26 de agosto de 2026
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Economías regionales

Por esta razón el campo está fundido

La diferencia entre el precio de góndola y lo que recibe el productor es de 8 veces en agosto.

Por Sección Economía

Las Economías Regionales están fundidas sencillamente por la abrumadora diferencia entre el magro precio que reciben por su producción y la abrumadora diferencia que se termina plasmando en la góndola de los supermercados, según denuncia un informe de la CAME.

La diferencia entre lo que se paga en góndola por los productos agropecuarios y lo que recibe el productor alcanzó un promedio de 8,01 veces en agosto, según el Indice IPOD que elabora CAME. En alimentos como la uva, la diferencia fue de 48,9 veces, y en naranjas 14,7 veces. En la pera la diferencia es de 12,95 y en el aceite de oliva del 3,71.

Mientras los precios que paga el consumidor por las frutas y verduras continúan subiendo, lo que recibe el productor por esos productos se mantiene estable o cae, ahogando a las economías regionales.

Según el Indice de Precios en Origen y Destino (IPOD) que elabora el Departamento de Economías Regionales de CAME para una canasta de 20 alimentos agropecuarios, en agosto la diferencia entre el precio que pagó el consumidor en góndola superó en 8,01 veces a lo que recibió el productor en el campo. Pero con algunas situaciones casi inexplicables: por la uva de mesa, aunque es la época de menor consumo del año, el consumidor pagó en agosto 48,9 veces más de lo que recibió el productor.

La amplia brecha entre el precio de origen y el precio de destino es un reflejo de las distorsiones en los valores de los productos que se producen hacia el interior de la cadena alimentaria, donde el productor es el principal perjudicado. Si bien hay productos que tienen estacionalidades, las diferencias llegan a ser injustificables.

En agosto, por ejemplo, el segundo producto más afectado por las distorsiones en el precio fue la naranja, con una brecha de 14,7 veces, seguido por la manzana roja (13,4 veces), pera (12,9 veces), arroz (11,64 veces) y limón (9,8 veces).

La brecha entre lo que paga el consumidor y lo que cobra el productor es amplia en la mayoría de los productos agropecuarios, mostrando claramente cómo los productores solo reciben una ínfima parte del precio final al cual se venden los productos que elaboran. En el medio, se combinan diferentes problemáticas, advierte la CAME. Algunas de ellas son:

-Una cadena de intermediarios que en algunos casos aplican porcentajes de beneficios excesivos, quedándose con buena parte de la renta.

-Fallas estructurales del mismo sistema de producción como los elevados costos de logística y fletes que enfrentan los productores extra-pampeanos. En Mendoza el 14% de todo lo facturado por exportaciones se va en costos logísticos de transporte.

-Los costos impositivos, tasas y servicios excesivos que se pagan a nivel nacional, provincial y municipal. Todo esto se termina trasladando a precio.

-La concentración de las ventas en el mercado central de Buenos Aires, y la falta de mercados regionales, entre otros.

El productor agropecuario y el consumidor minorista son los dos eslabones perjudicados por el formato de la cadena comercial y un reflejo de ese perjuicio es la crisis profunda que atraviesan muchas economías regionales donde los productos analizados son un componente fundamental para las economías locales.

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