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orgullo provincial

Es mendocino, tiene 14 años y baila en el Teatro Colón: la historia de Santiago

Por Florencia Rodriguez

Con un recuerdo de Julio Bocca que guardaba desde los 6 años, un puñado de sueños que ensayaba desde temprano y los pies inquietos por las ansias de cumplir con las promesas que se hizo a sí mismo, Santiago Guzmán llegó al Teatro Colón para probarse en una audición y se convirtió en el mendocino más joven en formar parte del elenco permanente del prestigioso ballet.

Nació y creció en una familia de artistas. De padres bailarines, Santiago abrazó la danza desde muy pequeño. Apenas tenía 3 años cuando comenzó a participar de las funciones y concursos que organizaba su mamá, Carolina García, bailarina y profesora de su academia. El flechazo con el clásico fue inmediato. Si bien, incursionó en otros ritmos como el jazz ya nada pudo apartarlo de lo que definió como su pasión.

El joven mendocino, a punto de salir a escena en "El Cascanueces".

"Creo que mis comienzos fueron a los 3 años. Participaba en las funciones de la academia de mi mamá. Ahí me di cuenta de que me gustaba mucho y me sentía feliz. A los 11 años ya no tenía dudas, sentía algo muy fuerte por la danza, una gran pasión, ya sabía entonces qué era lo que tenía que hacer", comenzó a contar Santiago, hoy con 14 años e instalado en Buenos Aires cumpliendo los sueños de cientos de bailarines y bailarinas.

"El taller de Danza" atestiguó sus inicios. Su madre lo guió en sus primeros pasos y luego continuó su formación bajo el ala de Alejandro Totto quien tuvo un rol fundamental en la historia de Santiago:

"Cuando tenía 11 años, el maestro Totto nos comentó sobre la audición para el Instituto Superior de Arte del Teatro Colon (ISATC). Me dijo que creía que yo tenía las condiciones para poder presentarme", relató el joven bailarín.

Y continuó: "La audición tenía tres instancias de las cuales participaban aspirantes de todo el país y del exterior. Para los bailarines de nuestra edad (10-11 años) es muy difícil, pero desde que decidí presentarme sabía que iba a dar el máximo para lograr mi objetivo, realmente deseaba bailar en el escenario máximo de los argentinos, por eso iba a dejar todo de mí ese día".

Y sí que dejó todo en esas tablas porque poco tiempo después, Santiago recibiría la noticia más esperada: su ingreso al Instituto del Teatro Colón, "participo con el cuerpo estable en las distintas obras que se realizan en el año. He tenido la suerte de compartir escenario con primeros bailarines y bailarinas como Marianela Núñez (Buenos Aires), el ruso Daniil Simkin, Hernán Cornejo, Edgardo Trabalón (Santa Fé) y Camila Bocca (Buenos Aires). Por si fuera poco, la fortuna de estar bajo la dirección de Paloma Herrera, Julio Bocca y otros maestros del exterior", contó el talentoso mendocino.

"Pisar el Colón por primera vez... es muy raro lo que se siente, muchos nervios y una felicidad que no puedo describir, ver a mi familia tan contenta porque logré estar donde les dije, me causa mucha alegría. Cada vez que piso el teatro es una sensación distinta, las ansias siguen creciendo, no sé, soy muy feliz", expresó Santiago.

El joven, hoy con 14 años, vive en Capital Federal junto a su papá, mamá y una de sus hermanas, el otro se quedó en Mendoza. "Mi familia hizo un gran esfuerzo. Inmenso porque dejaron toda una vida atrás y vinieron a Buenos Aires para acompañarme en mis sueños, tuvieron que empezar desde cero. Además, el dolor de separarnos de mi hermano mayor que se quedó en nuestra provincia junto al resto de la familia. Fue algo impagable, un esfuerzo único. Mi familia es lo más, estos son gestos que jamás voy a olvidar".

Santiago en una audición del 2018.

Pero la vida de un bailarín no es sencilla, mucho menos la de uno del Colón. Como cualquier disciplina requiere reglas y sacrificios. Los días comienzan muy temprano y la actividad es continua. Santiago arranca a las 5.30, se baña, desayuna y se dirige al instituto donde toma una o más clases dependiendo el cronograma establecido. Regresa para almorzar, estudia y se encamina al estudio de Alejandro Totto donde permanece desde las 19.30 hasta las 21 a menos que haya ensayo en el instituto en ese horario. La cena lo espera en el departamento y luego, un merecido descanso.

"Es un estilo de vida que demanda la responsabilidad de un adulto sin importar la edad que tengas. Es danza todo el día. Puede ser que me pierda de algunas cosas que hace un chico de mi edad porque normalmente se empieza desde pequeño, la carrera del bailarín es muy corta pero es lo que uno ama y lo vivo con felicidad", manifestó Santiago, inspirado y motivado cada día por el ejemplo del ruso Mijaíl Barýshnikov (actualmente, de 71 años), "para mí, el mejor bailarín de todos los tiempos", expone Guzmán desbordado de admiración.

Aunque la danza ocupe buena parte de su día y de su vida actual, el bailarín mendocino no pierde vista otros proyectos académicos para su futuro. Si bien aún tiene tiempo para decidir, actualmente evalúa estudiar diseño gráfico o abogacía. Pero, mientras tanto, disfruta de haber alcanzado su máximo sueño de la niñez y recordarlo le trae una anécdota protagonizada por Julio Bocca y que "jamás me voy a olvidar":

"Tenía creo que 6 años. En Mendoza, participé en un concurso en el que el jurado era nada más ni nada menos que Julio Bocca. Me entregó la medalla de oro y recuerdo que él estaba sentado en medio del estadio Polimeni (Las Heras), sobre un escenario algo para poder ver las coreografías. Quise pedirle un autógrafo, así que llegué hasta donde estaba y empecé a trepar el escenario solo y justo pero justo que estaba por tocarlo para que me viera, uno de los de seguridad me levantó y me sacó con los piecitos en el aire. Lo mejor de todo fue que Julio vio todo así que me llamó y conseguí su autógrafo, creo que fui el único que lo obtuvo, hasta el día de hoy me acuerdo, creo que jamás me voy a olvidar", cerró el joven bailarín que llevó a Mendoza al Colón.

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