Abundan en la cartelera de Netflix comedias románticas de rápida digestión, de esas para pochoclear mientras no se piensa tanto. Sobran los ejemplos; "A todos los chicos de los que me enamoré", "Quizás para siempre", solo por mencionar algunas. Si entraste a la plataforma seguro te encontraste con la sugerencia de "Violet y Finch" y he aquí el dilema. Le damos o no le damos play. Este servidor se sacrificó por todos ustedes.
La historia comienza con el joven Finch ejercitándose cuando descubre a Violet, una muchacha que perdió a su hermana en un accidente de tránsito, intentando quitarse la vida. Ya desde su premisa, vamos a darnos cuenta que el dolor será el hilo narrativo de este relato que promete mucho en su primera media hora, pero que termina quedando en deuda con todos los que nos animamos a darle click en el botón reproducir.
Lo más potable de la cinta - y miren que me esforcé en la búsqueda - es la química entre el dúo protagonista. Elle Fanning y Justice Smith componen una pareja eficaz a la hora de trasladar los sentimientos de los personajes a la audiencia y hasta puede ser que se pasen de rosca en el proceso. El film acusa momentos netamente efectistas que solo persiguen la lágrima fácil aunque, para ser justos, también hay otros donde se aprecian diálogos muy ricos - se trata de un guion adaptado - y hasta uno que otro plano interesante desde el punto de vista técnico.
Un punto flaco - uno de los tantos - es el tenue tratamiento del verdadero tema de "Violet y Finch": las enfermedades mentales. Todo queda en la superficie, como en un extenso océano, pero de un centímetro de profundidad. Si lo que buscaba el director, por ejemplo, era concientizar sobre el suicidio adolescente, podemos decir que tuvo mucha pereza creativa en su cometido. Hasta parece que el largometraje es una invitación a realizar aquello que se propone evitar.
Se salva del naufragio la dirección de arte. Hay que reconocer que algunos encuadres están construidos de forma tan armoniosa que transforman el visionado en una experiencia complaciente. Sucede que la anorexia del relato hace que estos cuadros luchen en solitario para salvar al film de una medianía imperturbable que dura ¡Casi dos horas!
Su desenlace, tan deseado por el televidente como predecible, también atenta contra la expectativa del valiente espectador. Las historias del corazón originales de la N roja, siguen buceando en la orilla del mar. Violet y Finch no es la excepción.