La crisis que estalló como burbuja inmobiliaria y financiera en el transcurso del año 2008, continuó su expansión durante el 2011 y logró instalarse definitivamente como la principal preocupación en el Viejo Continente, tanto en los países directamente afectados como en las naciones más fuertes que pugnan por no caer en un efecto contagio.
Indudablemente ha sido Grecia quien se encontró en boca de todos a lo largo del año, en primer medida por los salvatajes a los que ha debido recurrir por parte del FMI y de la Unión Europea que inicialmente le giraron fondos por 110.000 millones de euros en mayo de 2010 y que debieron auxiliar nuevamente al país heleno en junio de este año por la aun más abultada suma de 158.000 millones de euros.
Por su parte, España también sufrió en un año en el cual las condiciones económicas, que la encuentran en recesión y con 5 millones de personas desocupadas, marcaron el ritmo de un año político electoral, que ya había sido escenario del extenso conflicto de los indignados.
En este entorno, las medidas que se plantean en España y en Italia van en torno a una fuerte reducción del gasto público. De la mano de la inyección de liquidez por parte del BCE, que ha rebajado sus tasas a niveles mínimos.
Entre los países que se encuentran en pugna por evitar un efecto contagio y seguir siendo quienes motorizan la economía europea se encuentran Francia y Alemania, este último con expectativas de seguir creciendo en el año próximo alrededor de un 1%, apoyado en la fortaleza del consumo interno, el cual representa un 53% de su producto bruto.
De esta manera, el desafío de cara a 2012 será descifrar si la eurozona logra cerrar un acuerdo que le permita coordinar medidas fiscales en conjunto.