25 de mayo de 2026
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Con los pies sobre la tierra

Reorientar los recursos generados por la quita de subsidios, hacia inversiones para el desarrollo argentino.

Argentina logró recuperarse de la profunda crisis de principios de la década pasada, gracias a la valorización de su producción en el mundo y al denominado viento de cola, producido por la economía mundial. Nuestro país tuvo tasas de crecimiento históricos, tanto de recaudación fiscal como de comercio exterior. No obstante y a diferencia de otros países que crecieron a tasas similares, no supimos transformar ese crecimiento en desarrollo.

Hoy, esas variables favorables, han cambiado. La recaudación fiscal de ingresos corrientes no alcanza para cubrir los gastos del estado. El resultado financiero del 2011 dejó un déficit superior a los 30 mil millones de pesos y sin los fondos transferidos tanto por el Banco Central como por el ANSES (recursos que claramente deberían destinarse a otros fines), el déficit hubiera llegado a los 58 mil millones de pesos; situación que guarda relación directa con el reciente anuncio realizado por la Sra. Presidente, de modificar la carta orgánica del Banco Central.

Además, observamos una significativa perdida de la balanza comercial. El 2011 cerró con un resultado de 7.000 millones de dólares menos que el 2009. Esto acompañado de políticas erróneas y estériles sobre el control de las importaciones, que generan situaciones absurdas y graves, como la falta de medicamentos o insumos esenciales para la industria, la suba de precios de productos escasos y la respuesta adversa de países con los que históricamente mantuvimos una buena relación comercial.

Mientras tanto, existe una profusa difusión de obras de infraestructura que se anuncian. Algunas se inician y otras –menos- se terminan. Hay algo claro y es que existe un déficit manifiesto de grandes obras de infraestructura en Argentina.

El terrible accidente ferroviario en la estación de Once, pone en el tapete varios aspectos de un mismo problema: privatizaciones mal hechas, concesiones poco claras, controles laxos o nulos, inversiones inexistentes, subsidios sin control, connivencia entre concesionarios y los que deben controlar, entre otros. Algo similar ocurre con el tema energético. El déficit en materia de energía es palpable y creciente y vaticina un futuro cercano muy complejo.

Si bien las dificultades que atravesaba Argentina a principio del s. XXI, obligaron al Estado a establecer un sistema de subsidios, con el tiempo no se supo o no se quiso salir del mismo. De hecho, lo que originalmente fue una ayuda para la sociedad, se transformó en una fuente de recursos –casi exclusiva- para determinados grupos empresarios; quienes, no destinaron los montos a las obras de mantenimiento y modernización que se requerían. No se hicieron, ni se estimularon las inversiones necesarias en los momentos donde abundaban los recursos. Trenes sin mantenimiento, rutas obsoletas, largas colas para cargar combustible; son algunas muestras palpables de la preocupante falta de inversión, control y de previsión a largo plazo.

Argentina necesita imperiosamente unir el Océano Atlántico con el Pacífico, a través de un corredor moderno, seguro y de primer nivel. Esto implica contar con doble vía de circulación en toda su extensión y con un mantenimiento permanente conforme a los más altos estándares de calidad y seguridad.

Debemos encarar de una vez las obras de conectividad con el vecino país trasandino, a partir de una modernización del sistema ferroviario de cargas y pasajeros, brindando más competitividad a nuestra economía y más seguridad a la población. Asimismo, es aún materia pendiente la profundización de nuestros puertos para recibir barcos de mayor calado y la puesta en marcha de demorados proyectos de obras hidroeléctricas.

No podemos hablar del Trasandino por iniciativa privada, con la ejecución de un túnel de 4.000 millones de dólares ubicado en el paso Cristo Redentor, si no se pone en marcha la reconstrucción de la red ferroviaria, por lo menos el Belgrano y el San Martín; para alimentar con carga el túnel y así amortizar la obra. A su vez, para mejorar el servicio ferroviario de cargas y pasajeros se requiere una inversión fuerte en reconstrucción de la infraestructura y así exigir material rodante nuevo al sector privado.

No existe posibilidad de materializar una obra hidráulica de generación de energía, sin el aporte del Estado para la construcción de la presa de embalse necesaria para la regulación, como paso previo a la generación. Así se hizo en Potrerillos en Mendoza y esta será la única forma de encarar el proyecto de Los Blancos, para el aprovechamiento hidráulico del rio Tunuyán.

Para poder llevar a cabo estas grandes obras de infraestructura, se requiere una asociación público-privada adecuada y complementaria; clara, equitativa y con responsabilidades de las partes bien definidas. Caso contrario, seguiremos con grandes anuncios y escasas concreciones.

Es imperativo poner los pies sobre la tierra, diagnosticar la situación real, establecer los grandes desafíos y poner energías constructivas en superarlos. El gobierno nacional ha hecho un giro importante y necesario en materia de subsidios, tendiente a reorientar el gasto de los 110.000 millones de pesos otorgados en el 2011, entre subsidios económicos y sociales.

Lo importante, es que este esfuerzo que afrontará la sociedad pagando las nuevas tarifas, con los mismos precarios servicios, sea una oportunidad para reorientar esos recursos hacia inversiones genuinas, que permitan la materialización de grandes obras, necesarias para el verdadero desarrollo de nuestro país.

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