan tareas de limpieza y mantenimiento de los establecimientos penitenciarios, que igualmente son consideradas parte de la capacitación laboral. La lógica, según explicaron desde el Servicio Penitenciario, es que cada persona pueda desarrollar habilidades de acuerdo con sus capacidades, antecedentes educativos y experiencia previa. Por eso, al ingresar al sistema se realiza una evaluación que permite determinar qué trayectoria educativa y laboral puede resultar más adecuada.

Otra modalidad es la de las personas autogestionadas, que utilizan materiales donados por instituciones, empresas o familiares para elaborar productos que posteriormente son entregados a familiares para que puedan venderlos y generar un ingreso. Entre los ejemplos mencionados aparecen canastos, materas y macetas, creados a partir de materiales reutilizados.

Empresas y capacitación dentro de los establecimientos

Una parte de las capacitaciones se desarrolla a partir de convenios con empresas privadas que incorporan actividades productivas dentro de establecimientos penitenciarios. En este esquema, las compañías aportan sus conocimientos y equipamiento, mientras que el sistema penitenciario utiliza esas experiencias como una herramienta de formación laboral.

De las aproximadamente 2.300 personas que participan de capacitaciones laborales, unas 240 se forman en actividades vinculadas con empresas privadas instaladas mediante convenios. Estas experiencias también buscan acercar a los internos a oficios y actividades laborales actuales, más allá de los talleres tradicionales.

Empresas de distintos rubros cuentan con talleres en distintos centros penitenciarios de Mendoza.

Las jornadas vinculadas a estas actividades se organizan en dos turnos de cuatro horas, lo que permite ampliar la cantidad de personas que pueden participar y, al mismo tiempo, compatibilizar la capacitación laboral con la educación formal.

De esta manera, una persona puede asistir a la escuela o universidad durante parte del día y realizar una capacitación laboral durante el resto. El sistema busca especialmente aprovechar esta combinación en quienes se encuentran avanzados en el régimen progresivo de la pena y próximos a recuperar la libertad.

El objetivo del Servicio Penitenciario de Mendoza: incorporar una cultura del trabajo

Desde el sistema remarcan que las actividades laborales forman parte de un proceso mucho más amplio denominado tratamiento penitenciario, que también incluye educación, cultura, salud y otras instancias integrales.

Una persona puede participar, por ejemplo, de cursos vinculados con consumos problemáticos, promoción de la salud o actividades culturales, además de estudiar y capacitarse laboralmente. La idea es que el proceso de preparación no quede reducido exclusivamente a conseguir un oficio.

“Lo que tiene que hacer la persona es adquirir herramientas para el día de mañana poder desenvolverse en comunidad”, resumió la autoridad consultada.

Internos confeccionan calzado para personas en situación de calle.

En este sentido, desde el organismo sostienen que la capacitación laboral también permite que las personas privadas de libertad incorporen rutinas y responsabilidades que pueden resultar determinantes al momento de buscar una oportunidad fuera del sistema penitenciario.

Asimismo, quienes participan de determinadas capacitaciones acceden al "peculio", un mecanismo contemplado por el artículo 120 de la Ley 24660 que otorga, según explicaron a este medio, un 30% del monto correspondiente a la actividad realizada por cada interno. Esto se destina a un fondo al que podrá acceder cuando recupere su libertad.

Una persona que recupera la libertad debe luego enfrentarse a las dificultades para conseguir empleo, reconstruir sus vínculos y desenvolverse en un contexto social muchas veces similar al que tenía antes de ingresar a prisión.

Así, el trabajo penitenciario busca constituirse como una de las herramientas dentro de un proceso mucho más amplio. El objetivo del sistema mendocino es que quienes atraviesan una condena puedan salir con mayores herramientas educativas, laborales y sociales para construir una vida diferente una vez fuera de los establecimientos.

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