3 de abril de 2026
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Tatuajes

El renacimiento de los tatuajes en Los Ángeles

Por Sección Fotografía

Esta ciudad ha jugado un papel clave: aquí pasaron de ser una marca en la piel de marinos, soldados y pandilleros a un "accesorio de moda" en las últimas décadas.

El estado de California, en el oeste de Estados Unidos, ha jugado un papel clave en la historia del tatuaje: así lo cuenta la exhibición "Skin and Ink" ("Piel y tinta") del Museo de Artesanía y Arte Folclórico. "Es una de las demostraciones artísticas folclóricas de más larga data en distintas sociedades y Los Ángeles fue clave para el desarrollo de tatuaje entre la década de 1950 y 1980, que se considera el periodo del renacimiento en Estados Unidos y, por contagio, en otras partes del mundo occidental", le dice la curadora Sasha Ali. (Fotos: gentileza CAFAM, Los Ángeles.) 
 
La importancia de Los Ángeles se consolidó, en gran medida, por su ubicación geográfica: sobre la costa oeste y el océano Pacífico, es la vía de entrada al continente desde Japón, uno de los centros mundiales del tatuaje artístico. Pero también se debió a que la práctica de grabar sobre el cuerpo –como en esta imagen del artista Chuey Quintanar, "Pietá y otros tatuajes" sobre una caja torácica- era ilegal en muchas partes de Estados Unidos. "Fue casi hasta los años ’80 que estaba permitido en la costa oeste pero no en otros estados, con lo cual muchos artistas migraron hacia aquí, a San Francisco o Los Ángeles", señala Ali.
 
Tres estilos convergieron en California: el japonés, el tradicional americano –con una paleta de colores limitada y una iconografía muy reconocible de águilas y panteras, dagas y corazones- y el llamado tribal contemporáneo, inspirado por las tradiciones indígenas del Pacífico sur. Cada artista tenía sus "flashes": dibujos propios, que funcionaban como modelos preconcebidos para estampar en la piel del cliente. Y esos carteles se han vuelto piezas de arte en sí mismas, como el que se ve aquí, que data de 1966 y es de Bob Shaw, uno de los pioneros locales.  
 
En la costa del Pacífico, los tatuadores se instalaron cerca de bases militares y puertos y tuvieron a los marineros y los soldados como clientela principal, antes de que los tatuajes se pusieran de moda en la cultura contemporánea. Bert Grimm, autor del trabajo de grabado que se ve en esta foto, es considerado el abuelo del tatuaje local. Su local estaba en Long Beach, sobre los muelles y a una hora de Los Ángeles, en una ubicación ideal para recibir a los que bajaban de los barcos. Fue pasando de manos y hoy, con el nombre "OuterLimitsTattoo", es la tienda de tatuajes en funcionamiento más antigua del país.  
 
Pero, además de ser un punto de convergencia de artistas entrenados en otras tradiciones detatuaje, Los Ángeles desarrolló su estilo propio: se lo conoce como "black and grey" (negro y gris) y se caracteriza por tener una mayor escala de grises y lograr imágenes más profundas o "tridimensionales". "Antes se llamaba estilo penitenciario, porque nació en las cárceles del sur de California donde los presos se hacían los diseños usando sólo puntas de cuerdas de guitarra para grabarse, con tinta de bolígrafos mezclada con orina o agua para hacerla entrar bajo la piel", detalla Ali.  
 
El este de Los Ángeles -y barrios latinos como Compton- se volvió el centro geográfico de esta práctica. La primera tienda que abrió sus puertas, en los ‘70, fue "GoodtimeCharlies", de Jack Rudy y ChalieCartwright: a ellos se les adjudica la profesionalización del "black and grey". "Los clientes venían y pedían dibujos en el estilo penitenciario, y ellos lo refinaron”, indica Ali, quien explica que la técnica angelina utiliza una única aguja fina -en lugar de varias, como en otros estilos- lo que le permite alcanzar mayor nivel de detalle con líneas delgadísimas, grises y sombras.  
 
Con una clientela mayoritariamente latina de "chicanos y cholos" , los artistas del tatuaje incorporaron una nueva iconografía a los "flashes" que habían creado las generaciones anteriores de tatuadores californianos. Al uso extendido de retratos se suma el estilo hiperrealista, así como la imaginería católica, los símbolos de la cultura popular mexicana y la apropiación de símbolos mesoamericanos, basados en el legado de mayas y aztecas.  
 
Con el tiempo, los múltiples artistas que trabajan en "black and grey" han explorado también otros caminos temáticos. Aquí, la obra de Mr. Cartoon, que ha vuelto insignia la cara del payaso. "Hay una alusión a un tatuaje antiguo que es muy popular y reza 'SmileNow, CryLater', de hombres que tenían que ser duros y mantener controladas sus emociones. La imagen del payaso es un poco referencia a aquel tatuaje icónico", afirma Ali. La obra de Mr. Cartoon -que también realiza murales públicos y ha tatuado a artistas de Hollywood como Danny Trejo- es fotografiada por Esteban Oriol, cuyas las imágenes se han vuelto piezas artísticas en sí mismas. 
 
Otros practican una versión propia del llamado "estilo tribal", como el artista de apodo Zulu, que realizó esta "Diosa del fuego" en 2008. Zulu fue aprendiz de otro reconocido pionero de la práctica, Leo Zulueta, con quien viajó al Pacífico a tomar lecciones y buscar inspiración; ya no trabajan con diseños prefabricados sino hechos a pedido de cada cliente. "Zulu llevó la práctica aún más lejos, incorporando la espiritualidad: él considera que toda persona tiene marcas espirituales secretas y él es el mediador para ayudar a traerlas a la superficie", detalla la responsable de la muestra. 
 
Una de las intenciones de la exhibición es mostrar que los artesanos del tatuaje son, en muchos casos, también artistas de estudio, que dibujan y pintan sobre otras superficies además de la piel aunque -como ocurre con "Giza", la obra de Shay Bredimus que reproducimos aquí- sin abandonar la temática del tatuaje. Esta obra está hecha con tinta para piel aplicada sobre papel fílmico, y con una estética propia del tatuaje sobre el rostro. "Es un matrimonio de las dos formas de arte", opina Ali. Bredimus tiene, a la vez, un salón de tatuaje en Long Beach y una galería privada para impulsarla en el mundo del arte. 
 
El de Sergio Sánchez es un caso parecido: este artista, que se define "como de dos mundos: México y Estados Unidos", empezó en el negocio del tatuaje de Los Ángeles pero abandonó porque le disgustó la asociación que esta práctica tenía con las pandillas callejeras, un vínculo vigente aún hoy donde los miembros de asociaciones delictivas se tatúan sus símbolos en la piel. Luego, se dedicó a retratar escenas de los salones de trabajo, como en "No Pain, No Gain", publicado aquí. Más tarde, y sin abandonar la pintura, volvió a su primer amor: el de marcar la piel con tinta y agujas. 
 
La herencia de los "padres fundadores" del tatuaje angelino se mantiene viva en los barrios y salones latinos, dicen los expertos. "El tatuaje no se aprende en la escuela, se aprende por transmisión, hay una especie de linaje que es muy importante", destaca Ali. Aquí se ve a Freddy Negrete (a la izquierda de la foto), quien se inició en prisión y fue empleado luego en "GoodtimeCharlies" al salir en libertad. Ahora trabaja en una tienda en Hollywood y le enseña a su hijo los rudimentos del tatuaje de moda.
 
 

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