Como si el Presupuesto Nacional no tuviera aspectos más importantes para debatir, como las fuentes de ingresos tributarios o la distribución del gasto, el tema dominante entre las fuerzas de la oposición y el oficialismo se refiere a los numeritos de variables macroeconómicas y la consiguiente estimación de recursos. Tanta pasión involucrada en esos datos derivó en la no aprobación de la denominada ley de leyes para este año, decisión política de la oposición que profundizó el aspecto que más critica al Gobierno: la posibilidad de administrar fondos excedentes a los definidos inicialmente en el Presupuesto. El fracaso de esa estrategia tuvo el mismo resultado obtenido por el congresista republicano Newt Gingrich, que bloqueó en 1994 el funcionamiento del gobierno de Bill Clinton. A partir de esa medida obstruccionista, los demócratas ganaron consenso hasta lograr la reelección en 1996 del esposo de Hillary. Luego de transitar ese duro aprendizaje, la oposición facilitaría ahora el tratamiento del Presupuesto 2012, pero sin todavía aprender cómo encarar una discusión más productiva a su objetivo de acumulación de legitimidad política. Siguen con el argumento de la subestimación de los indicadores que permitiría al Gobierno el manejo de eventuales fondos adicionales. En la práctica, el Presupuesto es un plan de gobierno con lo que el debate sería más enriquecedor si se lo cuestiona y se plantean visiones alternativas en lugar de enredarse en cifras presuntuosas.


