Por Victoria Giarrizzo*
Por Victoria Giarrizzo*
La suba de las tarifas era insostenible, porque fue aplicada de una manera agresiva, con un desconocimiento absoluto de las dificultades económicas de las familias y de la gravedad del contexto económico. Solo se pensó en términos fiscales, cuando toda medida económica debe planificarse integralmente, evaluando sus múltiples impactos, su temporalidad, y de forma responsable.
El costo de esa impericia, es éste: se retrotrae el aumento, cuando en realidad sabemos y la gente sabe que es necesario hacer un ajuste tarifario, pero viable y gradual.
En Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, no puede ser que los hogares o paguen fortuna el gas o ahora vuelvan a pagar lo mínimo, porque el consumidor no quiere no pagar, sólo pide que le cobren algo que sea justo y equitativo dentro de sus posibilidades económicas.
Sobre el impacto en la economía de esta acción, trae alivio económico y algo de tranquilidad en las familias, eso es positivo, especialmente porque se habían generado situaciones de alto estress dentro de los hogares con el tema y mucho malestar colectivo.
Este freno cambia el ánimo, porque hace sentir al consumidor protejido, y podría mover algo el consumo, pero muy marginalmente, porque los niveles de endeudamiento familiar hoy son muy altos y lo que no se pague en tarifas es más probable que se destine a cubrir deudas atrasadas de todo tipo, no solo financieras.
Pero queda por un lado el tema fiscal pendiente, que ya de por sí este año el déficit va a ser altísimo, y se necesitaba comenzar a eliminar lentamente los subsidios para sincerar la economía. Y por otro, queda el segmento pymes, donde el ajuste quedó vigente y hay muchas empresas en todos el país con dificultades reales para pagar los cuadros tarifarios actuales.
Esto está teniendo impacto sobre el empleo y el ingreso familiar de los empresarios más pequeños. Todo lo que se hizo en tema tarifario hasta ahora fue un desastre, y no hizo más que retrotraer el consumo tanto por efecto ingresos como por efecto desconfianza, y presionar de un solo golpe sobre los precios regulados de la economía, que tampoco fue bueno.
Con la estructura de costos actual que tiene la empresa, el aumento tarifario tiene que ser muy prolijo, y rever además el componente impositivo. Hay ciudades donde se pagan más de diez impuestos y tasas dentro de la factura de gas ni luz, que representan en 30-35% del precio, a veces hasta más, y se suma a la maraña de presiones fiscales que tiene la economía hoy.
*Economista. Directora del Centro de Economía Experimental de la Univeridad de Buenos Aires.

