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Editorial

Contra el insulto (al gobernador, a todos, en la casa, la calle o internet)

Por Delia Segura, directora de SITIO ANDINO

"Los que tenemos la máquina de decir cosas, a veces nos creemos que podemos decir cualquier cosa. La raíz de este malentendido está en la creencia de que la libertad de expresión puede equivaler a la libertad de insultar", ha dicho Juan Cruz Ruiz, periodista, escritor y editor español. Este autor de más de una veintena de libros de distintos géneros ejerce su profesión desde 1976 en el diario El País, del que es miembro fundador, y recientemente presentó en sociedad un libro absolutamente recomendable. Lo llamó "Contra el insulto".

Y aunque se centra más bien en el agravio que se ve y se escucha en los medios de comunicación de España, la temática y su manera de abordarla es cercana a los argentinos y mendocinos, que diariamente asistimos a una y otra escena violenta con el insulto como rutina. A través de diversos medios de comunicación, en la calle, la casa, o sitios públicos surgen afirmaciones ofensivas casi con total impunidad. Esto es, precisamente, lo que debe llevar a la reflexión.

Juan Cruz Ruiz presentó su última obra en noviembre del año pasado en España, junto a su profesor de vida, el filósofo Emilio Lledó. Ambos hablaron, y hablan, en conferencias y exposiciones, acerca de este alegato contra lo que consideran "un tipo de asesinato encubierto por su uso habitual y generalizado: la injuria, el desprecio".
Vale la crudeza de esas palabras. Los mendocinos venimos de asistir a un episodio lamentable, este lunes, cuando una mujer (en contra de la actividad minera) insultó al gobernador Francisco Pérez mientras la casualidad los halló en la misma escalera de la Casa de Gobierno. Las consecuencias políticas y mediáticas fueron impredecibles e inmanejables para el propio Ejecutivo. El hecho trascendió a nivel nacional con la versión de que el mandatario había hecho detener a la joven psicóloga de 32 años, algo que se ha negado. Los partidos de la oposición, por su parte, susurran que al kirchnerista "se le acabó la luna de miel". Pero detrás de todo eso hay un común denominador: el asombro. En Mendoza la investidura del gobernador se respeta.

Pocas son las ocasiones similares que podemos traer a la memoria en esta provincia. En la gestión del radical Roberto Iglesias quizás sólo dos. Una noche un envalentonado grupo de taxistas se atrevió a sorprender al gobernador yendo hasta su casa del barrio Bombal a reclamar por mayor seguridad. Hubo cruces verbales, pero el enojo de Iglesias fue de tal magnitud, de un hombre defendiendo la paz de su familia (pegó con su puño sobre el capot de un auto, por ejemplo), que la osadía se volvió como un búmeran en contra de aquellos trabajadores. La sociedad terminó desaprobando lo que habían hecho.

También a Iglesias la empleada de un hospital le tiró parte de un balde de 20 litros de agua cuando el gobernador apenas había comenzado a dialogar con algunos periodistas en la puerta del Arzobispado, en pleno centro de Capital, al término de una reunión con José María Arancibia. Ahí a quien se le escapó un insulto, no hacia la mujer sino por la situación misma, fue a Iglesias. Subió al auto oficial velozmente y se marchó mientras la mujer corría y detrás de ella fotógrafos, periodistas y el limpiavidrios de la cuadra que pretendía recuperar su balde. En ese caso el motivo fue el recorte salarial que el mandatario aplicó a los empleados estatales, en plena crisis.

Julio Cobos también padeció lo suyo: al menos una manifestación contundente que llegó hasta la puerta de su casa. Los vecinos exigían seguridad y el ahora ex vicepresidente sufrió un desmayo ante la presión de la situación. Celso Jaque, después, fue increpado e insultado por una mujer durante un acto en el hospital El Carmen de Godoy Cruz, en la primera etapa de su gestión. Con el paso del tiempo ese mal humor social que nacía por la inseguridad y se alimentaba de otras disconformidades fue cambiando. En la calle los mendocinos lo trataron cada vez mejor, pero anónimamente otros siguieron agraviándolo por internet hasta el final de su mandato.

Sin embargo, insistimos, en Mendoza se respeta la investidura del gobernador. Ahora fue el turno de Francisco Pérez, a días de cumplir sus primeros 2 meses de gestión. Sí, 2 meses. Por alguna o varias razones (motivo de otro análisis) la joven Elena Ríos eligió el insulto antes que una palabra con nivel y clase para lanzar con contundencia su enojo. Un error.

"No quiero resignarme a una sociedad del insulto en la que a fuerza de manejar la violencia verbal contra los otros uno se acaba convirtiendo en mentira, agresividad, violencia, en la nada", ha dicho el filósofo Lledó, para quien "el que tiene la verdad es el insultado, el que está en el error es el insultador".

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