Durante casi tres horas las calles de Mendoza volvieron a vivir una edición más del tradicional Carrusel que cumplió con lo esperado y tuvo todo el abanico de colores que hace de esta una fiesta tan típica de Mendoza como el propio vino que se celebra en Vendimia. Desde los políticos en el palco hasta los vecinos que llevan sus canastos caseros para atajar frutas que arrojan las reinas desde sus carros, pasó una nueva edición de esta caravana multicolor.
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El Carrusel de las reinas cumplió con todas las tradiciones de color y política
El comienzo del Carrusel fue casi una hora más tarde de lo pautado, luego de que el gobernador, Rodolfo Suarez, llegara al palco tras el desayuno de la Coviar en el hotel Hyatt. Cerca de las 11 de la mañana la Virgen de la Carrodilla dio comienzo al desfile de carros en medio de un agobiante calor al que el sol del mediodía mendocino le sumaba un plus para hacer de la jornada una mañana sofocante.
El desfile de los carros de las 17 soberanas departamentales -este año Malargüe decidió no participar de las actividades vendimiales- llevó un ritmo relativamente rápido que, como suele suceder también en el Carrusel, comenzó a hacerse más lento con el pasar del tiempo. A cada carro lo acompañaba una agrupación gaucha de su departamento, otro aspecto tradicional de esta caravana de los sábados.
Las calles Las Heras y San Martín fueron las que más público convocaron, aunque la cantidad de personas no fue masiva y podía caminarse casi sin tener que esquivar a nadie. Marina Lucero, una turista de San Luis, llegó a la provincia para vivir Vendimia y adoptó la tradición de los espectadores de Carrusel de llevar un canasto para recibir algún regalo. "Vinimos por el fin de semana, es la primera vez que venimos. La estamos pasando muy bien", contó la visitante.
Algunos espectadores con más experiencia en carruseles llegaron a ver el espectáculo con reposeras para poder hacer la espera más amena. Andrea Garcete, de Villa Nueva, fue a ver el Carrusel con su marido, su hija, su nieta, con su mamá y con su suegra, las dos de 87 años, que miraban el paso de los carros sentadas.
"Me encanta, vengo todos los años. Vinimos preparados y la gente del Mercado Central nos prestó un cajoncito para poder apoyar mejor las cosas. Me encanta la alegría de la gente porque a pesar de tantos problemas que tenemos, venimos a apoyar esto que es muy importante para Mendoza y para todos los trabajadores", comentó la vecina de Guaymallén.
El calor más el sol de la mañana, que combinados resultaron agobiantes, fue un factor que hizo que algunos carros tomaran medidas para proteger a sus candidatas. El de Ciudad de Mendoza y el de Santa Rosa les dieron sombrillas para poder protegerse del sol durante el trayecto vendimial.
En este Carrusel, que aprobó con modestia, también hubo otro de los momentos clásicos que no deben faltar. Los políticos en el palco atajaron los melones del carro de Lavalle y tomaron vino de la bota que les convidó un gaucho, y se llevaron los regalitos que todas las reinas paran para darles.
Hubo hasta música para todos los gustos. Es una fiesta tradicional y por eso algunos carros como el de Junín apostaron por llevar músicos en vivo que tocaban folclore, pero otros, atentos al hastío que puede producir la espera, optaron por poner cumbia para hacer bailar y arengar a los espectadores.
Colectividades bolivianas, al final
La participación de distintas colectividades es también otra tradición del Carrusel. Esta vez en el orden de paso se decidió que los grupos representantes de Bolivia pasaran después del último carro. En el palco oficial ya no quedaba nadie ni siquiera para saludarlos, todos se fueron después de la última reina.
Sin embargo, esto no afectó a los diferentes grupos de caporales que le pusieron todo el color y la pasión lo que le dio un excelente cierre a un Carrusel teñido por la tibieza de los que los habían precedido.