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Comercio Internacional

EEUU avanza hacia el Pacífico sin China

Los países miembros representan el 40% del PBI global y el 23% del comercio mundial.
Por Sección Economía

Después de cinco años de negociaciones, Estados Unidos y otros 11 países de la cuenca del Pacífico cerraron uno de los más grandes e importantes acuerdos comerciales de los últimos años, el Trans-Pacific Partnership (TPP por sus siglas en inglés). Después de negociaciones que involucraron acordar intereses de diversos sectores y países, el tratado logró cerrarse, y deberá ahora ser revisado en parte por los congresos de los distintos países miembros, entrando en vigencia en el período de los próximos dos años.

El acuerdo fue liderado por Estados Unidos como parte de un proyecto comercial, diplomático y corporativo, e incluye a países tan diversos como Japón, Australia, Malasia, Vietnam, Singapur, Nueva Zelanda, Brunei, Perú, Chile, México y Canadá. Estos países representan actualmente el 40% del Producto Bruto global y casi un cuarto del comercio total medido, según el volumen de exportaciones e importaciones. Llamativamente, China no forma parte del acuerdo.

A partir de la implementación de este tratado, los países miembros reducirán los aranceles al comercio de productos específicos (ya muy bajos entre la mayoría de los miembros), como derivados de la leche, agropecuarios, automotrices, biotecnología, entretenimiento, medicina, servicios, entre otros. Sin embargo, el texto del documento, al que ningún miembro de los poderes legislativos de los respectivos países ha tenido acceso pleno, incluye una serie de clausulas tratando temas que exceden los clásicos tratados de libre comercio celebrados durante los dos últimos siglos, según se dio a conocer a través de documentos filtrados. 

Entre otras cosas, se discuten políticas de protección a las corporaciones internacionales que realizan inversiones extranjeras en esos países, a través de instrumentos legales conocidos como Investor-state dispute settlements (ISDS por sus siglas en inglés); estos instrumentos permiten a las corporaciones inversoras llevar acciones judiciales contra aquellos países que tomen medidas que afecten las ganancias actuales o esperadas de sus actividades dentro del territorio. Un reciente caso de aplicación fue el de Phillip Morris contra Uruguay en 2010: la legislación uruguaya buscaba incorporar imágenes y mensajes sobre los peligros del tabaquismo en los paquetes de cigarrillos; Philip Morris demandó al país una compensación por reducir el valor de sus inversiones y ventas, bajo el amparo del acuerdo bilateral entre Suiza y Uruguay (el cual incorpora ISDS).

El acuerdo ha despertado una disconformidad generalizada en la opinión pública de todos los países miembros, no solo por incluir clausulas como esta, sino por el ambiente de hermético secretismo bajo el que se ha negociado. Otro punto saliente del tratado versa sobre las protecciones a la propiedad intelectual y patentes, aplicables en particular a la industria del entretenimiento y farmacéuticas. Mientras algunos de los países miembros estipulan escaso o nulo período de monopolio sobre nuevas patentes, Estados Unidos busca empujar por un período de tanto como 12 años, no solo dentro de sus fronteras, sino en todos los países miembros del TPP. El resultado de tal política lograría engrosar significativamente las ganancias de los grandes laboratorios norteamericanos, al costo de aumentar severamente el precio de la medicina no sólo para los ciudadanos de Estados Unidos, acostumbrados a pagar la medicina más cara del mundo, sino también para los habitantes de Vietnam, Brunei, y el resto de los países miembros, retrasando el desarrollo de medicamentos genéricos de menor costo para la población.

El tratado generará sin dudas ganadores y perdedores internacionales. No solo las grandes corporaciones estarían entre las primeras, también ciertos sectores específicos y muy competitivos en cada país, como la industria lechera de Nueva Zelanda y las automotrices japonesas. La acelerada entrada de estos productos puede generar perdedores reticentes en las naciones importadoras; las automotrices norteamericanas y mexicanas podrían estar entre estas, así como los productores lecheros canadienses.

Las ganancias en términos de crecimiento del PIB, según distintas estimaciones, podrían ser tan escasas como un 0,5% o menos al 2025. Las ganancias geopolíticas para Estados Unidos, por otro lado, son considerables. Sellar el acuerdo le permite avanzar sobre el área de influencia de China, evitando que sea esta quien determine las reglas comerciales que priman sobre la región. En caso de sumarse al acuerdo, la República Popular deberá acordar con las pautas del tratado, lo que podría implicar un avance de los intereses corporativos norteamericanos sobre las estrictas regulaciones chinas. Los detalles del acuerdo saldrán a luz durante los próximos dos años, a medida que los parlamentos de sus miembros tengan accesso al texto y este pueda evaluarse bajo luz pública. Por el momento, el Trans-Pacific Partnership se perfila como un movimiento geopolítico que busca crear areas de influencia, más que un cambio significativo en la estructura comercial de los países miembros. Fuente: Invecq Consulting

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