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Emergentes en problemas

¿Tendrá la crisis económica de Brasil un desenlace político?

Por Sección Economía

La economía real no muestra señales de recuperación. Los datos de la industria señalan que el sector continúa en caída, con descensos en los niveles de producción en el orden del 1,2% mensual y del 8,9% interanual.

Las proyecciones de crecimiento, tanto de los bancos privados como del FMI, fueron revisadas a la baja: se estima que la economía sufrirá una contracción de 3 puntos este año, y que la recesión habrá de perdurar en 2016, con una variación del PIB que podría ubicarse en un rango de -1% a -1,5% el próximo año. "La crisis política y económica se retroalimentan e impiden que la economía repunte", advierte Eliana Miranda, en el último informe de IERAL.

El escenario es muy complicado. Las políticas contractivas que lleva adelante el gobierno, de recorte del gasto y aumento de impuestos (con el objetivo de reequilibrar las cuentas públicas, que se ubican en terreno negativo desde fines de 2014), sumado a la política contractiva del Banco Central, que subió la Selic hasta 14,25% para frenar las presiones inflacionarias, se conjugan con el muy bajo nivel de apoyo que tiene en la actualidad el gobierno de Dilma (sólo el 8% evalúa su gobierno como bueno o muy bueno, según la encuesta de Datafolha) erosionando la confianza del consumidor y las inversiones.

El aumento de la tasa de desempleo, hasta el 7,6% (dato de agosto), con perspectivas de una continuidad en la destrucción de puestos de trabajo, y la pérdida de un 3,5% interanual en términos reales del rendimiento medio del trabajador, deterioran los fundamentos del consumo. Así, para la economista, con consumo e inversión en caída, y la necesidad de recortar el gasto público, luce poco probable que la demanda doméstica pueda traccionar la recuperación.

Por su parte, la demanda externa ha mejorado, producto de la depreciación del real. No obstante, luce difícil que pueda torcer las expectativas y arrastrar al resto de la economía. En el plano fiscal, el gobierno anunció un nuevo plan de austeridad, demostrando un esfuerzo para mejorar la situación de las cuentas públicas.

Las medidas apuntan a postergar ajustes salariales y contrataciones del Sector Público, reducir de 39 a 31 el número de Ministerios, recortar gastos en infraestructura y en programas sociales (vivienda y salud), y la creación del impuesto a operaciones financieras. Las medidas dependen de la aprobación del Congreso. De todas formas, se prevé que el déficit primario cerrará 2015 en torno al -0,3% del PIB, y se duplicaría en 2016.

Y a esto hay que sumarle el pago de servicios de deuda, que hoy se ubica en el orden de los 8,45 puntos del Producto, por lo que el déficit fiscal alcanza los 9,2 puntos del PIB.

El gasto público asciende a 40 puntos del Producto, pero los ciudadanos no perciben recibir servicios de calidad. Menos del 15% de los gastos del gobierno federal son discrecionales. La rigidez del gasto público obliga a que el quiebre en la tendencia solo pueda darse a través de reformas estructurales, con revisión de las reglas que determinan esos gastos, y para eso hará falta acuerdo en el Congreso.

Según explica Miranda, uno de los principales ejes de discusión lo constituye el régimen previsional, con un déficit estimado en R$120 mil millones para el próximo año, un fenómeno relacionado con el hecho que no hay umbral de edad mínima para jubilarse, por lo que una buena parte de los trabajadores se jubila entre los 52 y 55 años (mujeres y hombres, respectivamente).

Recortar el gasto público en medio de la recesión tiene un elevado costo político, con resultados positivos que se verán recién en el largo plazo. La incertidumbre doméstica fue la responsable del aumento en el riesgo país y de la depreciación del real. El tipo de cambio comenzó 2015 en R$/US$2,7 y a fines de septiembre alcanzó los R$/US$4,1.

En los últimos días, el mercado parece haber dado una tregua. El interrogante es si obedece a la reforma ministerial y el mayor peso que pasará a tener el PMDB, partido aliado al PT; en la búsqueda de Dilma de alcanzar mayores consensos en el Congreso o si, por el contrario, tiene que ver con el aumento de las chances del juicio político a Dilma, plantea el documento.

Así, el tipo de cambio bajó hacia los R$/US$3,9, mientras que el Bovespa recuperó todo el terreno que había perdido en la segunda quincena de septiembre. El mercado espera una mayor inflación y alzas adicionales de la tasa de interés. La inflación anotó en septiembre, y por tercer mes consecutivo, un 9,5% interanual, y el acumulado de 12 meses muestra que las presiones al alza continúan. Por su parte, el Banco Central continúa dando señales de que mantendrá la tasa de interés en los niveles actuales, de 14,25%, por bastante tiempo. Fuente: Portfolio Personal

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