¿De qué signo sos? ¿Cuál es tu ascendente? ¿En qué signo tenés el planeta del amor (Venus)? ¿Debería separarme? ¿Qué dicen las cartas? ¿Cómo puedo mejorar la relación con mi jefe? Estas son algunas de las preguntas que, quizás, para muchos configuran el universo contemporáneo atravesado por el tarot y la astrología.
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¿Adivinación o autoconocimiento? El lugar del tarot en las decisiones, los vínculos y nuevos horizontes
El tarot hoy se presenta como una herramienta de reflexión. Cómo trabajan las tarotistas, qué buscan quienes consultan y qué precio tiene una tirada.
Tanto el tarot como la astrología cuentan con una larguísima trayectoria en la historia de la humanidad y fueron configurando diferentes líneas de pensamiento. Aunque ambas dialogan y tienen puntos en común, en esta oportunidad nos vamos a detener en el tarot y en la forma en que trabajan quienes se dedican a este conocimiento. Ahora bien: ¿qué es el tarot y qué hace un tarotista?
Años atrás, tarotista en inglés se traducía como fortune teller (adivinador). Sin embargo, hoy es más habitual encontrar el término tarot reader (lector o lectora de tarot). La diferencia no es menor, pues durante mucho tiempo el tarot estuvo asociado a la predicción del futuro, actualmente muchas tarotistas trabajan sobre el presente y utilizan las cartas como una herramienta de reflexión y exploración personal.
Sobre esto conversamos con Carolina Faverio, quien compartió con Sitio Andino cómo comprende y trabaja con el tarot. Para ella, se trata de “una gran herramienta para amplificar el panorama presente”. Si bien considera que el futuro puede verse, remarcó que se trata de un futuro potencial, atravesado por las decisiones personales y por el contexto social.
En esa misma línea, Graciela Garípoli trabaja desde una mirada vinculada con el cuerpo y la experiencia de quien consulta. “La lectura le permite a la persona poner en palabras lo que le pasa, lo que siente, encontrar orientaciones o inspiraciones en las cartas para poder tomar una decisión, posicionarse frente a una situación o conocer otras formas de vivir algunas experiencias”, señaló.
Cómo trabajan las tarotistas y qué lugar ocupan los arquetipos
El tarot está conformado por una baraja de 78 cartas: 22 son arcanos mayores, como El Loco, El Mago, La Sacerdotisa o El Carro; mientras que las 56 restantes son arcanos menores divididos en cuatro palos: bastos, copas, espadas y oros.
Los 22 arcanos mayores son conocidos como arquetipos, un concepto recuperado por Carl Jung en el campo de la psicología, quien también estudió tarot, arte y astrología. Uno de sus aportes fundamentales fue la idea de inconsciente colectivo. “Cuando nosotros ya nacemos, nacemos con una memoria inconsciente de todos los seres humanos previos a nosotros”, explicó sobre el término Carolina.
A partir de allí surge el concepto de arquetipo, que la tarotista explicó con una analogía: “Es como un bosque que uno no conoce, pero encuentra una huella. Ves que en el piso hay un camino de pisadas que hicieron muchas personas que pasaron por ahí: eso es un arquetipo”. Y agregó: “Es como un molde que hicieron muchos seres humanos al atravesar una experiencia de determinada manera. Cuando leemos el tarot, leemos imágenes arquetipales”.
Desde esta perspectiva, Carolina entiende que el tarot puede “funcionar como un mapa de la psique”, aunque aclara que “el mapa no es el territorio” y que ese recorrido debe hacerse también acompañado por profesionales de la psicología. Para ella, es importante que la información que surge en una lectura pueda ser trabajada e integrada.
Graciela, formándose en Gestalt, comparte una mirada atravesada por el cuerpo. “A mí la Gestalt me ayuda a pensar las lecturas y mi forma de ser tarotista porque me da conocimiento vinculado al cuerpo y ahí hay muchísima información”, explicó en conversación con Sitio Andino.
Además, destacó la importancia de observar cómo se transita una lectura: “Cómo están mis emociones en ese momento, cómo está mi cuerpo, en qué lugares del cuerpo siento esa inquietud que me lleva a hacer una pregunta”.
Ambas cuentan con formación vinculada al tarot y a otras disciplinas. Carolina es economista y se dedica profesionalmente al tarot desde hace 10 años, con una trayectoria construida desde una perspectiva junguiana y estudios en diferentes áreas. Graciela, por su parte, es licenciada en Trabajo Social, trabaja en ámbitos relacionados con la salud y continúa formándose en Gestalt, mientras estudia y practica tarot desde hace años.
Cuánto cuesta una tirada de tarot
Para Carolina, la trayectoria y la formación son elementos importantes al momento de elegir una consulta, aunque aclara que el precio no siempre está relacionado con la experiencia o conocimiento de quien realiza la lectura.
Según indicó, una sesión puede costar desde $30.000 hasta unos 150 dólares, dependiendo de distintos factores, como el reconocimiento del tarotista o su exposición pública.
En la misma línea, Graciela sostuvo que es importante que exista una retribución económica: “Cuando se hace una lectura hay una energía, un espacio-tiempo que hay que disponer. Está bueno que tenga un reconocimiento esa labor y que se vea reflejada en un aporte económico”.
Vínculos, trabajo y las preguntas que llegan al tarot
Entre las consultas más frecuentes aparecen los vínculos y las cuestiones relacionadas con el mundo laboral y el desarrollo personal. También existen lecturas grupales, una modalidad que Graciela experimentó con grupos de amigos.
“He hecho varias lecturas grupales, por ejemplo de tres o cuatro personas que tienen confianza entre sí y ganas de consultar, pero también de compartirlo como una actividad. Siempre construyendo criterios de respeto para que cada uno se sienta cómodo con la lectura”, contó.
En las consultas individuales, relató el caso de una persona que llegó con inquietudes vinculadas al trabajo y en cuya tirada apareció el Tres de Oros. “Esta carta habla del trabajo en equipo, de encontrar la posibilidad de pedir ayuda, repartir tareas y apoyarme en otros para llegar a cosas que quizás solo no puedo”, describió.
Para Carolina, los vínculos son uno de los temas más consultados. Como ejemplo, planteó el caso hipotético de una persona que siente que su jefe le exige más horas, la contacta fuera del horario laboral o durante los fines de semana.
“Cuando preguntamos por ese jefe, vemos que en la base hay una falta de poder poner límites. Hay una especie de miedo a la autoridad que puede venir de algo más profundo”, sostuvo. Y agregó que, al indagar, muchas veces esa dificultad también aparece en otros vínculos: con la pareja, la familia o compañeros de trabajo.
“Por eso siempre mi recomendación es venir con el tema que más te queme”, explicó, porque desde allí pueden aparecer cuestiones más profundas. Desde su perspectiva junguiana, entiende que “los vínculos nos vienen a mostrar cosas de nosotros mismos que no sabemos”: pueden funcionar como un espejo o reflejar aquello que todavía no nos animamos a hacer, como ponernos en primer lugar o establecer límites.
Una forma de mirar el presente
El tarot, entonces, podría comprenderse como una herramienta que permite ampliar la mirada sobre aquello que está en juego en una decisión, en un vínculo o en una determinada situación. No necesariamente desde respuestas cerradas ni desde una mirada polarizada que obliga a elegir entre dos aspectos, sino desde la posibilidad de observar esas tensiones, reconocer qué hay de cada lado y encontrar nuevos puntos de encuentro.
En este sentido, Graciela planteó que muchas veces aquello que produce malestar, sufrimiento o padecimiento aparece justamente en “la enorme distancia que se genera entre dos aspectos”. Por eso, sostuvo, el trabajo está en poder mirar cada una de esas polaridades, encontrar qué hay de una en la otra y construir “una tercera posición”, un lugar diferente que no excluya polos, sino que pueda integrarlos en algo nuevo.
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