miércoles 5 oct 2022
Insólito

A rezarle a "San Moreno": ahora trabó la entrada de Biblias a la Argentina

En su cruzada contra los libros importados, el funcionario bloqueó material religioso. La principal afectada es una entidad sin fines de lucro. La exigencia: "equilibrar la balanza".

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Por Sección Economía 23 de noviembre de 2011 - 15:59

La decisión del gobierno de poner cercos y obstáculos para hacer cuesta arriba la importación de determinados productos sigue aportando casos que, por momentos, no sólo se muestran polémicos: también se vuelven risibles.

Sucede que, no contenta con bloquear el ingreso de teléfonos inteligentes iPhone, computadoras portátiles de las principales marcas e, incluso, material educativo producido en el exterior, ahora la Secretaría de Comercio Interior, que lidera Guillermo Moreno, llevó la apuesta restrictiva a un límite insólito.

En esa dirección, la Aduana mantiene frenados en sus galpones una serie de embarques que albergan, entre otros artículos de similar tenor, una copiosa cantidad de ejemplares del libro religioso por excelencia en la Argentina.

Alrededor de 100.000 Biblias y otros libros interpretativos como diccionarios o concordancias bíblicas -similares a índices onomásticos-, se encuentran demorados por la Secretaría de Comercio Interior desde el pasado 15 de septiembre.

Desde la Sociedad Bíblica Argentina (SBA), indicaron que "el freno causó sorpresa en tanto no se trata de publicaciones con las que se busca un rédito económico".

"La Sociedad Bíblica Argentina es una entidad sin fines de lucro. En todo caso, importamos el material por cuestiones de costos y para que después podamos hacer llegar a la gente la Biblia, de forma gratuita o a un precio muy bajo. Igualmente, hay catálogos que no se hacen en el país por cuestiones tecnológicas y sí o sí debemos importarlos", aseguró a iProfesional un alto representante de la entidad.

El material religioso se ve alcanzado por la misma medida que, aunque ahora en aparente declive, bloqueó el ingreso a la Argentina de hasta dos millones de libros provenientes de países como España, Colombia, Brasil, China, Estados Unidos e, incluso, Gran Bretaña.

"Si se dijera que esto es una empresa que obtiene ganancias por su actividad comercial, quizá sería comprensible. Ahora vamos a ver qué podemos exportar desde la sociedad para compensar todo lo que importamos", agregó el mismo vocero.

En septiembre pasado el Gobierno reconoció que levantó un cerco para limitar el ingreso de la bibliografía producida en el exterior en un intento por desalentar la importación y, en paralelo, apuntalar la impresión a nivel local.

Tras el estallido de la polémica, finalmente se cerraron una serie de acuerdos, tanto con la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP) como con la Cámara Argentina del Libro (CAL), mediante los cuales ambas entidades se comprometieron a "equilibrar sus respectivas balanzas comerciales".

Con plazo estipulado para fines de 2012, las empresas del segmento editorial deberán, como ya sucede en el ámbito automotriz -con todas las diferencias evidentes-, exportar algún tipo de producto local para poder ingresar material importado.

Casi una experiencia religiosa

Desde la Sociedad Bíblica Argentina (SBA) su director general, Rubén Del Ré, confirmó las complicaciones al momento de ingresar Biblias importadas al país.

"La intención de las autoridades, como nos dijeron, es favorecer la impresión de libros en la Argentina y las exportaciones. Por eso todavía tenemos Biblias detenidas en la Aduana. Son alrededor de 100.000 ejemplares y también está frenado el ingreso de los libros que se usan para interpretar algunos textos especiales", comentó el ejecutivo.

El tenor de la cifra habría aumentado de forma acelerada hasta el presente. Hace dos semanas, el portal Pulso Cristiano -que expuso el problema desde su aparición- alertó sobre el cerco que bloqueaba la entrada de unos 40.000 libros sagrados. Desde ese lapso hasta ahora, "algunas cosas se complicaron un poquito más y por eso el número se elevó", señaló Del Ré.

"Nuestros libros llegan de centros de producción en Brasil, Colombia, China o Corea. Las Biblias las importamos por una cuestión de escala. Podemos conseguirlas a un mejor costo en el exterior. Después hay otro tipo de material que lo traemos de afuera porque en el país no existe la tecnología para producirlo", puntualizó.

Del Ré sostuvo que "hay ciertos catálogos que no se pueden hacer en la Argentina por limitaciones técnicas". "En cuanto a las Biblias, comprarlas hechas en el país nos sale, hoy por hoy, prácticamente el doble lo que cuesta el mismo libro en el exterior", aseguró el entrevistado.

Ante el insólito pedido de que una entidad sin fines de lucro "equilibre su balanza", desde la Sociedad Bíblica Argentina ya evalúan dos opciones para operar bajo las exigencias del Gobierno y poder así mantener un cierto cupo de importación.

"En principio, vamos a evaluar qué es lo que podemos exportar desde la sociedad. Potencialmente, podrían ser libros para chicos, con contenidos como ciertos versículos de la Biblia. Si avanzamos con eso, podríamos acercar ese material a otras entidades bíblicas del mundo", expresó Del Ré.

"Por otro lado, también se evalúa la posibilidad de imprimir algunos catálogos. Esto es, diversos materiales de educación bíblica que luego pueden ofrecer varias editoriales. Siempre, claro, partiendo de la tecnología disponible en la Argentina", concluyó.

Un sector dominado por lo importado

Pese a la renovada decisión del Gobierno de promover la impresión en el escenario local, lo cierto es que el mercado del libro en el país se encuentra claramente dominado por la importación.

Altos costos, capacidad de escala acotada y limitaciones tecnológicas son algunas de las variables que, según reconocen los empresarios del sector, impiden a la industria local lograr un nivel de competitividad similar a la de países como España.

Según trascendió, en 2010 se comercializaron en el país alrededor 75,5 millones de libros. La industria gráfica imprimió en talleres nacionales sólo 16,7 millones, de manera que fueron importados 59,8 millones. Es decir, casi el 80 por ciento del total.

Precisamente, la existencia de esta brecha es el argumento enarbolado por el Ejecutivo para avanzar sobre los libros que ingresan a la Argentina.

La medida, que aún complica algunos embarques, promete asegurarle nuevos mercados a las empresas Pyme que hoy integran entidades como la Cámara Argentina del Libro.

Fuente: iProfesional

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