Teníamos la experiencia pero perdimos su sentido, y acercarse al sentido restaura la experiencia. T.S. Eliot
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¿Estrés? ¡Sí, gracias!
La OMS (Organización Mundial de la Salud) lo define como el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción. Filogenéticamente, en el estrés reside un recurso que nos mantiene alerta ante los cambios del ambiente que pueden suponer un peligro para el individuo, anticipando las necesidades y los recursos necesarios para afrontarlos. El término estrés deriva del inglés stress (énfasis, tensión, presión) y éste a su vez del latín strictus, el mismo que nos dio la palabra estricto (interesante, ¿no?). Una palabra muy cotidiana pero poco comprendida. El estrés no siempre es patológico; más aún, se trata de un proceso amplio de adaptación sin el cual no podríamos vivir. Es esta reacción la que nos prepara para el combate o la huida. Conceptualizar y distinguir sus diversas formas nos puede ayudar a controlar y prevenir sus efectos negativos.
En otras palabras, lo mejor es tratar de administrar el estrés, no de combatirlo, ya que es indispensable para la vida, para realizar, producir, afrontar cada desafío. Y ese aprendizaje de administración vendrá de la mano de la reeducación respiratoria, una de las muchas propuestas que aporta el Método DeRose.
¿Por qué hablamos de reeducación respiratoria? La respiración es un acto involuntario que deseamos transformar en voluntario para aprovechar al máximo la capacidad de los pulmones y así oxigenar mejor todo el organismo. Además, controlando los ritmos respiratorios dominamos nuestras emociones y acciones. Recurramos al autoestudio: preste atención a su respiración luego de un momento de tensión, de miedo, de ansiedad. Observe cómo está antes de rendir un examen o de tomar una decisión importante. Notará que, por lo general, en estas situaciones la respiración es acelerada y superficial, y todo el organismo responde a ese proceso: el corazón late más rápido, hay mayores niveles de adrenalina en la sangre y la musculatura se contrae, por mencionar solo algunas reacciones fisiológicas.
Ahora, recurriendo al acto meramente empírico, vemos que a la inversa también funciona. El famoso dicho popular respire y cuente hasta diez tiene que ver con lo que quiero exponer. Se trata de utilizar ese acto fisiológico y en principio, voluntario, como una acción que contribuya al manejo de las emociones y a la descontracción emocional.
A través de la respiración podemos llegar a concentrarnos mucho mejor y administrar el estrés. ¿Se imagina, antes de un examen, recurrir a algún respiratorio sencillo que lo ayude a enfocarse? ¿O antes de la presentación de un trabajo, utilizar esa herramienta y optimizar el manejo del tiempo, al concentrarse en aquello que está realizando?
Vale la pena intentar.