"Lo poco que conozco del matrimonio procede de lo mucho que sé del divorcio", dijo en alguna ocasión el conocido productor de cine estadounidense David Brown. Por mucho que pasen los años, y la cultura se extienda abriéndose a otras alternativas de ver y sentir la vida en pareja, aún no se ha conseguido una fórmula mágica que augure para siempre la felicidad y/o perdurabilidad de un matrimonio. Sin embargo, existen algunos factores predictores, que aunque nunca con total seguridad, pueden anunciarlo.
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¿Hasta que la muerte nos separe?
Según un informe de la Asociación Americana de Psicología (APA), refiriendo a datos del Centro Nacional de Estadísticas Sanitarias de EEUU, los factores predictores que pueden anunciar un fracaso conyugal son los siguientes: el origen sociocultural, el nivel educativo, la edad a la que se contrae matrimonio, el momento en que se decide ser padre o la existencia de problemas económicos.
Según el especialista, al formarse la pareja hay un reparto de poder que se espera equilibrado, pero si un miembro de los dos toma el rol de dominante, pueden surgir problemas. "Cuando los problemas de pareja son estructurales lo normal es que se acabe rompiendo", afirma. Pero esto, no quiere decir que por ser de un nivel educativo diferente o de dos culturas distintas no pueda fundarse un matrimonio, pero "las exigencias comunicativas, negociaciones o renuncias a nuestros esquemas mentales son mucho mayores ya que serán mucho mayores nuestros choques o conflictos", aclara.
Por otro lado, hay que tener en cuenta también la edad en la que se hayan dado el sí quiero. En caso de hacerlo muy jóvenes, explica Torres, el ciclo vital individual entra en conflicto con el ciclo vital de la pareja, ya que el objetivo de una persona joven (aprender, encontrar un trabajo, conocer gente) dista mucho de las necesidades de un matrimonio, como la crianza de los hijos. "Si ambas chocan pueden generar problemas", apunta.
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Otro de los factores, son las cuestiones económicas, ya sea por escasez o incluso en las diferencias que puedan surgir a la hora de manejar la economía matrimonial. "La crisis es un agente contextual muy poderoso que obliga a todas las parejas a adaptarse y afecta de forma directa a la manera de relacionarse", lamenta. Además de ser uno de los factores que está retrasando la edad de contraer matrimonio, conmoviendo de esta forma al ciclo vital, también afecta a la estructura: "Si hay problemas económicos, el matrimonio tiene que volcarse en solucionarlos de cara a establecer un proyecto común y eso conlleva ciertos sacrificios: horas extras, modificar expectativas, ahorrar, etc.", expone.
Comunicación, proyectos y sexo
Pero pese a todos estos factores, cada pareja es un mundo, y hay matrimonios que duran hasta que la muerte nos separe y otros que más tarde o más temprano pondrán su punto final. En terapia, reconoce Torres, te das cuenta de que parejas con todo en contra salen adelante, y que parejas con todo a favor, no. Realmente, no existen recomendaciones para un matrimonio perfecto, pero si claves para tener una buena salud marital.
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La transparencia, el no evitar los conflictos, hablar aunque a veces sea doloroso y resolverlos. "Toda discusión que no se cierre, se guarda y sirve de metralla para el siguiente encontronazo", comenta. El conflicto es lo normal, el conflicto es sano, la discusión es el camino para crecer y avanzar y "mostrar opinión o emociones, es lo que garantiza que estoy en un matrimonio donde puedo expresar lo que pienso y lo que siento. Pero igual de importante es discutir, como resolver el problema", insiste Torres.
Y por último, tener un proyecto de vida en común: "Un proyecto vital en pareja, aunque en este haya algunos desencuentros, tiene más posibilidades de alcanzar felicidad ". Además, concluye el experto, "esto es sinónimo de pertenencia, de sentirte partícipe a lo que los dos tenemos hace que mantengas la ilusión y las ganas de compartir tus esfuerzos para conseguirlo".