El obligado recorte de subsidios adoptado por el Gobierno apenas se confirmó el triunfo de Cristina Fernández en las urnas puede terminar de disparar la inflación y herir de gravedad a los ya de por sí fatigados bolsillos de las clases medias y bajas, y de los jubilados, entre otros sectores con ingresos fijos.
- Sitio Andino >
- Economía >
Subsidios: Pronóstico de un verano caliente
Un país que destina más de 70.000 millones de pesos anuales en subsidiar a distintos sectores de la economía, y que a su vez cobra impuestos distorsivos multimillonarios como el impuesto al cheque (más de 30.000 millones anuales), mientras mantiene una presión tributaria exorbitante, tiene menos posibilidades de alcanzar un desarrollo sustentable.
El gobierno parece haber caído en la trampa de creer que todo se puede arreglar con alguna bravuconada telefónica de Guillermo Moreno, un funcionario todoterreno cuyos modos tienen cada vez menos que ver con lo que se puede esperar de una República. Lo más grave es que para la presidenta Cristina Fernández, Moreno parece haberse convertido en un hombre indispensable.
En las últimas semanas, Moreno buscó apretar a industriales para que no giren divisas al exterior; a cambistas para que bajen el dólar paralelo; y hasta a un funcionario de alto rango que tiene una trayectoria pública que supera los 40 años. Tuvo suerte dispar, pero entendió rápido que su poder de fuego ya no es el mismo.
Tal vez por eso el secretario ya no se mete con personajes de peso en el mundo económico, como los Blaquier del ingenio Ledesma, que fijan el precio del azúcar; o las grandes alimenticias y compañías de consumo masivo; o hasta las prepagas. Entre tantos datos positivos que le acercan sus funcionarios, la Presidenta parece no advertir un fenómeno que vuelve cada vez más insostenible su modelo: la inflación.
Los precios promedios de la economía se duplicaron durante su gestión de cuatro años, a pesar de que el INDEC dice que subieron "sólo" 40 por ciento. La negación, en política, siempre es mala consejera, como se demostró desde el último gobierno de Hipólito Yrigoyen, hasta el de Fernando de la Rúa, para mencionar experiencias democráticas y no caer en los nefastos años dictatoriales que sufrió el país.
Cuanto más tarde la Presidenta en decidir las medidas económicas que requiere el actual estado de situación, más amplia deberá ser la sintonía fina, que a este paso puede terminar siendo "gruesa". Con una inflación persistente y un tipo de cambio retrasado, las medidas coercitivas para evitar la fuga de capitales y el hecho de poner a la AFIP casi como rectora de la política cambiaria, realimentan ambos problemas.
Por si faltara presión sobre los precios, la eliminación de subsidios disparará los montos de las tarifas y terminará de lastimar los ingresos de la gente.
La pregunta que debe estar haciéndole la Presidenta a su "think thnak" de asesores económicos es por qué desde el primero de octubre último el BCRA perdió 2.000 millones de dólares de reservas y desde que se implementó el "corralito cambiario" se fueron del sistema más de 1.500 millones de dólares en depósitos.