Las personas al volante parecen ser seres que se sienten inmortales y que todo lo pueden. La vida de ese adolescente que tenía una familia, una carrera y amigos se termina de un segundo al otro.
Las personas al volante parecen ser seres que se sienten inmortales y que todo lo pueden. La vida de ese adolescente que tenía una familia, una carrera y amigos se termina de un segundo al otro.
Sabemos que para un padre no hay dolor que supere la muerte de un hijo, pero el dolor y la impotencia es más grande aún cuando sabemos que esa muerte podría haberse evitado.
¿Inconscientes, víctimas de una sociedad de excesos, sin límites, poco amor por la vida propia y ajena?, preguntas que nos hacemos cada vez que escuchamos la lamentable noticia de una persona que murió víctima de un accidente vial. La mayoría de las veces en la madrugada, jóvenes alcoholizados conduciendo en exceso de velocidad, volviendo de alguna fiesta, y el llanto desesperado y sin consuelo de sus padres.
También están los prudentes que usan el cinturón de seguridad a diario, respetan las señales viales, pero a quienes el destino les juega una mala pasada, se cruzan con un imprudente y pierden la vida.
Somos seres humanos y es muy cierto que no valoramos las cosas hasta que las perdemos, pero estamos hablando de vidas que se pierden y eso no tiene vuelta atrás.
Nadie está excento de esta realidad que hoy es un problema que crece en el mundo, en el país y en la sociedad mendocina. Las estadísticas dicen que 27 jóvenes murieron en Mendoza por accidentes viales en lo que va de este año.
¿Qué más tiene que pasar para que tomemos conciencia, que se nos muera el de al lado, así nos enteramos que la vida era muy valiosa y que depende de nosotros saber cuidarla?
Los gobiernos intentan reducir las cifras de la mortalidad por accidentes de tránsito; educación vial, multas, publicidades, campañas de concientización, padres en las rutas repartiendo folletos, pero parece que no es suficiente. La inconsciencia supera todos los métodos.
La realidad es que la gente se muere en las rutas y en las calles; es un deber reflexionar y tener en cuenta- como decía hace unos años un reconocido locutor mendocino- que "es mejor perder un minuto de la vida, que la vida en un minuto".


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