El escritor chileno Pablo Simonetti configura una historia que explora, a su manera, dos temas tradicionales de la literatura: el crecimiento y el amor.
El personaje de la novela, publicada por Alfaguara, es Felipe Selden, un joven atractivo y carismático que mira al mundo con el orgullo que le da su actitud resulta y su alta posición social, pero que, sin embargo, sufre la presión de sobrellevar su homosexualidad frente a las exigencias del mundo que lo rodea.
Pero el narrador de la historia no es Selden, sino Tomás Vergara, un reconocido escritor que sabe por lo que está pasando el joven y, tratando de entender sus motivaciones, deseos y temores, busca descifrar sus necesidades. Además, Vergara vive de cerca la turbulencia amorosa de su amigo Camilo, enamorado de Selden.
Pablo Simonetti (Santiago de Chile, 1961) se graduó como ingeniero civil en la Universidad Católica y obtuvo un master en ingeniería económica de la Universidad de Stanford. A partir de 1996 se dedicó a la literatura, obteniendo, al año siguiente, el primer lugar en el Concurso de Cuentos Paula con el relato Santa Lucía.
En 2004 publicó su primera novela, Madre que estás en los cielos, traducida a cinco idiomas y una de las más vendidas en Chile en los últimos diez años. También publicó, en 2007, La razón de los amantes y, en 2009, La barrera del pudor. Fue director, además, de la Fundación Iguales, que busca la plena igualdad de derechos de la diversidad sexual.
- Télam: Se ha dicho que esta es tu novela más autobiográfica, ¿es así? - Simonetti: Todas mis novelas tienen una corriente autobiográfica. Necesito que una historia me sea cercana para poder escribirla.
Mientras más conozco el lugar, la situación sociocultural y el conflicto, puedo hacer un mejor trabajo literario. Trato de tener mucho cuidado de no escribir una crónica, sino de dar lugar a lo que la historia me pide; muchas veces altero los puntos de vista y eso me libera del yugo de la realidad. Entonces, al variar la óptica, se genera una sensación de libertad narrativa muy grande.
- T: ¿Cómo configuraste a ese narrador que no es ni primera ni tercera persona? - S: Me puse en una posición dos veces distante de la narración porque no soy el protagonista ni el enamorado del protagonista, soy un escritor que está ahí, viendo lo que ocurre, en una cierta distancia que finalmente se convierte en cercanía. Trabajo con conflictos que atravesaron mis familiares. Se podría decir que la membrana celular es parte de mi historia, pero todo el plasma celular es ficción, las cosas no ocurrieron como están contadas. Muchos de los personajes existen, pero están atravesados por fuerzas literarias.
Trabajo con una tercera persona subjetiva que permite tomar cierta distancia y adquiere esa neutralidad que no alcanza a ser omnisciente. Yo quería un narrador que fuera subjetivo y al mismo tiempo tener una mirada más amplia que el protagonista.
- T: El personaje de Selden, de alguna manera, ¿representa algunas tensiones que viven los homosexuales hoy en día? - S: Si, una de ellas es la tensión que existe entre una elección espiritual y la inclinación sexual. Es algo que todavía está sin resolver en el mundo, porque las comunidades religiosas, en su mayoría, han sido incapaces de dar una respuesta a una situación humana.
Por otro lado, pensar que la homosexualidad tiene que ver con una orientación política es una cosa muy rara. Hay que buscar la igualdad de oportunidades y la derecha y las comunidades religiosas deben entender que el tema está sobre la mesa.
La apertura ha venido por el lado de los no creyentes y de la izquierda, pero creo que tiene que venir de todos lados. En la novela intento mostrar que Selden representa a personas homosexuales que recién hoy están lidiando con esas dificultades. Antes lo negaban, se lo callaban o no salían del armario por miedo. Creo que la discriminación cultural es un tema transversal y que trasciende el sexo, la piel o la religión, tiene que ver con la idea de uniformidad.
La novela aborda el desarrollo de la identidad de Selden, donde uno de los componentes es su homosexualidad, pero la gran pregunta es si va a poder ser la persona que quiere ser. Porque él mismo es una persona llena de juicios y eso hace que no vea el caudal de amor de Camilo, la pregunta sería: ¿se podrá liberar el del propio ejercicio de discriminación en el que fue educado?